Capítulo 17 La transmutación del bronce #3
—Sí, Intendente Daxen. Lo revisaré de inmediato y no volveré a causarle problemas —respondí con el mismo tono sumiso, aferrando la funda de cuero con ambas manos.
—Eso espero. Lárgate de mi vista.
Salí del despacho con la cabeza gacha, pasando entre los secretarios y los guardias que me miraban con una mezcla de burla y lástima.
Mientras abandonaba el edificio de cristal y mármol de la Intendencia, mi corazón latía con fuerza, pero mi paso era tranquilo.
Bajo el brazo llevaba las entrañas mismas del Tañido.
El trayecto de regreso desde la Intendencia hasta la Gran Biblioteca me pareció eterno. Cuando finalmente entré al Archivo de las Sombras, el olor a pergamino viejo me envolvió, ofreciéndome un respiro seguro.
Caminé hacia nuestra mesa habitual. Istryel estaba profundamente dormida, con la cabeza apoyada sobre el antebrazo y su cabello color plata esparcido sobre las páginas del Libro de los creadores.
No quería despertarla, pero el tiempo era un lujo. Me acerqué con cautela y le toqué el hombro con suavidad.
—Istryel —susurré.
Ella abrió sus ojos de par en par.
—Tranquila —le dije en voz baja, apartando una de las sillas y sentándome a su lado—. Tómate un minuto. Respira un momento. El cansancio te ganó la partida.
Ella parpadeó varias veces, frotándose el rostro para espantar el sueño mientras asimilaba dónde estaba. Se enderezó en la silla y su vista se clavó en la funda de cuero que yo acababa de dejar sobre la mesa.
—¿Son los planos? —preguntó, y su voz aún sonaba ronca por el sueño.
—Las entrañas de su maquinaria —confirmé, abriendo la funda de cuero y extrayendo los planos que Daxen había arriesgado tanto para conseguirnos.
Desplegué los pliegos de papel sobre la mesa. Istryel se inclinó hacia adelante, y en cuestión de segundos, reemplazó a la mujer exhausta. Sus ojos comenzaron a volar sobre las líneas, cruzando la infraestructura de la red central.
Me quedé en silencio, observando cómo seguía con el dedo el trazado de las Torres Expansoras. De repente, se detuvo en un nodo colosal ubicado en el subsuelo de la Zona Media.
—Elial... mira esto. Tenías razón al decir que había un corazón mecánico.
Señaló un grueso conducto principal que se ramificaba hacia todos los distritos.
—Utilizan un sistema de vapor que aporta la fuerza bruta para empujar los martillos. La Oscilancia viaja por líneas sólidas acopladas a esos mecanismos. Al chocar contra las campanas, el martillo inyecta la frecuencia directamente en el Bronce Negro.
—Es el mecanismo de transmisión perfecto para nuestro plan —dije, visualizando el alcance del mecanismo—. El impacto físico inyectará nuestra onda. Llegaremos a todas las campanas desde un solo punto y ya tenemos todo lo necesario.
—Exacto —confirmó Istryel, y una chispa de triunfo iluminó su rostro—.
Esa es nuestra puerta de entrada. Inyectaremos una frecuencia alterada directamente en esta válvula maestra.
La misma línea de la Oscilancia actuará como conductor.
El impulso viajará hasta las torres, mutará el Bronce Negro y el Tañido morirá para siempre.
La solución era tan poética como letal: usar la sangre de su propia máquina para envenenar su arma. Pero Istryel volvió a fruncir el ceño, sacando rápidamente una pluma para hacer un cálculo al margen del plano.
—La Matriz de Discos será impecable, de eso me encargo yo —aclaró Istryel—.
Pero el margen de error al inyectar la Oscilancia es nulo.
Haremos pasar energía pura por la matriz para alterar la onda.
Si la calibración falla, la fricción podría reventar las tuberías, cocinándonos vivos, o haremos estallar las campanas, lloviendo metralla sobre la ciudad.
—Pero ¿puedes afinarlo a la perfección? Eres la mejor en lo que haces. ¿O hay algo más que nos detiene?
—El equipo —sentenció Istryel—. La teoría es perfecta, pero mis manos están vacías. Requiero un Emisor de Espectro Inverso calibrado con Cuarzo Hialino. Es lo único capaz de estabilizar la frecuencia de energía. Sin esa tecnología de El Cénit, es imposible redirigir la onda con precisión.
—Zael —dije sin dudar—. Ya he negociado con él. Si le pagamos con otra fracción de la ciencia antigua, nos traerá ese emisor.
—Tienes razón, su lealtad le pertenece a la ciencia, no al Consejo. Aceptará el trato. Consíguelo.
—Subiré por él hoy mismo. Mientras yo consigo el emisor, ve creando la Matriz de Discos Concéntricos.
—Iré a los muelles. Belthor desguaza maquinaria y repara buques; trabaja con todo. Si alguien tiene esos elementos puros en su taller, es él. Y si le faltan, me ayudará a conseguirlos. Además, fundir la mezcla y forjar las piezas exige su equipo pesado. Él la ensamblará.
Istryel abrió el Libro de los creadores y pasó las hojas hasta detenerse en una matriz densa.
Arrastró un pergamino en blanco y mojó la pluma en el tintero.
Con la vista saltando del tomo antiguo al papel fresco, copió el complejo diagrama acústico línea por línea, con exactitud. Sopló la tinta y enrolló el papel.
—Armonía de frecuencias superpuestas. Cuando Zael vea esta física, su obsesión hará el resto. Te dará el emisor.
Me tendió el papel. Lo tomé para guardarlo en el bolsillo interior de mi túnica.
Dejamos atrás las sombras del Archivo. Subimos la escalera de caracol en estricto silencio. Al emerger a la superficie nos dividimos al instante. Ella giró hacia las forjas del sur. Yo encaré la subida hacia La Corona.