Solheim La Disonancia Capítulo 9 La intemperie #3
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Capítulo 9 La intemperie #3

—¡Hora y media, Elial! —bramó Reldar, con el rostro enrojecido por la furia—.

¡Hora y media tarde! Tienes suerte de que la Intendencia cancelara la inspección general hace apenas un rato.

Si los guardias te hubieran visto llegar a esta hora, te habrían arrastrado a los interrogatorios asumiendo que tú escondías el cristal.

Me senté frente a mis palancas, tratando de que mi respiración agitada pareciera producto del esfuerzo laboral y no de una carrera desde el exterior.

—¿Cancelada? —pregunté, forzando la voz para que sonara natural.

—Ya encontraron el Cristal Calibrador robado —gruñó Reldar, soltando un bufido mientras marcaba su tablilla con violencia—.

Descubrieron al ladrón. Un infeliz del Nivel 9 intentó sacarlo en una caja de herramientas de doble fondo.

Lo interceptaron hace menos de una hora en los elevadores de carga. Ya se están encargando de él.

Reldar me dedicó una última mirada cargada de advertencia.

—Parece que hoy es tu día de suerte, Elial. No hay muchos que quieran este puesto y por eso lo dejaré pasar esta vez. Vuelve a tus diales de presión y procura que esto no se repita nunca más, o yo mismo te reportaré por abandono de puesto.

Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo envuelto en vapor, dejándome solo con el zumbido de la terminal y la extraña certeza de que Solheim acababa de encontrar un culpable perfecto.

Me dejé caer sobre el asiento de hierro, sintiendo cómo los músculos me temblaban por el agotamiento aplastante de la carrera desde el exterior.

El resto del turno fue una tortura lenta. Las horas se arrastraron entre el rugido rítmico de la terminal y el calor asfixiante que me secaba la garganta. Sin la sombra del Inspector, me obligué a concentrarme en los ajustes rutinarios.

Cuando mi jornada finalmente terminó, mis brazos estaban entumecidos por la tensión.

Dejé mi puesto y me uní a la fila de operarios para el ascenso en las jaulas de los elevadores.

Al emerger en la superficie, el aire fresco y filtrado de la ciudad me limpió los pulmones, pero el alivio no disminuyó mi urgencia.

Me alejé del ruido del complejo hasta alcanzar la mole de piedra de la Gran Biblioteca en la costa este.

Descendí por la escalera de caracol hacia el Archivo de las Sombras con el uniforme empapado en sudor; el tiempo del Consejo se había agotado, pero sentía que nuestro verdadero trabajo apenas empezaba.

Istryel me esperaba con la lámpara de aceite proyectando una luz nítida sobre el papel flexible. Al acercarme, noté que había estado tomando notas sobre los márgenes de un cuaderno viejo.

—He pasado el día analizando las capas de este trazado —dijo, señalando los detalles con una punta de grafito—. Elial, la cantidad de información que hay aquí es abrumadora. Quién hizo esto detalló venas en la roca de la mina que el Consejo ni siquiera imagina que existen.

—¿Qué has descubierto exactamente? —pregunté, acercándome a la mesa para observar los trazos.

—El mapa detalla accesos invisibles que conectan todos los niveles —explicó ella, deslizando la punta del grafito sobre el papel—. No son rutas de mantenimiento común, sino secciones de muro ocultas.

—¿Significa que podemos ir a cualquier nivel de la mina? —la interrumpí, asimilando la magnitud táctica de la red.

—Sí —confirmó Istryel—. Lo único que se necesita es el disco para activarlas y cruzar de un piso a otro sin pasar por las zonas comunes.

Pero eso no es todo. Mira esta red de ventilación.

Hay muchos conductos pequeños en lugares estratégicos, pero este de aquí es lo bastante grande como para pasar caminando.

Se extiende hacia lo alto de la montaña, proporcionando una ruta totalmente independiente de las puertas de la ciudad.

—Podríamos ingresar por allí de ser necesario —deduje, viendo una vía de infiltración clara.

—Así es. Y observa algo más —añadió ella, moviendo el grafito hacia el centro del esquema—. Todos los niveles se conectan de forma vertical. El plano revela una cápsula de tránsito para subir y bajar, diseñada para moverse con rapidez como un elevador personal.

Me quedé mirando el final del trazo que subía desde las profundidades, genuinamente sorprendido.

—Y esto de aquí arriba... es una casa en la Corona, ¿verdad? —pregunté.

—Es correcto —asintió Istryel, mirándome a los ojos—. El acceso directo sube hasta alguna mansión en La Corona.

Nos quedamos observando el mapa en silencio.

—Es perfecto para ingresar sin ser vistos —dije, siguiendo el trazo de la cápsula con la vista—. Los creadores debieron diseñar esta red para moverse sin ser molestados.

—Y dejaron una guía visual —añadió Istryel, señalando los nodos en el papel—. Según este esquema, cada uno de estos accesos estará marcado por fuera con el símbolo del ojo y las espinas.

Deslicé el dedo sobre el pergamino, deteniéndome en la intersección de mi sector.

—Este es el salón del mapa que encontré en el Nivel 8 —señalé, trazando el contorno del espacio—. El acceso no es un simple pasillo estrecho; el plano muestra un área mucho más grande, casi como una estancia.

Istryel asintió, fijándose en los nodos donde las líneas rojas se ensanchaban.

—No es un sistema uniforme de túneles de servicio, es una red de estaciones privadas —explicó ella—.

Al parecer, el Creador diseñó estructuras mucho más grandes en niveles clave.

Ese vestíbulo del Nivel 8 seguramente servía para supervisar la maquinaria antes de subir.

Y mira aquí... —deslizó el grafito hacia arriba—.

En el Nivel 6 hay otra área masiva marcada como una sala secreta de «archivos», un repositorio privado.

Me quedé mirando el punto en el mapa que marcaba el Nivel 9. La ruta estaba clara, pero la infiltración era otra historia.

—Podemos bajar a investigar —dije, repasando las variables con rapidez—. Pero el ingreso es complicado. Por mi zona de trabajo, me quedo sin tiempo suficiente. Por la casa en La Corona, es demasiado complejo.

—Por eso nuestra mejor opción es el ducto de ventilación —me interrumpió Istryel, desviando la mirada hacia los riscos exteriores trazados en el papel—.

Ya lo he hablado con Garek. Él conoce las afueras mejor que nadie; lleva años sobreviviendo en los límites de la ciudad.

Vimos la posibilidad de entrar directamente por el ducto de aire.

Me acerqué más para ver el detalle en el papel. Era una ruta directa, pero las implicaciones eran aterradoras.

—¿Estás hablando en serio? —le pregunté, señalando la marca—. Ese punto de entrada es casi inalcanzable. No hay ningún sendero ahí, Istryel. Es una pared de roca viva que tendríamos que escalar a pulso.

—Garek nos ha ofrecido su ayuda —respondió ella—. Dice que puede guiarnos por los riscos y ayudarnos con el equipo de escalada. Él sabe cómo moverse allí fuera, pero reconoce que es un riesgo enorme.

—Si entramos por la montaña, evitamos los puestos de control internos —reflexioné en voz alta—. Pero si algo sale mal ahí arriba, nadie vendrá a buscarnos.

Garek nos está dando una oportunidad de entrar por el "acceso encubierto".

—Mañana no tengo turno —le dije a Istryel, sintiendo cómo la presión en mi pecho se aliviaba un poco—. Es el momento perfecto. Podemos ir con Garek y ver con nuestros propios ojos ese acceso en la montaña.

Istryel asintió, trazando con el dedo la línea que subía hacia los picos exteriores.

—Si el ducto es inalcanzable, no nos quedaremos sin opciones —añadió ella con pragmatismo—. Podemos valorar las otras opciones.

—Si la montaña nos cierra el paso, tendremos que apostar por Daxen —reflexioné—.

Conoce los movimientos de la ciudad mejor que nadie.

Istryel frunció el ceño, a punto de rechazar la locura de buscar a un Intendente.

—Me encubrió durante un registro en el Nivel 8 —aclaré antes de que protestara—.

Tocó el disco y no dio la alarma. Ignoro cuáles son sus verdaderas intenciones, pero su influencia en los distritos altos podría abrirnos una brecha en La Corona. Es un riesgo a ciegas, pero viable.

Istryel cerró el mapa con cuidado, asegurándolo en su escondite. Y me regresó el disco.

—Primero, la montaña —sentenció—. Garek nos espera al amanecer.