Capítulo Diez
Raptor
Aún aturdido por las acusaciones de Adriana, intenté llamarla de vuelta, pero no contestó. Enfurecido, me di la vuelta y estampé el puño contra la pared.
—¿Estás bien? —preguntó Misty, acercándose rápidamente.
—¿Te parece que estoy bien? —gruñí, girándome para mirar a Brandy, que me observaba desde detrás de la barra. Sus ojos estaban llenos de miedo y algo me decía que ella sabía más que yo sobre lo que estaba pasando.
—Te sangran los nudillos —dijo Misty, tendiéndome una toalla blanca.
La ignoré y me dirigí furioso hacia Brandy, que estaba acobardada.
—¿Qué pasa? —preguntó, temblando.
—Tú. En la trastienda. ¡Ahora!
Agarró un vaso y lo llenó de hielo.
—Estaba preparando una bebida para un cliente. No puedo.
—Me importa una mierda lo que estuvieras haciendo —espeté—. Necesito hablar contigo. Ahora.
—Cálmate, amigo —dijo un hombre trajeado, en tono condescendiente—. Estás montando una escena.
Aún más furioso porque este tipo estaba metiendo las narices donde no le llamaban, le lancé una mirada venenosa.
—No te metas, amigo —escupí, casi esperando que no me hiciera caso. La rabia y la adrenalina que me recorrían las venas ansiaban desahogarse con alguien. No tocaría a Brandy, pero el desconocido serviría perfectamente—. Esto no te concierne.
—¿Es tu ex? —preguntó el hombre, mirando ahora a Brandy.
Ella sonrió débilmente.
—Ya veo por qué no estáis juntos —dijo, y se volvió hacia Misty—. Misty, ¿verdad? ¿Dónde está el gorila? Creo que alguien debería asegurarse de que este tipo no haga daño a nadie.
—Cierra el pico y eso no pasará —dije, haciéndome crujir los nudillos.
—No me amenaces. Soy abogado.
Puse los ojos en blanco.
—En ese caso, me muero de miedo.
Me aparté de él.
—Brandy, mueve el culo a la trastienda. Tenemos que hablar.
—Tranquilízate, Raptor —dijo Misty—. Tiene razón. Estás montando una escena, algo que normalmente solo pasa por la noche. Estás asustando a la gente.
Antes de que pudiera responder, la puerta principal se abrió y Tank entró en el bar con Chopper.
—Gracias a Dios —murmuró Misty, suspirando aliviada.
—No estoy de broma —le dije a Brandy—. Tenemos que hablar. O lo hacemos en la trastienda o te pongo en evidencia aquí mismo. Tú eliges.
—Vale. Ya voy —resopló.
Brandy miró a Misty.
—¿Puedes terminarle la bebida a ese tipo? El de las gafas, al final de la barra. Quiere un gin-tonic.
—Sin problema. Si es que se queda —respondió, divertida.
—Eh, hermano —dijo Tank, acercándose. Arqueó una ceja—. ¿Qué pasa? Parece que estás a punto de explotar.
—No sé qué está pasando y ese es el problema —dije, saludando con la mano a Chopper, que se dirigía hacia el despacho de Slammer.
—¿Tiene algo que ver con lo que estábamos hablando antes?
—No —dije—. Tiene que ver con Brandy.
La miré de nuevo.
—Vamos. Sala de descanso.
—No tienes que hablarme así —murmuró ella, dirigiéndose hacia allí—. No soy un perro.
Tenía razón en eso. Los perros eran leales.