Sola (D.D. Warren 1) Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—¿Problemas en su matrimonio? —volvió a preguntar la rubia con tono sarcástico—. Las patrullas venían aquí cada dos semanas para responder a las quejas. Pero las cosas llegaron a un punto sin retorno, ¿no es así, señora Gagnon? Jimmy había solicitado el divorcio.

Catherine la miró con frialdad.

—Es cierto.

—Él tenía el dinero —insistió la rubia—. Tenía el poder. Primero, la maltrataba, y después tramó algo para joderla a lo grande. Para ser sinceros, nadie aquí puede culparla por estar un poco enfadada.

—Teníamos problemas. Eso no significaba que no pudiéramos solucionarlos.

—Por favor. Le pegaba. Gritaba y le lanzaba objetos a su hijo. ¿Por qué querría arreglar las cosas?

—Está claro que nunca conoció a Jimmy.

—Está claro que eso no importó cuando usted conoció al doctor Rocco, porque aun así estaba dispuesta a jugar a esconderle el estetoscopio al médico de su hijo.

Catherine hizo una mueca.

—Qué vulgar.

—Al final fue a ver al doctor Rocco, ¿no?

—Nathan tuvo un ataque de pancreatitis aguda el viernes. Por supuesto que fui a ver al doctor Rocco.

—¿El médico la echaba de menos? ¿Quería que volviera? Jimmy ya no está…

—Me ofende esa insinuación. El cuerpo de mi marido apenas se ha enfriado…

—¿Apenas? ¡Usted contribuyó a que lo mataran!

—¿Cómo? ¿Al servirle de blanco para practicar tiro?

La rubia se acercó al borde del sofá. Sus preguntas se sucedían a toda velocidad.

—¿Quién empezó la discusión el jueves por la noche? ¿Quién sacó a relucir primero al doctor Rocco?

—Yo. Nathan no se encontraba bien.

—¿Y decidió mencionar su antiguo amante a su marido celoso?

—¡Es el médico de Nathan!

—¿Mantuvo a su antiguo amante como médico de Nathan aunque tenía usted un marido celoso y maltratador?

Catherine parpadeó, titubeó y trató frenéticamente de recomponerse.

—A Nathan no le gustan los médicos nuevos. Los médicos nuevos significan nuevas pruebas. No podía someterlo a eso.

—Ah, ya veo. ¿Así que siguió viendo a su antiguo amante como un favor a su hijo?

—¡El doctor Rocco es un buen médico!

—¿Es un buen médico?

—Es un buen médico —repitió Catherine, bastante desconcertada.

—Entonces, debe estar decepcionada, porque ya no será su médico.

—No fue culpa suya. James Gagnon tiene mucho poder. Tony solo hizo lo que tenía que hacer.

Por primera vez, la rubia se interrumpió y frunció el ceño.

—¿Cuándo fue la última vez que vio al doctor Rocco? —preguntó ella.

—El viernes por la noche. Cuando ingresaron a Nathan en la UCI.

Después, el doctor Rocco me informó de que ya no podía seguir siendo el médico de Nathan.

El jefe de Pediatría le había pedido que se retirara del caso.

En su lugar, me derivó a un genetista, el doctor Iorfino. Tenemos cita para el lunes.

—¿Y cuándo concertó esa cita?

—Yo no la concerté. Lo hizo Tony.

—Qué atención más personalizada —murmuró la rubia, que arqueó una ceja.

—Mi hijo está muy enfermo. Necesita cuidados especializados.

Y en el ámbito médico se necesita un experto para conseguir un especialista.

Si hubiera llamado al doctor Iorfino, me habrían puesto en lista de espera.

Pero Tony pudo conseguirnos una cita inmediata.

Quizá no tenga la mejor ética en su vida personal, pero es un médico muy bueno; siempre ha hecho lo correcto por mi hijo.

—Me parece que todavía lo quiere.

—Yo quería a mi marido.

—¿Incluso cuando la utilizaba como saco de boxeo humano?

¿Incluso cuando tenía un arma? Me parece que no le ha ido tan mal, señora Gagnon.

Ahora tiene todos los beneficios: la casa, el coche, las cuentas bancarias, sin el costoso lastre de Jimmy.

—Los ojos de la rubia eran astutos—. Ni siquiera hay nadie que la acuse de hacerle daño a su hijo. Está libre y limpia.

Catherine se levantó.

—Fuera.

—Vamos a hablar con Prudence, ya lo sabe. Y con la niñera anterior, y con la anterior a esa. Nos remontaremos hasta el principio, hasta que sepamos todo lo que ha ocurrido en esta casa.

—Fuera de aquí.

—Y luego hablaremos con Nathan.

Catherine señaló la puerta con el dedo. Los tres se levantaron por fin.

—Una pena lo del doctor Rocco —comentó la rubia con indiferencia mientras cruzaban el vestíbulo de mármol—. Sobre todo por su mujer y sus hijos.

—¿Qué le ha ocurrido a Tony?

—Está muerto, por supuesto. Lo asesinaron anoche. En el hospital.

La rubia se detuvo y escrutó el rostro de Catherine. Por una vez, Catherine no se molestó en ocultar su expresión. Estaba conmocionada de verdad. Luego, atónita. Y, después, aterrorizada.

—¿Cómo? —murmuró.

—Bu —susurró la rubia, y Catherine se quedó petrificada.

Los investigadores atravesaron la puerta. En el último momento, el fiscal adjunto se giró.

—¿Ha oído hablar alguna vez del GSR? —preguntó Copley.

—No.

—Son residuos de disparo. Cada vez que alguien dispara un arma, quedan restos en las manos y en la ropa. ¿Adivina qué buscamos en el depósito de cadáveres, señora Gagnon? ¿Adivina qué no encontramos en las manos ni en la ropa de su marido?

Catherine no dijo ni una palabra.

«Bu —pensaba a toda velocidad—. Bu».

El trío bajó los escalones de la entrada.

—Un error —dijo Copley, mirando por encima del hombro—. Es todo lo que necesito. Un pequeño error, señora Gagnon. Entonces la tendré.