Solheim La Disonancia Capítulo 15 Doble frecuencia #2
61%

Capítulo 15 Doble frecuencia #2

—¿Usted es Elial, el encargado del filtrado de flujos del Nivel 8? —preguntó, sosteniendo un pliego de registro entre los dedos y mirándome por encima del borde.

—Sí, señora —respondí.

—Hace unos pocos días algo sucedió con su ingreso en el Captor de Pulso —continuó ella, inclinándose hacia adelante con una curiosidad letal—.

El cuarzo lo rechazó. Además, revisando las bitácoras, tenemos reportes de algunos tiempos perdidos en su horario de trabajo justo antes de esa falla.

Tramos en los que su ubicación es incierta.

El peso físico de la montaña entera pareció desplomarse sobre mis hombros. Tragué en seco para ahogar el sobresalto, fruncí el ceño y me froté la nuca con pesadez.

—Son preguntas simples, Elial —susurró, clavando sus ojos claros en los míos con una fijeza punzante—. ¿Exactamente dónde estaba en esos tiempos perdidos y quá ha estado haciendo estos días?

Me acomodé en la silla de metal, encogiendo ligeramente los hombros.

—Me distraje hablando más de la cuenta con los mineros —respondí—. Le avisé a mi supervisor que me tomaría unos minutos extra. Allí abajo a veces uno pierde la noción del tiempo.

La inspectora asintió muy despacio. Sus dedos tamborilearon una vez sobre el escritorio.

—Una distracción comprensible —concedió con una suavidad calculada—. Sin embargo, los testimonios lo ubican cerca de las compuertas de otro sector. Vuelvo a preguntar, Elial: ¿qué ha estado haciendo exactamente estos días?

—Sobrevivir a la jaqueca —solté, frotándome las sienes para enfatizar el agotamiento—.

El colapso del Repetidor de Energía en mi calle me alcanzó de lleno.

El latigazo de frecuencia me dejó aturdido y con un zumbido insoportable.

Y justo ese mismo día, el Captor de Pulso bloqueó mi entrada.

Escuché a los técnicos de la Intendencia decir que mi piedra de registro en la sala de ecos había sido alterada o corrompida.

Entre el dolor de cabeza y el caos del sistema, me suspendieron.

Me pasé dos días enteros durmiendo en mi casa, intentando recuperarme del impacto.

Ella mantuvo su mirada fija, evaluando la cadencia de mi voz. Continué enumerando mis movimientos, arrojando mi justificación sobre la mesa.

—Cuando por fin pude ponerme en pie, intenté despejar la cabeza.

Fui a los muelles a tomar aire. Una de esas noches terminé metido en el bullicio del Prisma de Ámbar, buscando ruido fuerte para ahogar el zumbido de mis oídos.

Y hoy temprano crucé a la Periferia; fui a buscar un pescado fresco que me guardaba un conocido de afuera. Necesitaba comer algo decente.

La inspectora cruzó las manos sobre la superficie impecable del escritorio. Su sonrisa desapareció por completo, revelando el acero desnudo debajo de su fachada.

—Un recorrido bastante activo para un hombre convaleciente —comentó en un susurro gélido, acercando su rostro hacia mí—. Hablemos de sus conexiones en la Intendencia, Elial. ¿Cuándo fue la última vez que vio a Daxen? Tragué saliva, pero forcé a mis facciones a mantener una expresión neutral.

—Hace tres días, señora, justo antes de mi suspensión —respondí—.

Me interceptó en el pasillo cuando el supervisor de guardias me llevaba por el fallo del Captor de Pulso.

Estaba furioso por el desorden en su sector y ordenó que me hicieran la refracción del espectro.

No he vuelto a saber de él desde que me suspendió.

Me analizó en estricto silencio. Sostuve su escrutinio con los hombros hundidos y el ceño fruncido.

La inspectora asintió con un gesto seco. El interrogatorio había terminado. —Por ahora es suficiente, Elial. Puede retirarse —concluyó ella, devolviendo su atención a los legajos sobre su escritorio.

Salí al pasillo de la Intendencia. Una ola de alivio me recorrió la espalda, mitigando la presión aplastante del interrogatorio, pero mi instinto me ordenaba mantener la cautela al máximo. Había sobrevivido al primer embate oficial, pero el Consejo seguía al acecho.

Aprovechando mi presencia en el edificio, me adentré en el ala de investigación.

Los pasillos, iluminados por la luz fría de los tubos de Mica de Plata, estaban casi desiertos.

Al llegar a la oficina 15, la encontré abierta.

Zael seguía allí, encorvado sobre un visor técnico a pesar de la noche.

Al verme en el umbral, se enderezó de golpe.

—Elial —dijo, con una urgencia que rompió el silencio—.

Te estaba esperando. Pero los accesos a la cima están bloqueados hasta el alba.

Vuelve mañana a primera hora. Te recibiré de inmediato.

Confirmé con un asentimiento breve y abandoné el complejo administrativo.

Istryel y yo habíamos acordado vernos en El Brillo de Sol; su atmósfera cargada y su clientela ruda ofrecían el disfraz perfecto para conversar.

Mientras avanzaba por las calles abarrotadas, mi mente trabajaba a toda velocidad sobre la figura del técnico.

Antes de poner el Conducto de Inducción en sus manos, necesitaba evaluar la amenaza.

Entregarle la prueba física del Nivel 9 podía darnos la ventaja definitiva o costarnos la cabeza.

Al llegar, una brisa húmeda y fresca se coló conmigo por las rendijas de la puerta de madera.

El murmullo áspero de las conversaciones llenaba la taberna, un refugio lúgubre que olía a humo de turba, sudor viejo y licor barato; el escondite perfecto donde las sombras ocultaban los rostros.

Localicé a Istryel en una mesa esquinada, resguardada de las miradas curiosas.

Me deslicé en la silla frente a ella. Sobre la madera desgastada ya aguardaban dos vasos de una bebida ámbar y espesa.

Tomamos un trago largo en silencio. El alcohol raspó mi garganta, irradiando un fuego repentino en mi pecho que disolvió la humedad del ambiente y la tensión muscular acumulada durante el interrogatorio en la Intendencia.

Istryel apoyó el vaso y se inclinó hacia el centro de la mesa.

—He mapeado la red de La Corona todo el día —susurró—. El secreto del Nivel 9 es hermético, Elial. Solo un círculo extremadamente reducido de altos mandos conoce la verdad. El resto del Consejo y la élite operan en absoluta ignorancia, consumiendo el Sustento Negro a ciegas.

Cambié el enfoque hacia nuestro riesgo más inminente. Le mencioné mi visita a la oficina 15 y la cita urgente programada para la mañana siguiente. Le pedí detalles sobre Zael, buscando cualquier antecedente útil de sus días compartidos en los laboratorios de El Cénit.

Istryel me miró antes de explicarme lo que sabía.

—Es un erudito deseoso de nuevos descubrimientos.

Su mente funciona como un mecanismo enfocado exclusivamente en la ciencia y el aprendizaje continuo.

Su brújula apunta siempre hacia el enigma; ignora por completo la política, la moralidad o los planes del Consejo.

Lo único capaz de capturar su lealtad es un misterio sin resolver.

Le revelé mi plan: utilizar esa misma sed de conocimiento para interpretar la prueba del Nivel 9 y obtener los registros físicos que Daxen necesitaba.

Istryel evaluó la estrategia y me dio sus ideas.

—Es un terreno resbaladizo, pero altamente probable.

Alimenta su curiosidad intelectual primero.

Tantea el terreno con preguntas sutiles sobre anomalías de frecuencia antes de mostrarle el Conducto de Inducción.

Si logras presentarle esta prueba como un desafío científico fascinante, su propia obsesión lo obligará a ayudarte a descifrarlo en secreto.

Terminamos nuestras bebidas mientras trazábamos los últimos detalles de nuestra estrategia.

El bullicio de El Brillo de Sol seguía su curso, ajeno por completo a la conspiración que tomaba forma en nuestra mesa.

Me puse de pie, ajustando el cuello de mi gabán contra el frío del ambiente que se filtraba por las paredes.

—En dos días —dije inclinándome levemente sobre la madera desgastada—, Daxen nos espera en el Archivo de las Sombras. Belthor confirmó la reunión esta tarde.

Istryel asintió. Su mirada, fija y calculadora, procesó el plan de acción con la precisión de siempre.

—Allí estaré —afirmó ella, levantando su vaso vacío a modo de despedida silenciosa—. Suerte mañana con el técnico, Elial. Usa su curiosidad como tu mejor arma.

Salí de la taberna y me sumergí de nuevo en las calles oscuras del Margen Norte. El viento frío me acompañó durante el trayecto de regreso a casa.