Solo amigos CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

BIR

En la casa de los Arwan suena un hilo musical para que todos movamos el culo a la hora que a mi madre le venga en gana. Parece música clásica, todo muy elegante y encantador, pero como no te levantes de la cama, empieza a subir de intensidad hasta dejarte sordo.

Cuando se mudó a esta mansión creí que lo había visto todo, pero al parecer Maggie Arwan tenía más sorpresas bajo la manga.

Pasó una mala época con su tercer marido, el padre de Lucy y Maya, y desde que remontó no ha querido saber nada de las vulgaridades de la plebe, por eso lo hace todo a lo grande.

Vivir alejado de ella la mayor parte de mi vida ha sido bueno.

Mi madre no es la mujer más cariñosa del planeta, si se puede definir como tal.

Aunque mi padre tampoco se lleva el título de mejor progenitor del mundo.

Eso sí, su dinero ha pagado a las mejores nanis de Nojin.

Si a día de hoy puedo ser un adulto funcional, es gracias a ellas, sin duda.

El hilo musical apoteósico de hoy se debe a que, como bien indica la invitación que reposa en la mesita de noche, tenemos desayuno en familia. Eso significa que tanto mis hermanas como yo vamos a ser obligados a escuchar alguna sandez de la persona que nos trajo al mundo.

Solo Lucy y Maya comparten ambos progenitores, y yo me apiado de ellas en cada oportunidad que tengo. Son muy normales para los genes que portan. Lo digo muy en serio.

Salto de la cama y voy directo a la ducha. Antes de que se ponga el agua templada, hago un esfuerzo titánico por mantenerme bajo el chorro de agua congelada.

Esta semana he conseguido dos nuevos moratones en la cadera, y en uno de ellos se han marcado perfectamente los dientes de la chica. Si lo viera mi madre o alguno de los socios de mi padre, se pondrían a decir gilipolleces sobre cómo no sé mantener limpia mi imagen.

La realidad es que no puedo contener la sonrisa al traer a la mente los recuerdos de la noche con la susodicha. No solo me clavó los dientes, también las uñas, pero esas no han dejado rastro, muy a mi pesar.

Debería haber acabado la carrera universitaria hace años, pero lo mío no es la organización; además, en mi año sabático, mi padre me obligó a trabajar en su empresa. Lo que iban a ser unos días se convirtió en dos años, y eso ha retrasado mi plan de futuro.

¿Mi plan de futuro?

Empiezo a reírme sin control justo cuando el agua empieza a ponerse caliente y alguien aporrea la puerta de mi alcoba.

—¡Es para hoy, Bir! —Esa es mi hermana Maya. Ser la pequeña de la familia la ha dotado de un poder de tocar los huevos que no tiene nadie más.

—Me la estoy cascando, Maya, déjame tranquilo.

—Mamá lo ha escuchado.

No es una chivata, solo lo dice para que me ponga a la defensiva y saque el carácter de mierda que todos los Arwan hemos heredado.

—Hoy no lo conseguirás, enana.

Lucho cada día por ser el favorito de todo el mundo. De mi padre, de mi madre, de las féminas, de mis profesores, de mis compañeros de periodismo. De todos en general. Y el porqué es muy sencillo: cuando tienes padrinos, las puertas se abren con una facilidad pasmosa.

No tengo que pensar en qué ropa debo conjuntar; por algún misterio del universo mi madre le ha pedido al servicio que lo haga por mí. La camisa en tonos azules y el pantalón de ejecutivo me vienen bien para la imagen de perfección que quiero aportar a mi madre.

Debo comentarle que, pese a sus intentos de que me líe con la hija del alcalde, voy a desestimar la petición, dado que a la muchacha no le puedo ofrecer lo que le gusta. Y me cae muy bien, he coincidido con ella en alguna fiesta clandestina y podríamos ser buenos amigos, pero nada más.

Ni un matrimonio lavanda ni ninguna de esas mierdas.

—Señorito Arwan, su desayuno está listo.

El servicio está acostumbrado a verme el rabo y yo me he acostumbrado a que el servicio me vea el rabo. Debería ser de visión pública, es precioso y perfecto.

—En dos minutos estoy abajo, gracias, Aurora.

Podría ser mi abuela, pero como fue mi abuelo quien la contrató, ella no quiere dejar de trabajar para nosotros hasta que él falte o ella no pueda más.

En efecto, cuando llego al salón todos están ordenados según la distribución de la mesa que mi madre gusta tener.

Ella y el abuelo son quienes presiden la mesa; después está mi sitio, al lado del de Elara.

Como somos los mayores, estamos a la derecha del abuelo.

A su izquierda se encuentran Lucy y Maya, esta última es la única que me sonríe cuando entro con un encanto que me viene de serie.

Nadie lo reconoce, pero todo el mundo me adora.

—Bired, llegas dos minutos con sesenta segundos tarde. Toma asiento, estamos esperando por ti.—Bueno, quizá mi madre no lo muestra ni lo reconoce.