Capítulo treinta y siete
Raptor
—¿Cómo se enteró? —preguntó Tank después de que colgara con Adriana.
Eran poco más de las doce y me había preguntado si quería ir a Prairie Lake a montar en moto de nieve antes de nuestra reunión de las tres.
Tenía dos Polaris Indy Eight-hundred y el tiempo era perfecto para salir con las motos, especialmente con la nieve recién caída.
Cogí mi chaqueta de cuero y me la puse.
—Por las noticias de la mañana.
—Vaya. Esperaba que no las viera.
—Yo también.
Tank se puso los guantes y flexionó las manos. Llevaba una chaqueta de motorista de nieve, un mono y botas de invierno Sorel.
—¿Listo para pasarlo bien?
—Claro que sí —dije mientras lo seguía hacia la puerta principal del club—. Aunque no voy vestido para la ocasión.
Se encogió de hombros.
—Tengo una chaqueta de sobra, si la de cuero no te abriga bastante.
—Mientras tengas un casco, me vale —respondí.
—Tú mismo.
Mientras caminábamos hacia su remolque, noté que el viento había arreciado. Decidí aceptar lo de la chaqueta cuando llegáramos al lago.
—¿Adivina quién me dejó de piedra esta mañana? —dije mientras nos alejábamos.
—¿Quién?
—Mi madre.
—¿En serio? ¿Mavis? ¿Qué quería?
—Vino a advertirme sobre los Devil's Rangers. Al parecer, han puesto precio a mi cabeza. A la mía y a la de The Judge.
Tank se rio.
—¿De verdad?
—Quizá debería avisarle —dije, sonriendo yo también.
—Podría resolvernos todos los problemas —dijo Tank—. Sobre todo si acaba con todo su capítulo. Si alguien puede hacerlo sin despeinarse, es él.
Asentí y saqué el móvil.
—¿Qué haces? —preguntó Tank.
—Voy a mandarle un mensaje. Para avisarle —dije mientras tecleaba.
—Buena idea. Estoy deseando ver qué responde.
Nunca le había mandado un mensaje a Jordan, pero no me apetecía molestarlo con una llamada, teniendo en cuenta a qué se dedicaba.
El lago estaba desierto cuando llegamos, cosa que no me sorprendió, teniendo en cuenta que era martes y la mayoría de la gente estaba trabajando. Después de bajar las motos y arrancarlas, Tank me lanzó su otra chaqueta Columbia.
—Gracias —dije mientras me quitaba la de cuero—. Hace más frío de lo que pensaba.
—Estamos a unos cuatro bajo cero —dijo—. No tiene sentido quedarse tieso de frío.
Conforme, me subí la cremallera de la chaqueta y cogí un casco.
—¿Por dónde quieres ir?
—Por los alrededores del lago —dijo mientras cerraba la camioneta, después de que guardara mi chaqueta de cuero en la cabina—. Vamos allá, hermano.
Nos montamos en las motos y solo tardé unos segundos en acostumbrarme a la mía.
Al cabo de un rato, empezamos a correr hacia el otro extremo del lago, intentando adelantarnos el uno al otro.
Al final me puse en cabeza, al ser el más ligero, y dimos la vuelta para regresar por el mismo camino.
Pasamos la siguiente hora y media recorriendo el lago, persiguiéndonos y partiéndonos de risa.
Cuando llegó el momento de cargar las motos en el remolque y volver al club, ninguno de los dos podía dejar de sonreír.
Los inviernos en Jensen eran largos y ya echaba de menos mi moto, pero montar en esa moto de nieve había sido genial.
—Necesitaba esto. Gracias por invitarme —le dije.
—De nada, hermano. Los dos lo necesitábamos. Ha sido un buen rato.
—Ya lo creo —dije mientras sujetábamos las motos en el remolque—. La próxima vez deberíamos ir a los senderos del norte.
—Eso mismo pensaba yo. Como el año pasado. Hacer una salida de todo el día.
—Desde luego.
—Tienes que aprovechar todo lo que puedas antes de que llegue ese hijo tuyo. En cuanto Adriana dé a luz, no tendrás mucho tiempo libre.
—Tienes razón.
Cuando las motos quedaron bien sujetas, me puse otra vez la chaqueta de cuero y volvimos a subirnos a la camioneta. Al oír el móvil, lo saqué.
—¿Quién es?
—The Judge me ha dejado un mensaje —dije mientras lo leía.
—¿Qué dice?
Sonreí.
—Acertaste. Dice que se encargará de ello.
—Te lo dije. ¿Qué más dice?
—Nada más.
—Vaya.
Le mandé otro mensaje para preguntarle qué significaba eso.
Me llamó.
—Significa que no te preocupes, me estoy ocupando del asunto —dijo.
—¿Viste la noticia sobre ese tipo de Hayward? ¿El que asesinaron? Era el hermano de April.
—¿Quién es April? —preguntó.
Se lo conté.
Guardó silencio durante unos segundos.
—¿Dónde está ella ahora?
—No tenemos ni idea.
—¿Sabes cómo se apellida?
—No.
—¿Te importa?
—Aparte de que ayudó a salvar a mi chica, no mucho. Pero me jodería que la mataran.
—Lo mismo digo —dijo Tank en voz alta—. Esa mujer está demasiado buena para morirse.
—Investigaré el asesinato de su hermano y veré qué puedo averiguar. En cuanto al resto de esos cabezas huecas de Hayward, estarás leyendo sus esquelas en una semana.
—Me alegro de que seamos familia. No me gustaría tenerte como enemigo.
—Acid era familia.
Ahí estaba. Acababa de admitir que había matado a su viejo.
—Hablando de familia, Mavis se presentó en mi casa esta mañana. Quería que te dijera que sentía haber sido una madre pésima y habernos abandonado a los dos. Acid la aterrorizaba.
—Seguro que sí. Pero no le tengo ninguna compasión. Tomó sus decisiones y la mayoría fueron egoístas.
—Estoy de acuerdo.
—Tengo que colgar. Estoy en medio de algo.
—¿Un encargo?
—Te avisaré cuando el Capítulo de Hayward de los Devil's Rangers deje de ser un problema —dijo, ignorando mi pregunta.
—¿Seguro que no quieres que quedemos en Navidad? —bromeé, esperando una respuesta chulesca. Pero simplemente colgó.
Miré a Tank mientras guardaba el teléfono.
—Creo que le estoy cayendo bien.
Tank gruñó.