Sobrevivir al motero (Serie Gold Vipers MC nº 2) Capítulo Seis
13%

Capítulo Seis

Brandy

Después de que Trevor siguiera a Misty al sótano y Buck se marchara con Horse, Brandy metió la mano rápidamente en la chaqueta de él y sacó su móvil. Sabía que estaba mal, pero quería averiguar qué pasaba exactamente entre Trevor y Adriana.

Mientras revisaba sus mensajes de texto, un cliente al que había atendido antes dejó un vaso vacío en la barra. Tendría treinta y pocos, iba bien arreglado y era muy atractivo. Fijándose mejor, dedujo que tenía dinero por el traje caro y el Rolex que llevaba.

Esperando una buena propina, le dedicó una sonrisa cálida.

—¿Sí?

—Oye, muñeca, ¿me pones otra copa? —preguntó él, devolviéndole la sonrisa.

—Claro —respondió ella, guardando el móvil de Trevor en el bolsillo del delantal.

—Gracias, ponlo en mi cuenta —se sentó en la barra y miró alrededor—. ¿No hay camareras que te echen una mano?

—La mayoría no entra hasta las cuatro y hoy una ha llamado para decir que estaba enferma. Ahora mismo solo me tienes a mí —dijo, fijándose en que tenía pestañas espesas, unos ojazos marrones de mirada tierna y un hoyuelo que lo hacía aún más guapo.

—No me malinterpretes, preciosa. No me estoy quejando. Si solo te tengo a ti, para mí es mi día de suerte —coqueteó, bajando la mirada hacia su escote—. Joder, prefiero verte a ti sirviendo copas que mirar lo que hay en el escenario ahora mismo.

Brandy, que llevaba días intentando que Trevor le hiciera caso, se rio ante el descaro de aquel hombre.

—Gracias. Eres muy majo. ¿Qué te pongo?

—Un ron con Coca-Cola. Por favor.

Preparó la copa rápidamente y se la pasó justo cuando Trevor aparecía de nuevo detrás de la barra. Dejó dos cajas de cerveza y, sin siquiera mirarlos, se dio la vuelta y volvió al sótano.

—¿Cómo te llamas? —preguntó el tipo del traje.

—Brandy. ¿Y tú?

—Me llamo Jake. ¿Brandy, eh? —preguntó mientras removía la copa—. ¿Es tu nombre de verdad?

Ella asintió.

—Mi madre tenía debilidad por el brandy en su juventud. En fin, antes odiaba el nombre, pero ahora me gusta.

—Y deberías. Es bonito. «Brandy» suena bien en los labios —dijo él, sin apartar la mirada.

Ella sonrió.

—¿Ah, sí?

—Sin duda.

—Entonces, ¿cómo se llama tu mujer? ¿También suena bien en los labios? —preguntó, señalando con la cabeza el anillo de su mano izquierda.

Se le borró la sonrisa.

—Antes sí. Ahora me cuesta hasta pronunciar su nombre.

En los últimos días, varios hombres casados habían intentado ligar con Brandy. No le importaba lo más mínimo; solían dejar mejores propinas, sobre todo si ella les seguía el juego. Notaba que este tipo estaba a punto de soltar la carta del «Pobre de mí, mi mujer es una arpía». Lo veía venir.

—¿Cuál es?

—Cara —dijo, apartando la mirada.

—¿Va a venir luego?

Jake soltó una risa amarga.

—¿Te refieres a aquí?

—Sí. A algunas parejas les pone ver cómo el otro recibe bailes privados. También vienen muchos swingers. He visto de todo.

—¿En serio? —dijo, dando un trago—. Pues últimamente a ella solo le pone ponerme los cuernos con mi hermano.

Sorprendida, Brandy contuvo el aliento.

—No. ¿En serio?

Él resopló.

—Ojalá no fuera verdad.

—¿Cuándo te enteraste de lo de la aventura? —preguntó Brandy, que ahora sentía lástima por él. Se notaba que era sincero. No había nada fingido en el dolor de sus ojos. Era auténtico.

—Solo hace un par de días que lo sé.

—¿Has hablado con ella?

—No. Todavía no. Está de viaje de negocios.

—¿Y tu hermano?

—También está de viaje de negocios —gruñó—. Con ella.

—Tienes que estar furioso con los dos —dijo, sorprendida de lo tranquilo que estaba. Cuando ella le había puesto los cuernos a Trevor, él había dado puñetazos a todo menos a ella, y eso le había costado contenerse mucho.

—Lo estoy, pero la verdad es que ya teníamos problemas en el matrimonio antes de que ella empezara a liarse con mi hermano.

—¿En serio?

—Sí. Yo quería tener un hijo y ella piensa que los niños son una pérdida de tiempo y dinero.

—Vaya.

—Sí. Vaya. En fin, las cosas fueron de mal en peor justo después de que muriera mi madre.

Brandy se llevó una mano al pecho.

—¿Tu madre también ha muerto? Cuánto lo siento. Lo has pasado fatal, ¿no?

—Ha sido duro —dijo, con la mirada perdida en las botellas de licor detrás de la barra—.

Después de que muriera, mi mujer empezó a pasar mucho tiempo con mi hermano, que parecía llevarlo peor que ninguno de nosotros.

Aunque siempre habían estado más unidos.

Lo entiendo. El caso es que me parecía raro que mi hermano y Cara pasaran tanto tiempo juntos.

Pero no tenía ni idea de que se estaban acostando. Menudo bofetón.

—Qué horror —coincidió Brandy—. Es que no me cabe en la cabeza que te hiciera eso. Ni tu hermano, ya puestos. ¿Cómo han podido?

—Lo sé. Todavía estoy intentando asimilar todo. Lo que de verdad me saca de quicio es que mi hermano y yo somos gemelos. Éramos uña y carne, y ahora esto. No sé qué voy a hacer.

Ella lo miró atónita.

—¿Es tu gemelo?!

Jake asintió.

Brandy alargó la mano y la posó sobre la suya.

—Siento mucho lo de tu esposa y tu hermano. Eres guapo y pareces muy dulce. Seguro que conoces a otra persona. Alguien que te valore.

—Eso espero. Llevo meses sintiéndome muy solo. Y —puso cara de vergüenza— puede sonar patético, pero hace mucho que no veo a una mujer desnuda. Por eso vine aquí a tomarme una copa.

—Pobrecito. Toma —dijo, cogiendo la botella de ron. Le sirvió otra copa—. Esta te la invito yo.

Él le dedicó una sonrisa cálida.

—Eres como un soplo de aire fresco, Brandy. Hacía mucho que una mujer no me trataba tan bien. Y menos una tan guapa.

Se le encendieron las mejillas. Era agradable recibir un cumplido de un hombre guapo.

Sobre todo de uno que la miraba con admiración.

Trevor ahora solo la miraba porque no le quedaba más remedio.

Claro que Brandy entendía por qué estaba cabreado con ella.

La había cagado al serle infiel. Pero, a su modo de ver, merecía una segunda oportunidad.

—Qué dulce eres —dijo ella irguiéndose. Se echó la melena rubia hacia atrás y lo miró fijamente a los ojos—. Tu mujer la ha fastidiado pero bien.

—Gracias. Eso me gusta pensar a mí también.

Misty y Trevor volvieron a la barra.

—¿Necesitas algo más? —preguntó Trevor, dejando otras dos cajas de cerveza.

—Mira —respondió Misty—, me sabe mal pedírtelo, pero nos estamos quedando sin vasos y el chico de la limpieza llamó hace una hora para decir que estaba malo. Como andamos tan cortos de personal, ¿podrías echarnos una mano lavando algunos?

Trevor señaló a Brandy con la cabeza.

—Que los lave ella. A ella es a quien le pagan por trabajar aquí.

Misty negó con la cabeza.

—Tiene que ayudarme a atender la barra.

Antes de que pudiera protestar, se abrió la puerta principal y entraron cuatro tipos.

—¿Ves? Tenemos más clientes y el happy hour está a punto de empezar. Venga, ayúdanos y lava unos cuantos vasos, ¿vale? —suplicó Misty.

Trevor suspiró.

—Vale. Lavaré algunos.

Cogió su cazadora de cuero y se fue hacia la cocina.

—¡Gracias, Raptor! —le gritó Misty.

Él levantó el pulgar y desapareció por la trastienda.

—Raptor, ¿eh? —preguntó Jake—. ¿Es su apodo de motero?

Brandy asintió, sorprendida de que conociera el término.

—Pertenece al club de moteros Gold Vipers.

—Vaya —respondió él, mirando hacia la cocina.

—Por lo visto has oído hablar de ellos —dijo Brandy, mientras observaba cómo Misty se acercaba a la mesa de los recién llegados.

Él asintió.

—Soy abogado. Desde luego que me suena el nombre.

A Brandy le brillaron los ojos.

—¿Eres abogado? ¡Qué guay!

Jake sonrió divertido.

—Soy abogado defensor —dijo, dándole su tarjeta—. No siempre es tan guay como crees.

Ella se quedó mirando la tarjeta.

—No sé. A mí me parece impresionante. Que seas abogado, digo. Habrás tenido que estudiar un montón.

—Me llevó lo suyo —dijo él, quitándose la americana y dejándola en el respaldo del taburete—. Pero mereció la pena.

Ella se guardó la tarjeta en el delantal y lo observó aflojarse la corbata. Además de tener éxito y ser guapo, tenía los hombros anchos y la cintura estrecha. Vamos, que estaba para comérselo.

—Y ¿a qué hora sales de trabajar? —preguntó él, al darse cuenta de que lo miraba fijamente.

—Dentro de cuatro horas —respondió ella, sorprendida de que preguntara—. ¿Por qué?

—Me preguntaba si te apetecería cenar conmigo.

Ella sonrió.

—Pues... no sé.

—Es solo una cena —dijo él, dedicándole otra sonrisa con hoyuelos—. Supongo que tendrás novio, ¿no? Una mujer tan guapa como tú suele tenerlo.

—Pues no, la verdad —respondió ella en voz baja.

—Menos mal. Esperaba que dijeras eso.

—Pero no puedo ir a cenar contigo.

—¿Por qué?

Ella miró hacia la cocina. Por tentador que fuera salir con Jake, Brandy aún quería recuperar a Trevor, y si él se enteraba, eso los distanciaría todavía más.

—Es que no puedo.

Jake puso cara de decepción.

—Vale.

—No es que no quiera —dijo ella, sonriéndole—. Créeme, sí que quiero. Es solo que... tengo algunos asuntos en mi vida que resolver antes de poder plantearme algo así.

—Lo entiendo. Ahora mismo yo también estoy hasta arriba de problemas.

Apuró la copa y se levantó.

—Vuelvo enseguida. ¿Dónde está el baño?

—Por allí —dijo ella, señalando—. Al fondo del pasillo, a la izquierda.

—Gracias.

Brandy lo vio alejarse y se sintió fatal.

Parecía buen tipo y seguramente le vendría bien algo de compañía femenina.

Sobre todo después de que su esposa y su hermano lo hubieran traicionado así.

Y como si eso fuera poco, había dejado bastante claro que llevaba mucho tiempo sin estar con nadie, lo cual era una lástima.

Demonios, ella tampoco había estado con nadie y eso ya era bastante malo de por sí.

Se le ocurrió una idea atrevida.

«Seguro que podríamos echarnos una mano», pensó, imaginándose a los dos haciéndolo en una de las oficinas del fondo o incluso en el callejón.