Sobrevivir al motero (Serie Gold Vipers MC nº 2) Capítulo Cuatro
9%

Capítulo Cuatro

Adriana

DESPUÉS DE MI primera clase, tenía dos horas libres antes de la siguiente, así que fui a una farmacia cercana y compré un pintalabios y un paquete de tampones, por si acaso me venía la regla.

Me tocaba en cualquier momento y sabía que, con mi mala suerte, me vendría antes de ver a Trevor.

Al doblar la esquina hacia el siguiente pasillo, vi las pruebas de embarazo alineadas en un estante y se me erizó el vello de la nuca.

Aunque tomaba la píldora, no siempre me la tomaba a tiempo.

—Relájate, no estás embarazada —me dije mientras miraba los precios. Desde luego no eran baratas, pero tampoco lo era tener un bebé. Antes de arrepentirme, cogí una caja con dos pruebas y me dirigí al mostrador. Si podía descartar un embarazo, sería una preocupación menos por el momento.

—¿Qué tal está hoy? —preguntó la mujer detrás del mostrador. Tendría unos cincuenta años, tenía el pelo blanco y corto, y una sonrisa cálida y amable.

—Bien, ¿y usted? —pregunté.

—Muy bien —respondió mientras cogía la prueba de embarazo—. Oh, vaya. ¿Alguien podría ser madre pronto? Qué emocionante. —Le brillaron los ojos—. ¿Es para usted?

Solté una risa nerviosa y mentí, le dije que no. Ni siquiera sabía por qué lo había hecho, pero de algún modo, admitir lo de la prueba me hacía sentir irresponsable. Ahora mismo, quedarme embarazada sería un desastre.

—Es para una amiga.

Como si pudiera leerme el pensamiento, me dirigió una mirada comprensiva.

—Oh, bueno, estoy segura de que sea cual sea el resultado, su amiga estará bien. Los niños son una bendición.

—Cierto —dije, buscando en el bolso una tarjeta de crédito.

—Por cierto, si su amiga está embarazada, recuérdele que empiece a tomar vitaminas prenatales y ácido fólico. Seguro que su médico se lo recomendará también —comentó mientras le entregaba la tarjeta.

—Se lo diré —respondí, mientras la cola detrás de mí crecía. Reinaba el silencio y sentía como si todos los ojos estuvieran clavados en mí, como si supieran que estaba mintiendo y me juzgaran por ser tan descuidada.

Cuando terminó de cobrarme, salí disparada de la tienda con la mirada gacha y me metí en el coche. De camino al campus, me sonó el móvil. Era Tiffany.

—Hola, ¿qué tal estás?

—Bien —respondí—. ¿Y tú?

—Bastante bien, la verdad. ¿Te acuerdas de Jeremy?

—¿Jeremy Stone? ¿El detective?

—Sí.

—¿Qué pasa con él?

—Salimos anoche.

—¿En serio? Vaya, ¿qué tal fue?

—Fue genial. Me invitó a cenar y luego fuimos a bailar.

—¿Y luego...? —pregunté, esperando que me dijera que se habían acostado.

—Eso es todo. Hemos quedado otra vez para el domingo. Tiene unos horarios de locos, así que tenemos que esperar hasta entonces.

—Entonces, ¿no lo llevaste a tu apartamento?

—No. Quería, créeme, pero él dijo que deberíamos esperar antes de dar ese paso.

Vaya sorpresa. ¿Se le había ofrecido y él la había rechazado?

—¿Fue él quien lo sugirió?

—Sí. —Se rio—. Increíble, ¿verdad?

—Parece un tipo bastante decente —respondí, impresionada.

—Yo también lo creo. Bueno, te llamaba para ver si querías quedar conmigo y con Amber para cenar esta noche. No te hemos visto desde el funeral de Krystal y te echamos de menos.

—Lo siento, pero no puedo —respondí—. He quedado con Trevor y luego tengo un montón de deberes. ¿Qué tal el viernes? Yo también os echo de menos.

Se quedó callada unos segundos.

—Sí. La verdad es que eso podría ser mejor. Así Monica también puede quedar con nosotras.

—Suena genial. Te llamo a lo largo de la semana y quedamos.

—Vale. Por cierto, ¿cómo van las cosas entre Trevor y tú?

No le había contado a nadie que Brandy estaba en su casa ni que estaba embarazada.

Me habrían dicho que lo dejara. Aunque lo de Brandy me tenía muy molesta, quería a Trevor y quería estar con él.

Necesitaba estar con él. Simplemente no acababa de entender por qué le había permitido mudarse después de todo lo que había pasado.

—Estamos bien —le dije.

—Bueno, déjalo en casa el viernes. Vamos a ser solo chicas. ¿Vale?

—Claro. No hay problema.

—Tengo que dejarte. Hablamos pronto.

—Adiós, Tiff.

—Adiós.

Después de que colgara, empecé a sentirme mejor e incluso me entró algo de hambre.

Aliviada, compré un sándwich y una limonada en la cafetería de la universidad.

Por suerte, no lo vomité y el resto del día transcurrió mucho más tranquilo.

Cuando terminé la última clase, ya me sentía yo misma otra vez, lo que me hizo sentir tonta por haber gastado doce dólares en una prueba de embarazo cuando podría habérmelos gastado en una botella de vino, o incluso en depilarme las cejas.

Al final, decidí devolver la prueba en cuanto me viniera la regla, que esperaba que no fuera hasta después de mi velada con Trevor.

Al pensar en él, me pregunté qué sorpresa me tendría preparada.

«¿Quizás Brandy se va?»

Solo me quedaba esperar.

Tratando de mantener el ánimo, encendí la radio y puse rumbo a casa.