Solo amigos CAPÍTULO 1
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Solo amigos

Solo amigos

Por Nerea Pantiga

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CAPÍTULO 1

CARLEY

Amiga, si alguna vez te han roto el corazón, sabrás lo que se siente. Y no, no me ha dejado mi novio; ojalá hubiese sido así de fácil. He roto la amistad más larga de mi vida. Quien creía que me iba a acompañar hasta que fuéramos viejecitas y solo nosotras entendiéramos las bromas de la otra.

Rina no solo se ha ido del país, también se han ido nuestras conversaciones eternas, los momentos compartidos y la capacidad de entenderme cuando ni yo lo hacía.

Los problemas empezaron hace unos años. Ella se decantó por acudir a la universidad y yo no sabía qué hacer con mi vida.

Empecé a trabajar de todo, principalmente de camarera.

Lo que para mí fue algo normal, necesitaba dinero para independizarme, ella lo vio como que estaba rompiendo con mis valores.

Mira, yo tampoco lo entiendo. La única conclusión a la que llegué en aquellos tiempos fue que, como había conocido mundo y a gente diferente, quizá más afín a sus objetivos, comenzó a ver defectos en mí insalvables.

Intentamos mantener la amistad desde entonces, pero hace unos meses me soltó la bomba: se iba a ir a vivir muy lejos y prefería que lo nuestro fuese cosa del pasado. Como si una llamada de teléfono fuese a matarla o algo por el estilo.

Mi hermano, Stefan, el único adulto funcional y responsable de mi familia, me mira de arriba abajo mientras lloro en la terraza del apartamento que se acaba de comprar.

—Te juro que siento el pecho arder.

—Te han roto el corazón, Carley, es normal.

—¿Y por qué sabes que es normal si nunca te has enamorado ni te ha dejado tu mejor amigo?

—Porque si Bir se fuera de mi vida, estaría igual.

Mi hermano es moreno, de ojos color miel y una intensidad a la hora de moverse que va acompañada de su parsimonia. Podría decir eso de que somos iguales, porque físicamente lo somos, pero la parsimonia no va de la mano con mi personalidad.

Estoy perdida. Esa es la mejor definición de mi vida.

Mi familia me lo recuerda a cada oportunidad que tiene.

Con veinticinco años no tengo ni idea de lo que quiero ser.

Probé con la escritura y no vendí ni seis ejemplares.

Me dediqué al mundo del canto y no fui capaz de conseguir un mánager, y ahora lo estoy intentando con la interpretación, pero creo que tampoco va a salir bien.

Soy demasiado dramática. Es algo así como que no tengo un registro definido y… Es un problema.

Más bien, yo soy el problema.

—¿Crees que no hice todo lo que estaba en mi mano para solucionar nuestros conflictos? Las relaciones humanas se me dan de pena, hermano.

Puedo ser sociable y a la vez no comprender nada de lo que sucede a mi alrededor.

—No entres en ese bucle, Car. Ha pasado porque tenía que pasar.

—Vaya discurso de mierda. —Me levanto eufórica, más bien porque no sé cómo controlar la ansiedad que tengo desde que ayer vi partir a Rina en su coche destartalado—. ¿No te das cuenta de que mi vida cambia constantemente? Es como que no se asienta nunca, y el problema tengo que ser yo.

—¿Pero estamos hablando de tus problemas o del vacío que acaba de dejar la que fue tu mejor amiga?

—¡Ves! Aunque seas la persona más cuerda que conozco —porque conozco a pocas, no voy a mentir—, sigues sin poder ayudarme.

—Es que, igual, no necesitas ayuda, sino enfocar tu atención en algo.

—Si ese algo no me hace ganar dinero, no voy a poder. Estoy sin blanca.

—¿¡Otra vez, Carley!?

—He tenido que pagar la reparación de la lavadora. ¡Esta vez no ha sido culpa mía!

Verás, en este sentido, mi hermano tiene razón.

Soy muy dada a gastar dinero que no me sobra.

¿Te suena el problemita? Si la respuesta es que no, entonces no nos vamos a entender.

Para mí es el pan de cada día. Lucho contra mi naturaleza de gastar, pero me gusta tanto que…

Me pierdo. Y sí, es mi hermano quien suele tener que escucharme cuando me agobio por el tema.

A mi favor diré que nunca le he pedido dinero ni cobijo a nadie de mi familia; antes de verme en la ruina, doblo turnos. Y siempre sobrevivo. Ese es el problema, que le veo las orejas al lobo, pero nunca llega a llamar a mi puerta, así que no aprendo.

—¿Y de quién es la culpa, entonces?

—Mica ha decidido que la diversión está en comer tuberías, ¿qué quieres que haga?

—Cortarle las alas a tu gata, Carley. Hace lo que le da la gana constantemente; un animal también necesita educación.

—Está en una fase de la vida en la que necesita experimentar, Stefan. No la entiendes. A nosotros mamá y papá no nos cortaron las alas.

Se lleva la mano a la frente, desesperado por no encontrar las palabras.

Esta es otra de las reacciones que suele tener la gente a mi alrededor.

Puede parecer que me hace gracia, porque siempre me río, pero es porque no tengo ni idea de cómo solucionarlo.

Y el modo que encuentro de canalizar mi incomodidad es justamente este: reírme y quitarle importancia.

—Mira, el tema del trabajo ya lo solucionarás por tu cuenta; después de lo del verano pasado no quiero ayudarte más.

—Eres más exagerado…

Me buscó trabajo de recepcionista en un hotel de lujo.

Creo que es propiedad de Bir, su mejor amigo, pero nunca llegué a preguntar.

Resulta que acudían personalidades narcisistas cada día; era habitual encontrarse con clientes malhumorados que pagaban conmigo sus frustraciones.

La cosa acabó cuando me enfrenté a uno de ellos.

Stefan lo vio como que le había faltado al respeto por no saber ocupar mi lugar, y supongo que le sentó mal que perdiera su imagen pulcra por mi culpa.

He de decir que mi hermano es responsable, pero no tanto como quiere aparentar.

—A lo que iba, es mejor que lo del trabajo lo busques por tu cuenta; ahora bien, para lo otro tengo una solución.

Se me abren los ojos y empiezo a babear como cuando huelo las aceitunas. Mi cuerpo actúa de forma automática porque sabe que se vendrá un premio goloso.

—Puedes ir con Bir a la fiesta inaugural de este verano. Lo ha dejado con la quinta novia del año y también dice que tiene el corazón roto.

¿Empezar el verano saliendo de fiesta con el mejor amigo de mi hermano, que además de estar tremendamente bueno es tremendamente rico y me cae de puta madre?

No es habitual que Stefan haga esto, me tiene que ver muy jodida, aun así acepto de una.

—Lo tengo ya en marcación rápida.

—¡No lo lleves por el mal camino! —me grita mi hermano cuando salgo de la terraza.

Son como el yin y el yang, nunca entendí cómo se pudieron hacer amigos. Bir es más parecido a mí de lo que jamás admitirá; además, no me tiene como la hermana pequeña y tonta de su best friend, eso es un puntazo para lo que tengo entre manos.

¿Alguien ha dicho alcohol gratis?