Sobrevivir al motero (Serie Gold Vipers MC nº 2) Capítulo ocho
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Capítulo ocho

Raptor

—¿Has encontrado algo? —le pregunté a Tank, sin entender aún por qué no había oído sonar mi teléfono.

Al revisar el registro de llamadas, comprobé que tenía razón.

Me había llamado varias veces, eso seguro.

Decidí llamar a mi operador de móvil y cantarles las cuarenta.

Estaba claro que algo fallaba, y como siempre, la culpa era suya.

—Sí. Por eso llevo intentando llamarte. Hemos descubierto un montón de mierda. Agárrate: Misty no solo se estaba liando con Breaker, sino que era su Vieja.

Abrí los ojos como platos.

—¿Qué?

—Sí. Al parecer, se liaron cuando él salió de prisión. Hemos encontrado correos suyos a Breaker y a Mud.

—¿Y por qué coño trabajaba para Slammer entonces? —dije. Misty estaba aún más pirada de lo que habíamos imaginado.

—¿No es obvio? Es la rata que llevamos buscando todo este tiempo. Está claro que trabajaba para nosotros antes de que Breaker palmara, para sacar información, y ahora lo hace por venganza. Por lo que dice en sus correos a Mud, esa tía quiere venganza y hará lo que haga falta para conseguirla.

Oía a Misty reírse desde la cocina y me hervía la sangre.

—¿Se lo has dicho ya a Slammer?

—Sí, está cabreado, pero no parecía muy sorprendido por lo que habíamos encontrado.

—¿Y ahora qué hacemos?

—Dice que está en ello. Ten cuidado con ella.

—Desde luego. ¿Y los demás? ¿Qué les decimos?

—Nada. Podrían cagarla si se enteran.

—Buen punto.

Los demás iban con buena intención, pero algunos no aguantaban el alcohol. Si Misty los emborrachaba, podría sonsacarles lo que quisiera.

—No me puedo creer que esa tía tenga la cara de venir aquí a hacer esta mierda —dije en voz baja.

—Sí. Muy jodido. Para mí, ella es tan culpable de la muerte de Krystal como Mud. ¿Quiere venganza? La va a tener. La mía. Esta vez voy a por todas, hermano. Van a rodar cabezas.

—Estoy contigo, tío. Lo que tú y Slammer necesitéis, cuenta conmigo. Sin preguntas.

—Te lo agradezco —dijo, y suspiró—. Solo espero que se le ocurra algo pronto, porque no sé cuánto más podré aguantar. Sobre todo ahora que sabemos lo que pasa.

—Lo sé. Me está costando no echarla a patadas ahora mismo.

—A mí me gustaría hacer algo más que eso —murmuró.

—Seguro que sí. ¿Vienes ya para acá?

—Sí. Estaremos ahí en unos diez minutos.

—Vale. Hasta ahora.

Después de colgar, terminé con los platos y volví al bar.

—Gracias por fregarlos —dijo Misty al verme—. Me has salvado.

—De nada —respondí, tan tranquilo—. Lo que sea por los clientes de Slammer.

—¿Ya te ha entrado hambre? —preguntó—. Benny debería llegar pronto. Entra a las cuatro.

Benny era el cocinero y hacía las mejores hamburguesas de la ciudad. La mayoría de la gente venía más por su comida que por las strippers.

—La verdad es que no me quedo. En cuanto llegue Tank, me piro.

—¿Adónde vas? —preguntó Brandy, que se acercó a nosotros.

—Tengo cosas que hacer. ¿A qué hora terminas?

—A las seis.

—¿Vas directa a casa?

—Esa era la idea —entrecerró los ojos—. ¿Por qué?

—Adriana va a venir —respondí mientras abría la cartera. Saqué un billete de cincuenta dólares—. ¿Por qué no vas al cine o a cenar con alguna amiga?

—Ah, ya lo pillo: no me quieres cerca cuando venga tu «Vieja» —dijo con un tono cargado de desprecio.

—Sería menos incómodo.

Para Adriana. A mí me daba igual.

—¿Por qué es tan «incómodo» si no hay nada entre nosotros? —preguntó mientras se guardaba el dinero en el bolsillo delantero de los vaqueros.

—Sabes perfectamente por qué, así que deja de hacerte la listilla —dije, y saqué el teléfono del bolsillo de la chaqueta—. Venga, ¿puedes dejarnos un rato a solas? Solo te pido un par de horas.

—Claro. ¿La vas a llamar ahora?

—Estoy en ello —levanté la vista—. ¿Por qué?

—Por nada.

—Oye, Brandy, ¿puedes atender esa mesa? —preguntó Misty cuando se sentaron dos clientes nuevos—. Voy a salir a fumar un pitillo.

—Por supuesto.

Las dos se alejaron y llamé a Adriana. Necesitaba oír su voz.

Me jodía que llevara dos semanas evitándome y que yo se lo hubiera permitido.

Había sido un error mío, y no iba a dejar que volviera a pasar, aunque Brandy estuviera embarazada de mi hijo.

Pasara lo que pasara, Adriana era parte de mi futuro, y que me partiera un rayo si dejaba que algo se interpusiera entre nosotros.

Me saltó el buzón de voz. Le dejé un mensaje y después le envié otro de texto para decirle lo emocionado que estaba por verla.