Capítulo Veinte
Raptor
—¿Qué pasa con Adriana? —preguntó Slammer cuando colgué con Vanda.
—La tienen —dije enfadado. Me temblaban las manos de lo cabreado que estaba—. ¿Dónde está Misty?
Tank dijo que creía que se había ido.
—Se fue —dijo Slammer, sacando su móvil—. Voy a avisar. Que todos sepan lo que está pasando. Puede que hasta llame a Bastard por esto.
Intentando no perder los papeles, me dirigí hacia la salida. Estaba furioso pero también aterrorizado. Por Adriana. Si eran ellos los que la habían secuestrado, puede que ya estuviera muerta.
—¿Adónde vas? —preguntó Tank, siguiéndome.
—Voy a casa de Misty y luego a Minnesota si hace falta —dije con la voz quebrada—. Tengo que encontrarla, hermano.
—Voy contigo —dijo cuando salimos de nuevo al frío—. ¿Llevas arma?
Me di la vuelta. —Todavía no, pero la llevaré.
—No te preocupes por ir a casa a por tu pistola. Tengo algo en la caja fuerte para los dos. Espera —dijo, dándose la vuelta.
Lo esperé en mi camioneta. Cuando volvió a salir del bar, Slammer iba con él.
—Viene con nosotros —dijo Tank, pasándome un revólver.
Metí la pistola en la guantera. —Vale. Vamos a casa de Misty, ¿no?
—Sí. Os seguiré en mi vehículo —dijo Slammer, señalando su Yukon Denali negro.
Tank se subió a mi camioneta y empezó a hacer llamadas a otros miembros del club, diciéndoles que estuvieran preparados para recibir instrucciones.
—¿Crees que Misty sabe algo de esto? —preguntó entre llamadas.
—No lo sé, pero la mato —dije apretando los dientes— si no nos ayuda a encontrar a Adriana.
—Lo hará cuando le echemos el guante. La haremos contárnoslo todo, aunque tengamos que sacárselo a golpes. ¿Sabes dónde vive?
—Más o menos. Vive en ese parque de caravanas cerca de St. Peter’s, ¿no?
—Sí. ¿Sabes en qué caravana?
—No.
—Te indicaré el camino.
—Vale.
Cuando llegamos a casa de Misty, su coche estaba aparcado en el pequeño camino de entrada y la luz estaba encendida.
Slammer aparcó detrás de mí y todos nos bajamos.
—Sabía que erais vosotros. ¿Qué hacéis aquí? —preguntó Misty, abriendo la puerta principal antes de que tuviéramos oportunidad de llamar. Soltó una nube de humo y sonrió—. ¿Venís de fiesta?
—No. Venimos a hablar —dije bruscamente, intentando mantener la calma.
—¿Hablar? ¿Ahora? —preguntó, pareciendo sorprendida. Se apartó para que pudiéramos entrar—. ¿Esto no podía esperar hasta mañana?
Entramos en la caravana; olía al perfume afrutado que siempre llevaba y a cigarrillos rancios.
—En serio —continuó—. ¿Qué es tan importante como para que los tres tengáis que venir hasta aquí cuando podríais haberme llamado?
—Déjate de gilipolleces —dije, dándome la vuelta para mirarla, con el corazón latiéndome en el pecho. Tenía ganas de agarrar a esa zorra falsa y manipuladora y estamparla contra la pared—. ¿Dónde demonios está Adriana?
—¿Tu Vieja? —Misty abrió los ojos de par en par—. ¿Por qué iba yo a saber dónde está ella?
Slammer suspiró y sacó una pistola. —Basta de mentiras, Misty. Dinos dónde está o te vuelo la maldita cabeza. No tenemos tiempo para estas mierdas. La vida de una chica está en peligro.
Ella retrocedió un paso. —¿Por qué me contáis todo esto? —preguntó, con cara de susto—. No tengo ni idea de qué estáis hablando.
—Sabemos todo sobre ti y tus tratos con los Devil’s Rangers —espetó Tank.
—¿Los Devil’s Rangers? —se rio nerviosa—. ¿De qué estás hablando, Tank? ¿Por qué iba yo a tener tratos con ellos?
Slammer la agarró del brazo. —Esa es la pregunta, ¿verdad? —Le puso la pistola en la frente—. ¿Por qué nos traicionarías por esos cabrones?
Empezó a llorar. —Por favor, no me matéis. No sé nada de Adriana. Lo juro por Dios.
—Mentirosa —dije, sintiéndome tan frustrado que quería agarrarla y sacudirla hasta que dijera la verdad—. La tienen y tú lo sabes. ¿Dónde se la han llevado?
Negó con la cabeza rápidamente. —No lo sé. No lo sé. Por favor, tenéis que creerme.
Su móvil, que estaba sobre la mesita de café delante del sofá, empezó a vibrar. Tank se inclinó y lo cogió. —Parece que tienes un mensaje de texto, Misty —dijo, pulsando algunos botones—. De alguien llamado «M». ¿Quién es «M»?
—Mi madre —dijo rápidamente. Extendió la mano—. Está muy enferma. Necesito leer el mensaje.
Tank gruñó. —No te preocupes, te lo leo yo.
—Por favor, dame el teléfono —suplicó ella con los labios temblándole.
—Dice que tienes que largarte de la ciudad, Misty —dijo Tank con una sonrisa burlona—. ¿Qué crees que significa eso?
—Que me necesita —dijo ella.
Tank puso cara de asco. —¿Sigues con el jueguecito, eh? ¿De verdad crees que somos tan imbéciles? —Tecleó algo en el móvil de ella y lo envió.
Misty se quedó blanca. —¿Qué has escrito?
—Le he preguntado a «M» que por qué.
—Parece que te está entrando calor, Misty —dijo Slammer, fijándose en las gotas de sudor de su frente.
—Tú también sudarías si te apuntaran a la cabeza con una pistola —le espetó.
El teléfono volvió a vibrar. Tank leyó el mensaje en silencio y luego me miró.
—¿Qué dice? —pregunté.
Tank me miró a los ojos. —Dice que tienen algo de Raptor y que irá a buscarlo.
—Pillada —dijo Slammer.
Me miró. —Te juro por Dios que no tenía ni idea de que iban a hacer algo así.
La miré incrédulo. —¡Basta de mentiras!
—Tus palabras no valen una mierda ahora mismo —gruñó Slammer con voz amenazante.
Tank tecleó algo más y lo envió.
—¿Qué has puesto? —pregunté mientras iba de un lado a otro del tráiler.
—Que qué significa exactamente eso.
A los pocos segundos, el teléfono volvió a vibrar.
—Dice que no se preocupe y que tiene que ir a Minnesota —leyó Tank...
—Esto es una mierda. Dame el teléfono. Voy a llamarle —dijo Slammer.
—¿Crees que es buena idea? —preguntó Tank.
—¿Se te ocurre algo mejor? La vida de Adriana está en juego. Tenemos que resolver esto sin que le pase nada —dijo Slammer.
Tank suspiró y le pasó el teléfono.
Slammer empujó a Misty hacia mí.
—Lo siento mucho —sollozó—. No pensé que fueran a secuestrar a tu chica.
—¿Y qué coño pensabas que iban a hacer? —le espeté.
—No lo sé. Yo...
—Cállate, Misty —advirtió Slammer mientras ponía el altavoz.
—¿Sí? —dijo la voz. Era Mud, sin duda.
—Soy Slammer.
Hubo una larga pausa. —Slammer, ¿eh? ¿Qué pasa?
Slammer soltó una risa fría. —¿Que qué pasa? Sabes perfectamente qué pasa. ¿Dónde os habéis llevado a Adriana?
—¿Adriana? ¿Qué Adriana? —respondió con tono aburrido.
Apreté los dientes. —Sabes perfectamente quién.
Mud se rio. —¿Eres tú, Raptor? ¿Qué tal te va últimamente?
Lo mandé a la mierda. —Suéltala o...
—¿Tú qué? —gritó—. ¿Vas a mandar a El Juez a buscarme? ¿A tu hermano loco y psicópata?
Slammer y yo nos miramos.
Mud se rio. —No os lo esperabais, ¿eh?
—Déjate de gilipolleces. ¿Qué quieres? —preguntó Slammer.
—Creo que ya sabéis la respuesta.
—Pues no, me temo que no. ¿Por qué no nos lo deletreas? —dijo Slammer, cabreado.
Suspiró. —Al principio solo quería vengarme, sin más, por toda la mierda que nos habéis causado.
Quemar nuestro edificio, amenazarnos con esa historia de que teníais pruebas de que estábamos metidos en la muerte de Krystal.
O sea, ¿de dónde coño os sacáis eso? Seguro que Tank la mató mientras se tiraba a esa zorrita.
—¡Hijo de puta! —gruñó Tank—. Estás muerto, tío. ¡Muerto!
—¡Cierra el pico, chaval! —gritó Mud—. Aquí el que manda soy yo y el que tiene la mercancía soy yo, ¡así que escucha y cállate la boca!
—¿Qué quieres? —preguntó Slammer antes de que Tank pudiera responder.
—He estado pensando —respondió con voz más amigable—. Ya ha habido bastantes muertes, ¿no creéis?
—Desde luego que sí, y esa chica que tienes, ¿Adriana? Tienes que soltarla. Si no lo haces, la guerra que hemos tenido hasta ahora te va a parecer un juego de niños —advirtió Slammer—. Te lo digo muy en serio. Suéltala.
—En realidad, tengo a dos chicas que deberían llegar en breve. Adriana y otra que se llama Brandy. Si no recuerdo mal, vosotros dos tuvisteis un rollo, ¿no, Raptor?
Abrí los ojos de par en par. —¿También tienes a Brandy?
—Fue un accidente. Afirmó ser tu Vieja cuando la recogimos a las afueras de tu casa. Por suerte, confesó quién era tu verdadera Vieja y ahora las tenemos a las dos.
—¿Están heridas? —preguntó Slammer.
—Están vivas. Es todo lo que necesitas saber.
—Escúchame, Mud, Brandy está embarazada —dijo Slammer, mirándome—. Si alguien le pegó, puede que necesite un médico.
Mud se rio. —¿Embarazada, eh? Mala suerte. ¿Es tu cría, Raptor?
Lo mandé a la mierda.
Se rio.
—Basta. ¿Qué quieres de nosotros? —preguntó Slammer.
—Quiero doscientos cincuenta mil para empezar. También quiero a The Judge. Dame esas dos cosas y te daré lo que quieres.
Maldije. Doscientos cincuenta mil dólares. No tenía tanto dinero. Mi casa ni siquiera valía eso.
—¿Por qué quieres a The Judge? —preguntó Slammer.
—Mató a Breaker. ¿Por qué crees?
—¿Me estás diciendo que todo esto es por ese mierda de Breaker? —se burló Slammer, mirándonos con incredulidad.
—Era un Devil's Ranger. No me dirás que no querrías vengar la muerte de uno de tus hermanos —respondió.
—No tendría a un desgraciado como ese en mi club y desde luego no lo consideraría un hermano —replicó Slammer.
—Mentiroso. Tienes varios degenerados en tu club. ¿De qué coño hablas? —dijo Mud.
—Estás delirando —dije—. Nosotros no violamos a mujeres inocentes. No nos hace falta.
—Eso es graciosísimo —dijo, riéndose—. Todos actuáis como si fuerais unos monaguillos, pero a mí no me engañáis. Además, Misty cuenta otra historia.
Todos la miramos y negó con la cabeza rápidamente.
—Hablando de Misty, la tenemos nosotros, obviamente —dijo Tank—. ¿Te interesa un intercambio?
Mud se rio. —¿Para qué coño querría a Misty? No me sirve de nada. No ahora, al menos.
Misty se quedó boquiabierta. —¿Perdona?
—Oh, ahí está. ¿Disfrutando de la conversación, cariño?
—Que te jodan, Mud —espetó.
—Ya lo hice y aun así no vales el intercambio. Sin ánimo de ofender.
Se le llenaron los ojos de lágrimas. —Tú... me mentiste. Dijiste que siempre cuidarías de mí.
—Eso fue Breaker. No recuerdo haberte dicho nada más que «agáchate para hacértelo a lo perrito». —Aulló de risa con su propia broma.
—¡Vete al infierno, cabrón! —gritó, mirándonos avergonzada.
—¿Puede alguien hacerla callar? Me está dando dolor de cabeza —dijo Mud, ya sin reírse.
Estaba a punto de insultarlo de nuevo cuando Tank la señaló y dijo «Basta» moviendo solo los labios.
La mirada de Misty se endureció.
—A ver si lo he entendido bien —dijo Slammer—. ¿Te damos doscientos cincuenta mil y dejas ir a esas chicas?
—El dinero junto con The Judge —respondió—. Os las entregaré.
—No creo que vaya a colaborar voluntariamente —dijo Slammer.
—Ese es vuestro problema. Os doy hasta mañana a medianoche. Quiero el dinero en billetes sin marcar, por cierto, y a ese imbécil entregado, o el trato se cancela.
—¿Dónde hacemos este intercambio? —preguntó Slammer, como si fuera factible.
—No os preocupéis por el lugar ahora. Preparadlo todo y llamadme cuando tengáis los demás detalles resueltos.
—No sé. Vamos a necesitar más tiempo —dijo Slammer.
—Lo tomáis o lo dejáis —respondió.
Slammer me miró. —Lo tomamos.
—Eso pensaba —respondió, y colgó.
—¿De verdad vas a pagarle a ese imbécil? —preguntó Tank.
—Qué va —respondió, sonriendo—. Lo que pasa con Mud es que nunca piensa bien estas cosas.
—¿Y Adriana? —pregunté, frustrado—. Necesito recuperarla.
—No te preocupes, Raptor. La recuperarás —dijo Slammer, sacando el teléfono—. De hecho, voy a localizar a The Judge ahora mismo.
—O sea, que vas a pagarle a Jordan y no a Mud —respondí, algo más relajado.
—Por supuesto. Quiere a The Judge, y eso es lo único que vamos a asegurarnos de que consiga. Creo que a The Judge también le interesará la obsesión de Mud con él. Joder, quizás hasta mate al hijo de puta sin cobrar nada.
—Si acepta ayudarnos, quiero estar allí cuando ocurra. Quiero asegurarme de que Adriana no salga herida cuando todo esto acabe —dije.
—Yo también —dijo Tank—. Quiero que pague por esto.
Miró a Misty, que estaba escuchando.
—¿Qué hacemos con ella?
—Oye, yo soy inocente en todo esto —dijo ella rápidamente—. Quiero decir, al menos en lo de Adriana.
—Cállate, Misty —dije, con la paciencia agotada.
—No puedo creer que hayas hecho todo esto por Breaker —dijo Tank, mirándola con asco—. Un violador convicto. ¿Qué clase de persona enferma eres?
—Uno no elige de quién se enamora y… te juro por Dios que no le conté nada a Mud sobre Adriana ni sobre Brandy —dijo, llorando de nuevo—. Quería saber de los negocios de vuestro club. Yo ni siquiera sabía mucho de eso. Apenas le di información. Os lo juro…
—¿Eso es todo, eh? —Slammer soltó una risa fría—. ¡Llevas espiándonos desde el día en que te contraté! Pasándoles información. Tienes suerte de que no te metamos una bala en la cabeza.
Ella abrió mucho los ojos.
—No, no os estaba espiando entonces. Conocí a Breaker después de que me contrataras.
—Da igual —respondió él—. Nos jodiste y ahora vas a ayudarnos a joder a Mud. ¿Me entiendes?
Asintió rápidamente.
—Sí. Lo que queráis. Lo haré.
—Ya lo creo que lo harás —dije con rabia—. Y si Adriana muere, tú también estás muerta.