Capítulo veintisiete
Adriana
Cinco minutos antes…
No perdí ni un segundo en sacar a Brandy del dormitorio de Skull, y April nos ayudó a escapar antes de que Mud terminara de ducharse.
Cogimos una manta del otro dormitorio, envolvimos a Brandy y salimos corriendo del edificio.
Al llegar al coche de April, me di cuenta de que me había dejado la escopeta dentro.
—Ni se te ocurra volver a entrar a por ella —dijo April—. Así muere la gente en las películas. Alguien vuelve a por algo que cree necesitar pero que en realidad no le hace falta.
—Tienes razón —me volví hacia Brandy, que miraba al vacío por la ventanilla—. Deberíamos llevarla a un hospital. Y llamar a la policía.
—¿Estás segura de que quieres hacer eso? Le arrancó los huevos de un mordisco, ¿sabes? Lo mató —dijo April mientras arrancaba—. A la que van a encerrar es a tu amiga si ven lo que hizo.
—Pero nos secuestraron y la violaron. Lo hizo por desesperación. Tienen que entenderlo.
—Supongo que un abogado podría conseguir que la absolvieran alegando enajenación mental transitoria —respondió.
—Yo no lo hice —susurró Brandy.
Me volví hacia ella.
—Brandy, ¿estás bien?
Brandy asintió.
—¿Qué has dicho? —preguntó April.
Se aclaró la garganta y habló más alto.
—He dicho que yo no lo hice. Yo no lo maté.
—Chica, no sé si eres consciente, pero le arrancaste parte de los huevos de un mordisco y se desangró. Eso fue lo que lo mató, sin duda —dijo April.
Negó con la cabeza.
—No. Un hombre se coló mientras Skull me violaba. Lo inmovilizó con una llave al cuello hasta que perdió el conocimiento. Luego —hizo una mueca— cogió el cuchillo y lo rajó. No me explico cómo Skull no se despertó. Tuvo que dolerle muchísimo, y había tanta sangre...
—¿Así que el tipo que lo inmovilizó es el que le cortó los huevos? —preguntó April.
—Sí. Y me pidió que no le contara a la policía que lo había visto.
La miré atónita.
—¿Me estás tomando el pelo?
—No.
—¿Y la sangre de tu cara? —pregunté al darme cuenta de que no habíamos conseguido limpiársela del todo.
Brandy soltó un suspiro entrecortado.
—Me la puse yo. Para que pareciera que lo había matado yo misma.
—¿Para qué tomarte tantas molestias? —preguntó April, horrorizada.
—No lo sé. Quizá porque el tipo que mató a Skull fue muy amable conmigo y no quería que lo detuvieran —dijo, volviendo a mirar por la ventanilla.
—¿Amable? —dijo April con una sonrisa irónica—. Bueno, la salvó. Eso sí fue amable.
—¿Era un Gold Viper? —le pregunté a Brandy.
—No lo sé. No creo.
—¿Cómo era? —pregunté con curiosidad.
—Había poca luz, así que apenas le vi el pelo oscuro. Creo que era guapo. La verdad es que no estoy segura de nada más.
—¿Dijo algo más? —preguntó April.
—Me dijo que también iba a por Mud —dijo, y gruñó—. Gracias a Dios, porque Trevor nunca habría venido a rescatarme. A ti quizá, pero a mí no.
—Ya —murmuré.
—Me odia —dijo con tristeza.
—Trevor no te odia. Eso está clarísimo —dije, frustrada.
—Bueno, desde luego no me quiere. No como a ti, al menos.
—Ese hombre no sabe lo que es el amor —me pasé la mano por el pelo—. Si lo supiera, no se habría acostado contigo ayer —le recordé.
—No nos acostamos.
Tardé un momento en responder.
—¿Qué quieres decir?
—Ayer me acosté con alguien, pero no era él. Era un tipo que conocí en el Griffin's. Pensaste que era Trevor porque yo tenía su teléfono.
—¿Y qué hacías tú con su teléfono? —preguntó April. Sonrió con cierta vergüenza—. Perdona, no sé quién es ese Trevor, pero ya estoy metida en el drama. Necesito saberlo.
Me volví y miré a Brandy sin dar crédito.
—¿Entonces no era él?
Asintió.
—No pretendía engañarte. Te lo juro por Dios. Marqué tu número sin querer.
—Pero te oí decir su nombre —dije, confundida.
—Es que quería que fuera él. Me imaginé que era él —se echó a llorar—. Pero no lo era. Todavía lo quiero, no puedo evitarlo. Siento haber sido tan borde. Normalmente no soy así.
No pude evitarlo: al ver su cara magullada y pensar en todo lo que había pasado en las últimas horas, sentí lástima por ella. Alargué el brazo hacia el asiento trasero y le apreté el hombro.
—Tranquila, Brandy.
—No, no lo está. De verdad que no —sollozó—. Sé cuánto te quiere y he estado tan celosa y cabreada. Pero la verdad es que no me lo merezco. Le puse los cuernos con un montón de tíos. Y no solo con los que él sabe.
—No lo entiendo, Brandy. ¿Por qué le pusiste los cuernos a Trevor así? —le pregunté—. Si lo querías tanto...
—No lo sé. Es que... a veces me ponen tan cachonda otros tíos que no puedo evitarlo.
—No lo quiere —dijo April—. Por eso.
—Sí lo quiero —protestó—. Pero a veces creo que... en realidad soy adicta al sexo, sobre todo con desconocidos.
—¿O sea que eres adicta al sexo? —dijo April.
Se encogió de hombros. —Puede ser. Supongo que tiene sentido. Ni siquiera me importó demasiado acostarme con Skull.
April ahogó un grito. —¿Incluso cuando te estaba violando?
—Estoy un poco mal de la cabeza. Qué le voy a hacer... —dijo, con cara de asco consigo misma.
—Puedes buscar ayuda —dije—. Tratamiento.
Sonrió con amargura. —La verdad es que no sé si estoy preparada. Me gusta demasiado.
—Estoy segura de que muchos drogadictos sienten lo mismo, y por eso acaban sin nada si no dejan de consumir. En cualquier caso, necesitas buscar ayuda. Al menos hazlo por el bebé —dije.
—¿Estás embarazada? —preguntó April, mirándola por el espejo retrovisor.
Brandy soltó una risita nerviosa. —En realidad, respecto a eso... No estoy embarazada.