Solheim La Disonancia Capítulo 7 Impronta de frecuencia #3
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Capítulo 7 Impronta de frecuencia #3

—Me senté cerca de los ductos de ventilación del sector secundario —respondí—. El calor de la purga me dejó un poco mareado y necesitaba aire que no oliera a aceite quemado. Me habré quedado traspuesto un momento por el cansancio.

—No me extraña. Esa purga fue muy intensa, pero al menos la alarma nos dio margen para reaccionar antes de que la presión fuera crítica —gruñó finalmente, volviendo su atención a la tablilla—. Vuelve al puesto. Hay que seguir atentos a la presión.

Asentí y retomé mi lugar. El resto del turno se consumió entre las purgas y letargos de la terminal. Cumplí con mi trabajo sin dar un paso en falso, esperando mi hora de salida, pero mi mente seguía atrapada tras la pared de basalto, recorriendo aquel pasadizo azul.

La hora del fin del turno llegó. La sensación de la impronta en mis huesos ya era un dolor persistente.

Firmé el registro, entregué la tablilla y subí a los elevadores junto al resto de los operarios.

Al salir del complejo, el atardecer ya avanzaba por las calles de Solheim.

Ignoré el camino hacia mi casa en el noroeste y giré hacia la costa este, directo a la Gran Biblioteca.

Crucé el trayecto hacia la costa a paso rápido.

Llegué a la mole de piedra, ingresé a la Gran Biblioteca y me aseguré de no ser visto mientras me escabullía por la sección de Historia Oficial.

Al alcanzar el rincón apartado, presioné el sillar desgastado por el salitre.

La escalera de caracol se abrió paso en la oscuridad y bajé hacia el Archivo de las Sombras, sintiendo el olor a tierra húmeda y cuero viejo.

Un suave susurro rasgó la penumbra; era Zelán, pasando con lentitud las páginas de un legajo antiguo bajo la luz escasa de su mostrador.

Solo al rebasar su posición y adentrarme más en la sala, la descubrí.

Istryel me esperaba en su rincón habitual, rodeada de ese silencio denso que solo el papel antiguo puede generar.

Istryel levantó la vista en cuanto el roce de mis botas rompió el silencio. Sus ojos escanearon mi postura, detectando al instante la urgencia que me aceleraba la respiración. En el mostrador, el susurro de las páginas de Zelán se detuvo por completo.

Me dejé caer en la silla frente a ella.

—No solo funciona para el salón del mapa —solté sin preámbulos. Saqué el disco y lo dejé caer sobre la mesa. El golpe del metal resonó en la quietud del sótano—. Es una llave maestra.

Istryel mantuvo el rostro inmóvil, pero su mirada se clavó en el disco con una fijeza analítica mientras yo le detallaba lo que había visto en las profundidades y cómo los símbolos de la roca por fin tenían sentido gracias a su libro.

—Si esa llave abre dos sectores distantes, no son estancias aisladas —afirmó, trazando ya las conexiones en su mente—. Es una infraestructura paralela. Una red entera de espacios latiendo bajo nuestros pies que el Consejo es incapaz de ver.

Se inclinó hacia adelante sobre la mesa de madera, acortando la distancia entre ambos. La fascinación dio paso casi de inmediato a una urgencia táctica.

—Pero ese no es el único secreto —continuó ella, deslizando un trozo de papel hacia mí—.

Yo también he descubierto algunas cosas hoy.

He hablado con mi contacto en planificación.

Es cierto que llegan suministros de sanación masivos al Nivel 7, pero nada se queda allí.

Es solo una estación de tránsito. Todo el material, los sedantes y lo que sea que se mueve en esas cajas selladas, es trasladado de inmediato al Nivel 9.

—¿Al nueve? —fruncí el ceño—. Oficialmente, el Nivel 9 es el núcleo mismo del Transmutador, un abismo de vetas crudas y maquinaria pesada. Enviar suministros médicos masivos a un lugar donde solo debería haber piedra, calor y engranajes es un completo absurdo.

—Un absurdo que está devorando litros de sedantes puros —sentenció ella, dejando a un lado la ironía—.

Pero existe un sector restringido detrás de la terminal del Transmutador al que nadie tiene acceso.

Si tu pasadizo azul baja lo suficiente, podríamos encontrar la entrada trasera a ese vacío en los mapas.

Lo que el Consejo oculta no es una sala de curaciones; es algo que requiere sedantes en el lugar más profundo y oscuro de la mina.

Nos quedamos en silencio un momento, evaluando lo que teníamos entre manos. Teníamos una llave para un lugar que no existía y una sospecha aterradora.

—Mañana intentaré volver a esa puerta —le aseguré—. Necesito saber si ese túnel conecta con lo que viste en los registros.

—Ese lugar ha estado en silencio durante siglos. El disco te dará acceso, sí, pero ten cuidado con lo que encuentres. No habrá guardias del Consejo allí dentro, pero estarás en un mundo que no ha respirado en mucho tiempo.

Salí de la biblioteca y emprendí el largo camino hacia el Margen Norte.

El aire se sentía más denso, cargado con el secreto que ahora llevaba conmigo.

Solheim seguía brillando en la distancia, pero yo ya no veía su luz dorada; solo podía pensar en la luz azul que me esperaba bajo la tierra y en el precio que otros estaban pagando para que la superficie siguiera soñando.