Capítulo 17 #2
—Qué interesante —expresó el investigador Casella—. Porque, según su testimonio anterior, Jimmy llegó a casa a las diez de la noche, por lo que la cámara debería haber estado encendida.
—Es cierto, pero resulta que el panel de control tiene mal la hora.
—¿Perdón?
—Compruébelo —dijo Catherine—. Verá que el panel de control está adelantado dos horas, por lo que lo que él cree que es medianoche pero en realidad son las diez.
—Se encogió de hombros—. A Jimmy no se le daba muy bien la electrónica.
Todo eso de adelantar la hora en otoño, retrasarla en primavera; supongo que debió equivocarse al ponerla.
—La empresa de seguridad no lo ha mencionado.
—No creo que se lo dijera nunca.
Los dos hombres y la rubia intercambiaron miradas.
—Ha dicho que su marido y usted discutieron —dijo al final el investigador Casella—. ¿Sobre qué?
Catherine lo miró con frialdad. Ya habían hablado de eso el viernes por la mañana, cuando la sangre de su dormitorio aún estaba fresca. Le molestaba que la obligaran a repetirlo.
—Jimmy se ponía celoso, sobre todo si había bebido. El jueves por la noche, empezó a discutir por el médico de Nathan. Yo quería llevarlo al doctor Rocco porque no se encontraba bien. Jimmy pensó que era una excusa para ver a mi antiguo amante.
—¿Tenía una relación con el doctor Tony Rocco? —preguntó de nuevo el fiscal adjunto, esforzándose por parecer sorprendido por la noticia, cuando todos sabían que fingía.
La policía tenía su teatralidad, ella tenía la suya. ¿Qué era esa conversación, una tragedia griega o una farsa shakespeariana sin esperanza?
De repente, se sintió más cansada que nunca en su vida. Quería ver a Nathan. Necesitaba saber que, al menos, su hijo estaba a salvo.
—Sí, Tony y yo tuvimos una relación —respondió con calma—. Sin embargo, terminó hace meses y, como le aseguré a Jimmy, pertenece exclusivamente al pasado.
—¿Y dónde estaba la niñera, Prudence Walker, cuando tuvo lugar esa conversación? —continuó con el interrogatorio el investigador Casella.
—Los jueves Prudence tiene la noche libre. Los jueves por la noche y los domingos durante el día.
Casella la miró con el ceño fruncido.
—Pero era bastante tarde cuando su marido regresó a casa. ¿Está segura de que Prudence aún no había regresado? ¿Quizá estaba arriba, durmiendo en su habitación?
—Creo que pasó la noche con un amigo.
—¿Un novio? —Por primera vez, la rubia intervino. Miró a Catherine con dureza—. ¿Solía pasar los jueves por la noche con él?
—A menudo pasa toda la noche fuera —admitió Catherine.
—Qué conveniente —murmuró la rubia.
Catherine la ignoró.
—¿Y su hijo? —preguntó el investigador Apocalipsis—. ¿Cómo terminó envuelto en la pelea?
—Nathan se despertó poco después de las diez por una pesadilla. Acababa de entrar en su habitación para consolarlo cuando oí a Jimmy abajo. Me di cuenta… Ya sabía que no iba a ser nada bueno.
—¿Qué quiere decir con eso?
—Me di cuenta de que había bebido. Por la forma en que cerró con un portazo. Por la forma en que empezó a gritar mi nombre. Nathan, por supuesto, se asustó aún más.
No es que dijera nada. Nathan nunca decía nada. Solo la miraba con esos ojos azules demasiado solemnes, con su delgado e infantil cuerpo ya preparado, a la espera. Jimmy estaba en casa, Jimmy estaba borracho. Jimmy era más grande que ellos.
Ella había querido mucho más para su hijo.
Eso era lo que había estado pensando el jueves por la noche cuando Jimmy cerró la puerta de un portazo, cuando Jimmy empezó a gritar, cuando Jimmy se dirigió a las escaleras.
Miró a Nathan a los ojos y se asustó al ver reflejada en ellos su propia mirada impotente.
—¿Cuándo consiguió Jimmy el arma? —preguntó el fiscal adjunto del distrito.
—No lo sé.
—¿Dónde consiguió el arma?
—No lo sé.
—¿Subió las escaleras con ella?
—Sí.
—¿La blandió delante de usted y de Nathan?
—Sí.
—¿Y qué hizo usted, señora Gagnon?
—Le dije que guardara el arma. Le dije que estaba asustando a Nathan.
—¿Y qué hizo él?
—Se rio, señor Copley. Dijo que él no era una amenaza para Nathan en esta casa, sino yo.
—¿Qué quería decir con eso?
Ella se encogió de hombros.
—Jimmy estaba borracho. No sabía lo que decía.
—¿Y qué hacía Nathan mientras ocurría todo esto?
—Nathan estaba… —Su voz se quebró, pero se obligó a continuar—.
Nathan estaba en mi regazo. Tenía la cabeza apoyada en mi hombro para no tener que ver a su padre.
Se tapaba los oídos con las manos. Le dije a Jimmy que iba a acostar a Nathan en nuestra habitación.
Le pedí que se calmara, por favor, que estaba asustando a nuestro hijo.
Luego pasé junto a él y me dirigí a nuestro cuarto.
En cuanto entré, cerré la puerta con llave y llamé al 911.
—¿Fue entonces cuando Jimmy disparó el arma?
—No lo recuerdo.
—Los vecinos informaron de dos disparos.
—¿De verdad?
Copley arqueó las cejas.
—¿Está diciendo que no está segura de si su marido disparó el arma?
—En ese momento no estaba pendiente de Jimmy. Estaba pendiente de Nathan. Estaba muerto de miedo.
«Mamá, ¿vamos a morir? Enciende las luces, mamá. Necesitamos luz».
—¿Jimmy les había hecho daño antes a usted o a su hijo?
—Jimmy lanzaba cosas cuando se enfadaba. A veces… Teníamos algunos problemas en nuestro matrimonio.