Capítulo 16 El espectro dividido #3
—Entregar esta información al Consejo arruinará tu investigación —afirmé, endureciendo el tono para marcar los límites—.
Una anomalía así me convertirá en propiedad de la Intendencia.
Te llenarán el laboratorio de técnicos mediocres que te estorbarán buscando sus propias respuestas.
Perderás la exclusividad en el instante en que hables, y ellos se llevarán tu mérito.
Dejé que la imagen de la intromisión del Consejo calara en su orgullo de investigador antes de ofrecerle la salida.
—Estoy dispuesto a dejar que sigas analizando mi frecuencia en secreto y a ayudarte a descifrar este misterio, Zael.
Te guiaré hasta esa estructura antigua cuando llegue el momento oportuno.
Sin embargo, mi colaboración exige mi libertad.
Solo manteniendo mi fachada de obrero y operando fuera de la vista de La Corona, podré asegurar nuestro acceso a la fuente original.
Zael asimiló mis condiciones con una calma imperturbable.
—Los juegos de poder del Consejo carecen de valor para mí —replicó el técnico, con un desdén hacia la burocracia de La Corona—.
Mi lealtad le pertenece exclusivamente a la investigación.
Opero desde El Cénit porque este santuario me proporciona los recursos ilimitados que mi intelecto exige para expandir las fronteras de lo posible; esa es mi única atadura a este lugar.
Se inclinó hacia atrás, apoyándose en el respaldo del taburete y selló nuestro pacto con una mirada.
—Compartir este hallazgo con las altas esferas arruinaría mi monopolio sobre el descubrimiento —afirmó el técnico, confirmando su total comprensión de nuestra ventaja estratégica—. Tu exclusividad está garantizada, Elial.
Zael abrió un pequeño compartimento en su mesa de trabajo y extrajo una Placa Maestra en blanco, una pieza de cuarzo inmaculada y sin marcas. La colocó sobre un calibrador.
—Grabaré una placa nueva con tu resonancia actual para asegurar tu ingreso al Nivel 8 —explicó, accionando un mecanismo acústico que talló la vibración en la pieza al instante—.
Yo mismo bajaré a la Sala de Ecos. Destruiré la anterior.
Los técnicos solo notarían la alteración si compararan tu firma antigua con la nueva simultáneamente, y yo soy el único individuo en Solheim que posee ambos registros.
Guardó la placa recién calibrada en un estuche.
El alivio inundó mi pecho, pero mantuve la expresión endurecida. Había asegurado mi libertad y mi tapadera frente al Consejo. Era el momento exacto para dar el siguiente paso en el plan que Istryel y yo habíamos trazado en la taberna.
—Ya que tenemos un trato —comencé, apoyando las manos sobre el cuarzo—, necesito cobrar un anticipo. Una prueba para medir tu discreción y el verdadero alcance de tus máquinas.
—Traje algo conmigo —confesé, bajando la voz—. Está escondido en el fondo del baúl, envuelto en mi ropa de trabajo. Es un conducto de inducción que saqué directamente de las tripas del Nivel 9. Necesito tu equipo y un Lector de Espectro de alta precisión para que me digas exactamente qué grabó.
Zael alzó una ceja y la fascinación en su rostro se quitó de golpe.
—¿Un Conducto de Inducción del Nivel 9? —susurró, dando un paso atrás por puro instinto de autoconservación—.
Eso no es un favor técnico, Elial. Es traición directa.
Si la Intendencia audita mi laboratorio y descubre que estoy procesando evidencia subversiva de los niveles restringidos, me ejecutarán.
¿Por qué arriesgaría mi posición por tus problemas políticos?
Era la objeción exacta que estaba esperando. Sin darle tiempo a retroceder por completo, lancé el peso de mi ventaja estratégica sobre la mesa.
—Ese Conducto de Inducción encierra el eco de una persona fundido a nivel molecular con la aleación —revelé, bajando la voz—.
Documenta cómo usan cuerpos humanos para filtrar la Noxita.
Necesito que uses un Lector de Espectro para confirmar el secreto que se guarda en este metal, que puedas darme un documento que certifique el uso de Noxita y personas en un proceso oculto, una prueba irrefutable para mis aliados.
A cambio de esta lectura, te ofrezco el premio mayor de nuestra alianza.
Zael soltó una risa seca, carente de humor.
—¿Un premio mayor? —inquirió, con un escepticismo gélido cruzándole el rostro—. Eres un operario de los márgenes, Elial. ¿Qué podrías ofrecerme tú que justifique el riesgo de enfrentar una ejecución por traición?
Era la apertura perfecta. Me incliné hacia él, acortando la distancia hasta forzarlo a sostener mi mirada.
—La visión que tu máquina acaba de detonar en mi mente me entregó las llaves de una bóveda sellada en las profundidades de la ciudad —revelé, viendo cómo la burla en sus ojos se transformaba instantáneamente en pura avidez—.
Contiene tecnología primigenia de los creadores, maquinaria intacta que ha permanecido oculta desde la fundación de Solheim.
Reproduce el cilindro hoy y, cuando aseguremos el acceso de esa puerta antigua, serás el primer y único investigador en estudiar los secretos fundacionales de nuestra civilización.
Zael se quedó inmóvil. La rigidez institucional desapareció de sus hombros de golpe. Miró la puerta cerrada, luego me miró a mí.
—¿Maquinaria intacta de la Fundación? —preguntó en un susurro. La codicia clínica de su mirada me confirmó que el miedo a la Intendencia se había esfumado. Lo tenía.
Zael dio la discusión por terminada y se puso en pie de inmediato. —Tu autorización expira al salir de aquí —sentenció—. Procesaremos la prueba abajo. Tengo un Lector de Espectro en la oficina capaz de desnudar la frecuencia impregnada en ese conducto.
Zael apagó los sistemas de la cama de Cuarzo Hialino y me guió a paso veloz de regreso a la estación de acceso. A través del cristal grueso, observé cómo la pureza aséptica de la cima quedaba atrás. El viaje de descenso en el Funicular de Vacío transcurrió en un silencio cargado de anticipación.
Las puertas del funicular se abrieron. Cruzamos los corredores a paso rápido, rodeados nuevamente por la atmósfera burocrática.
Al entrar a la oficina, Zael aseguró la puerta principal accionando los cierres metálicos, aislándonos del resto del edificio.
Caminé directo hacia la cabina de aislamiento en el rincón y abrí la tapa pesada del baúl de acero.
Me despojé del uniforme inmaculado y volví al tacto áspero de mi ropa gastada.
El peso del Conducto de Inducción me aguardaba en el fondo del baúl.
Lo tomé entre mis manos y salí del cubículo con el conducto al descubierto.
Zael aguardaba junto a su mesa. Despejó el área central.
Allí descansaba el Lector de Espectro impecable, un ensamblaje de prismas de bronce y agujas de cuarzo.
Avancé hacia la mesa y coloqué la prueba física de la crueldad del Consejo frente al científico.
Zael encajó el conducto en el Lector de Espectro. Las agujas cristalinas descendieron, diseccionando la memoria de la aleación. El técnico palideció frente al registro óptico.
—Es cierto, puedo confirmar que esto es testigo del uso de humanos y Noxita juntos. Es algo muy raro. Se necesita un proceso único para lograr este efecto.
El Lector de Espectro imprimió una especie de gráfica y luego Zael escribió unos datos y una nota, antes de sellarlo.
—Aquí está el registro —sentenció, deslizándome el papel—. Lo que está en este tubo no es algo que se pueda hacer sin aparatos especializados y es una técnica avanzada que ni yo conozco.
Tomé los papeles y el artefacto. Istryel y yo conocíamos el horror detrás de esa manipulación —los cuerpos, la Noxita, la maquinaria del Nivel 9—, pero esto era exactamente lo que necesitábamos: un respaldo técnico oficial e irrefutable para exponer la atrocidad del Consejo.
—Espero tu regreso muy pronto, Elial —añadió el técnico, clavando su mirada en mí—. La bóveda aguarda.
—Así será —afirmé.
Guardé el tubo y los documentos en el bolsillo interior de mi abrigo gastado.
El peso de la evidencia se sentía diferente ahora.
Poseía el respaldo científico de la cima, listo para encender la chispa y validar lo que mis propios ojos habían presenciado en la oscuridad.
Aseguré mi túnica, di media vuelta y salí de la oficina quince.
Me sumergí de nuevo en el tránsito gris de los pasillos, pero esta vez caminaba con la certeza de llevar el inicio de la caída del Consejo entre mis manos.