Capítulo Cinco
Raptor
Cuando llegué al Griffin's, Misty y Brandy estaban detrás de la barra, enfrascadas en una conversación.
—¿Qué pasa? —pregunté, parándome junto a un par de caras conocidas. Eran poco más de las dos y el ajetreo del almuerzo parecía haberse reducido a los parroquianos de siempre, incluidos Horse y Buck.
—Raptor —dijo Horse, alzando su cerveza a modo de saludo.
—¿No trabajas hoy? —le pregunté. Era mecánico y solía echar más de cincuenta horas semanales en su taller, así que me sorprendió verlo por el Griffin's un lunes por la tarde.
—Me tomé el día libre —dijo, y se le borró la sonrisa—. Total, tenía que llevar a mi Vieja al aeropuerto esta mañana.
—¿Adónde va? —pregunté, sentándome a su lado.
—A California. Su hermana tiene cáncer y va a estar con ella, a darle apoyo moral. Debería haber ido yo también —murmuró Horse, con la vista clavada en su cerveza—. Soy un imbécil.
—Todavía puedes coger un vuelo, ¿no? —pregunté, mirando por encima de su hombro—. Eh, Buck.
—Eh, Raptor —respondió, sin apenas mirarme. Misty estaba frente a él, inclinada de forma que le ofrecía unas vistas privilegiadas de su escote. Hablaba con Brandy sobre el inventario mientras le enseñaba una lista.
Horse asintió.
—Sí. Me dijo que no hacía falta que fuera, pero se notaba que solo intentaba ser amable. Sabe lo liado que ando.
—Sí, ocupadísimo —se rio Buck, chocando su botellín con el de Horse.
—Pues sí que lo estoy —dijo, serio—. Tengo tres jaulas que debería estar arreglando y mírame. Aquí sentado, perdiendo el tiempo. Es que... —se frotó la frente—. Me sentí como un cabrón por dejarla ir sola. Necesitaba una copa.
—¿No tienes otros mecánicos que te echen una mano? —pregunté, acordándome de que se había quejado de un par de ellos.
—Despedí a Mikey la semana pasada por cagarla una vez de más, y el otro, Bob, hace lo que puede —miró a Misty—. Guapa, ¿me pones un refresco? Debería despejarme y volver al taller.
Misty sonrió y cogió un vaso.
—Claro, lo que quieras, Horse. ¿Coca-Cola?
—Vale, eso mismo.
—¿Y tú, Raptor? —preguntó Brandy, que llevaba una camisola blanca bajo un chaleco vaquero que le marcaba el pecho. Se puso la mano en la cadera y sonrió con coquetería—. ¿Ves algo detrás de la barra que te apetezca?
—Si él no ve nada, yo sí —se rio Buck.
—Ponme lo mismo que a Horse —dije, sacando la cartera.
—¿Refresco para ti también? ¿Tienes mucho lío hoy? —preguntó Misty, pasándole el vaso a Horse.
—Algo así —respondí, girándome hacia el escenario cuando empezó a sonar una canción ochentera, «Hey Mickey». Una rubia voluptuosa con coletas y uniforme de animadora empezó a agitar los pompones y a moverse al ritmo.
—Ojalá me la soplara a mí —dijo Buck mientras la cantante gritaba la conocida letra. Soltó una risita—. Entre otras cosas.
—Debería dedicarme al striptease —dijo Brandy, inclinándose sobre la barra hacia mí. Bajó la voz—. A lo mejor así me hacías más caso.
—No empieces —dije tenso, de espaldas a ella—. No estoy de humor.
—¿Y qué haces tú aquí? —preguntó, molesta.
Me giré.
—Echando un vistazo por Slammer. Tiene unas citas esta tarde y no vendrá hasta luego.
—¿Dónde está Tank? —preguntó Brandy—. Me extraña que no esté aquí contigo.
—Está liado en el local del club —respondí mientras me servía una Coca-Cola.
Misty se apartó el pelo del hombro.
—¿Has dicho que Slammer tiene citas?
—Sí —dije, abriendo la cartera. Le di a Brandy un billete de cinco dólares y fue hacia la caja.
—¿Pasa algo gordo? —preguntó Misty.
—¿Gordo? ¿Como qué?
—No sé... ¿con el bar? ¿Algún recluta nuevo para el club? —preguntó, cogiendo una toalla blanca y poniéndose a limpiar la barra—. ¿Prospectos?
—Tendrás que esperar y preguntárselo a Slammer.
Sé que hay cosas en marcha —respondí, disfrutando de cómo le brillaron los ojos al oír la noticia.
Sabía que se moría por pasarle más información a ese capullo de Mud—.
Aunque son asuntos del club. Así que seguramente no te cuente mucho, guapa. Ya sabes cómo va esto.
—Cosas en marcha, ¿eh? Qué misterioso. ¿Tú sabes qué pasa? —le preguntó a Buck.
Él eructó.
—Si lo supiera, tendrías que currártelo más para sacármelo.
—Los dos sabemos que soy muy capaz de currar duro —respondió con un guiño.
—Joder, tía. Ojalá supiera algo. Te dejaría intentar sonsacármelo —respondió, guiñándole el ojo.
No sabía qué le habría sonsacado en el pasado, pero estaba seguro de que si Buck supiera de su conexión con Mud, preferiría que le pegaran un tiro antes que contarle nada más.
Misty volvió a mirarme. —Lo entiendo. Los negocios son los negocios y los asuntos del club son asuntos del club. Solo soy una empleada y no espero saberlo todo, a menos que tenga que ver con mi trabajo. Supongo que lo que me preocupa es que venda este lugar.
—Más le vale no vender este lugar —dijo Horse, frunciendo el ceño—. Tienen las mejores hamburguesas de la ciudad.
—Sí, y sin olvidar que la tarta de aquí es fenomenal —dijo Buck con una sonrisa maliciosa.
—No te preocupes, si fuera algo que afectara a tu puesto aquí en Griffin's, estoy seguro de que te lo haría saber —respondí.
—Estoy segura de que tienes razón —dijo Misty.
El teléfono me vibró; lo saqué de la chaqueta de cuero y miré la pantalla. Era Tank.
—¿Qué pasa? —pregunté, apartándome de Misty y Brandy.
—No encontramos micrófonos ocultos ni nada que pareciera sospechoso —respondió—. Creo que aquí estamos bien.
—¿Chopper ya está ahí? —pregunté.
—Sí, contacté con él. Va a salir de aquí en breve para revisar el ordenador del viejo e inspeccionar su oficina en Griffin's. A ver si hay algo. ¿Está la zorra ahí?
Me levanté y me alejé de la barra. —Sí, están las dos.
—¿Las dos? Ah —se rio—. Brandy.
—Sí.
Se quedó callado unos segundos. —Quizá deberíamos ir al piso de Misty y echar un vistazo antes de que salga del trabajo. Ver si tiene algo en el ordenador, como correos u otras cosas que nos den una pista de qué demonios se trae entre manos.
Misty no parecía de las que pasan mucho tiempo en internet, pero supuse que no vendría mal investigarlo. Especialmente con Mud viviendo fuera del estado. Joder, quizá hasta hicieran videollamadas. —¿Sabes dónde vive?
—Sí. He estado ahí. Incluso sé dónde guarda una llave de repuesto.
Entré en el baño, donde había menos ruido. —Ajá. ¿Estás seguro de que tiene ordenador?
—Vi su portátil la primavera pasada. Me enseñó un montón de fotos suyas desnuda que alguien le había hecho. Supongo que las vende en internet para sacarse un dinero extra.
Alguien tiró de la cadena y me sobresalté. —No sé por qué, pero eso no me sorprende. ¿Por qué no vas para allá y te aviso si sale de aquí? —dije en voz baja mientras salía del baño.
—Me parece bien.
Colgué y volví a la barra.
—Raptor, ¿puedes hacerme un favor? —preguntó Misty—. Necesitamos subir cerveza del almacén de abajo. ¿Puedes traer unas cuantas cajas?
Me quité la chaqueta y la colgué en el respaldo del taburete. —Claro, ¿qué necesitas exactamente?
—En realidad, voy contigo. Será mejor que también traiga más vodka y ron —respondió, rodeando la barra. Miró a Brandy—. ¿Te apañas?
—Creo que puedo apañármelas. No estamos precisamente hasta arriba —dijo, señalando con la cabeza las mesas frente al escenario. Solo había un puñado de clientes, y estaban demasiado absortos mirando a la mujer del escenario hacer volteretas.
—Nos vemos luego —dijo Horse, levantándose—. Me piro.
—Yo también —dijo Buck—. Voy a la sede. A ver cómo van las cosas.
—Hasta luego, chicos —dijo Misty.
—Nos vemos —dije, siguiendo a Misty hacia las escaleras.
El sótano estaba oscuro y olía a humedad, pero era fresco, así que resultaba perfecto para guardar la mayoría de las provisiones del bar. Slammer tenía la cerveza en lata y en botella en una gran cámara frigorífica, y seguí a Misty al interior.
—Y bueno, ¿cómo le va? —pregunté.
—¿A Brandy? Bastante bien. Aprende rápido.
—Bien.
—Quiere que vuelvas con ella —dijo Misty.
—Me importa un bledo —respondí, esperando que aquello no se convirtiera en un intento de ayudar a Brandy.
—Me lo imaginaba, pero ha estado hablando tanto de ti que me está volviendo loca.
—A mí también me vuelve loco. —Señalé las cajas de cerveza apiladas—. ¿Cuáles necesitas?
Me las señaló.
—Subo estas y vuelvo a por el resto —respondí, cogiendo dos cajas.
—¿Qué hay entre tú y esa otra chica, la pelirroja?
—¿Adriana? Ahora es mi chica.
Arqueó las cejas. —¿Brandy lo sabe?
—Se lo dije —respondí, pasando junto a ella.
—Quizá quieras decírselo otra vez —me dijo alzando la voz.
Gruñí. —Solo oye lo que quiere oír. Ya se lo he dicho dos veces. Estoy harto de intentar explicarle nada.
—Te quiere, ¿sabes?
—No sabe lo que significa esa palabra —respondí mientras subía las escaleras—. Y a menos que tengas alguna queja sobre ella que no tenga que ver conmigo, preferiría no hablar de esa bruja.
Misty agarró una botella de vodka de uno de los estantes y se rio. —Vale, me queda clarísimo. Lo que no entiendo es por qué vivís juntos.
—No tienes que «entenderlo». Las cosas son así ahora mismo —respondí, echándole un vistazo por encima del hombro.
Me miró desde el pie de la escalera. —Adriana debe de estar que echa humo. Yo lo estaría.
—Por suerte, tú no eres ella —murmuré para mis adentros mientras me alejaba—. O tendría que pegarme un tiro.