Capítulo Once
Mud
—¿Estás seguro de eso? —preguntó el presidente de los Devil's Rangers.
—Sí —dijo la voz al otro lado del teléfono—. Slammer contrató a The Judge para el trabajo.
—Me lo imaginaba —cerró los ojos y se frotó el puente de la nariz—. ¿Y dices que está emparentado con Raptor?
—Son hermanastros. Su verdadero nombre es Jordan Steele.
—¿Cómo conseguiste esta información?
—Digamos que su madre, Mavis, no aguanta el alcohol. Está en la ciudad y anoche hizo un nuevo amigo en el Sal's.
El Sal's era un antro de mala muerte en Jensen, frecuentado sobre todo por yonquis, camellos y putas.
—¿Sabes cómo encontrarlo?
—¿A The Judge?
—Sí.
—Puede que sí. ¿Estás seguro de que quieres encontrarlo?
La verdad era que no lo estaba. Pero ya había perdido demasiado y necesitaba recuperar su reputación. Ahora mismo parecía un cobarde. —Mató a Breaker. Tengo que vengar su muerte.
—Sí, pero ¿de verdad crees que puedes acabar con él tú solo? No es un tipo fácil de matar. Has oído las historias.
The Judge era un exterminador. Un asesino.
Un lobo solitario. Tenía una reputación impecable no solo por hacer el trabajo, sino por no dejar nunca ni rastro.
Solo un puñado de personas sabía siquiera que existía.
Al menos así había sido hasta que Mavis abrió la boca.
Para Mud, esto sería la perdición de The Judge.
—He oído las historias, pero es solo un tipo. Uno que sangra como el resto de nosotros —dijo.
Su informante se rio. —Ahí está la cosa: te metes con él y puede que seas tú el que acabe sangrando.
Mud sacó un cigarrillo. —No si voy a por él primero. O si mando a otro. Joder, le daré la vuelta a esto y lo pondré a él en una lista negra.
Hubo una larga pausa. —Ya tiene una recompensa por su cabeza. Y gorda.
—Me lo imaginaba. ¿Cuánto? —preguntó mientras encendía el cigarrillo.
—Un millón.
Tosió. —¿En serio? ¿Y nadie lo ha matado todavía?
—Ha habido varios intentos. A un tipo que fue a por él lo encontraron colgado de un puente. A otro lo dejaron en el jardín de la casa del que ofrecía la recompensa. No me puedo creer que no hayas oído las historias.
—Tengo mis propios problemas. No tengo tiempo para chismes. Entonces, ¿quién es el que ofrece la recompensa?
—Un pez gordo de la política al que The Judge le mató al hijo.
—¿Cómo se llama? —preguntó Mud.
Se lo dijo.
—Es senador, o algo así, ¿no?
—Sí.
—Me acuerdo de oír esa historia en las noticias el año pasado. ¿No pensaban que había sido un robo de coche?
—No, eso es lo que querían que creyera el público.
Corre el rumor de que el hijo prodigio estaba metido en pornografía infantil.
Por razones obvias, el senador no quería que se filtrara la información.
En fin, puede que pareciera un robo de coche que salió mal, pero fue un encargo.
Papá se enteró y ahora tiene una vendetta contra The Judge.
—¿Sigue pagando?
—¿El político?
—Sí.
—Creo que sí.
Mud dio una larga calada al cigarrillo y exhaló un aro de humo. —Creo que sé cómo hacer que salga de su madriguera ese cabrón.
—¿The Judge?
—Por supuesto.
—¿Cómo?
—Su hermano. Raptor.
—No creo que sean una familia muy unida —respondió el hombre, con tono divertido.
—Puede que no, pero apuesto a que sabe cómo localizarlo.
—Aunque lo sepa, dudo que Raptor te suelte esa información.
—Lo hará si tengo algo suyo. Algo de valor.
—¿Como qué?
Mud sonrió. —Su Vieja.