Capítulo 12 Herencia exiliada #3
—No fue un sueño —les dije, con la voz todavía temblorosa—. Fue como si la ciudad actual se hubiera corrido como una cortina vieja. Fue tan real que por un momento no supe quién era yo.
Istryel cruzó una mirada de confirmación silenciosa con Zelán antes de acercarse a mí. No parecía sorprendida, sino más bien confirmada en sus sospechas.
—Son los efectos de tu nueva frecuencia, Elial —dijo ella, con una mezcla de fascinación y advertencia—.
Zelán asintió, acariciando el borde de un mapa antiguo.
—Tu cerebro está intentando procesar dos realidades al mismo tiempo —explicó el viejo bibliotecario—.
La esencia del Creador que ahora vive en ti reconoce la estructura original de Solheim.
Lo que viste no es una alucinación, es un eco que se proyecta sobre lo que tus ojos ven hoy.
Estás empezando a ver la ciudad no como el Consejo la ha dejado, sino como fue diseñada para ser.
Me quedé mirando la madera de la mesa, asimilando el frío terror de sus palabras.
La idea de llevar los recuerdos de un fantasma incrustados en mis propios sentidos me provocó un escalofrío.
Si el pasado comenzaba a devorar al presente con esa fuerza, temí que llegara un momento en el que mi propia identidad terminara borrada bajo el peso de su memoria.
El vértigo de esa fractura mental me hizo tambalear.
Istryel me puso una mano en el hombro, y esta vez su tacto se sintió más sólido que mi propia visión.
—Esa frecuencia es una herramienta, pero también es un veneno para tu cordura si no aprendes a controlarla. Te estás convirtiendo en un puente entre el pasado y el presente, Elial.
Istryel me soltó el hombro, pero sus ojos permanecieron fijos en los míos. Se dio la vuelta hacia la mesa y, apartando el Diario, abrió de par en par otro Libro que habíamos rescatado del Nivel 6.
—El Diario nos cuenta por qué estamos en esta situación —dijo Istryel con voz firme—, pero este libro revela el diseño original de la Terminal. El Consejo ignora los materiales exactos con los que fue construida y, al intentar parchearla a ciegas, la están forzando hasta su punto de ruptura.
—La Terminal es la original, pero el Consejo le ha hecho modificaciones para extraer más energía de la que el diseño puede soportar. Por eso hemos tenido esas purgas violentas en el Nivel 8, Elial. Son explosiones de alivio de una máquina que no da más de sí ante la sobreexplotación.
—Pero, ¿cómo es posible que ignoren los materiales con los que fue construida? —pregunté, asimilando la magnitud de su ceguera técnica.
—El libro muestra que la estabilidad del sistema dependía de dos componentes que hoy son desconocidos: la Abyssilita, un mineral negro azulado del fondo marino, y el Cinerión, una piedra volcánica.
—Mira esto —dijo Istryel, deteniendo la mano sobre un esquema complejo en la página—. Es el núcleo de transmutación.
Me incliné sobre el papel mientras ella iba señalando el centro del sistema, explicando cómo el libro describía la función exacta de cada pieza forjada con esos minerales perdidos.
—Muestra cómo solo la combinación exacta de estos dos materiales logra soportar la vibración extrema que produce el proceso de extracción de la Solstrita —continuó, recorriendo los trazos milenarios con urgencia—.
Las piedras del núcleo transforman esa vibración violenta en una frecuencia suave y fácil de utilizar: la Oscilancia.
—Entonces... si le están inyectando una energía adulterada, el sistema debería fallar —deduje, mirando los planos—. La máquina no devolverá la misma Oscilancia suave porque esos componentes originales no están afinados para una energía diferente.
—Exacto —asintió Istryel con lentitud—. Por eso el Consejo ha hecho tantas modificaciones, tratando de aliviar la fricción y las purgas. Pero los remiendos no son una solución real, porque el verdadero problema está en el núcleo.
Apoyé la barbilla sobre la mano, repasando mentalmente los esquemas.
—Para lograr extraer lo que ellos quieren sin destruir la ciudad, necesitarían un núcleo nuevo —dije, asimilando la magnitud del desastre y la presión de la máquina—. Un transmutador diseñado y afinado desde cero para procesar esa energía diferente.
—Pero no saben cómo hacerlo —remató ella, cerrando el círculo de su letal incompetencia.
La conversación se alargó mientras calculábamos cuánto tiempo le restaba a la maquinaria antes de que la fatiga del metal fuera irreversible. Estábamos analizando la tensión en los colectores cuando Zelán se acercó a nosotros con paso decidido.
—Ya es suficiente de teorías —interrumpió Zelán, dejando un trozo de papel sobre el Libro del Nivel 6—. Tengo un mensaje de Belthor. Acaba de confirmar el lugar para ir a reunirse con Daxen.
El papel indicaba el nombre del lugar y la hora: "El Prisma de Ámbar", el club de la élite más conocido de la Zona Media.
Belthor conocía al dueño y ya había asegurado un reservado. Podríamos poner todas las piezas sobre la mesa y trazar un plan de acción antes de que la Terminal terminara de romperse.