Capítulo Siete
Adriana
Me quedé mirando al vacío, horrorizada, mientras los sonidos de la pareja follando me revolvían el estómago. Reconocí la voz de la mujer de inmediato: era la de Brandy, y el nombre que había gritado me había destrozado.
Trevor.
Colgué el teléfono y lo lancé al otro lado de mi habitación, llorando. Comprender lo que estaba pasando parecía doler más que cualquier cosa que hubiera vivido antes. Incluso la muerte de mi padre y de mi mejor amiga quedaban eclipsadas por el dolor desgarrador que sentía en ese momento.
¿Cómo pudo hacerme esto?
Me metí en la cama, me acurruqué hecha un ovillo y sollocé.
No tenía ninguna duda de que el bebé de Brandy era de Trevor y de que él había mentido sobre todo.
Mi madre había tenido razón sobre él desde el principio.
El hombre no era más que un cerdo despreciable y juré no volver a creer jamás una sola palabra suya.