Sobreviviendo en el mundo gay 10. Socialización gay saunas, cruising, cuartos oscuros y chemsex #4
90%

10. Socialización gay saunas, cruising, cuartos oscuros y chemsex #4

Tengo pacientes que han perdido a su pareja, sus hijos, su familia, su trabajo y su salud, y cuyos amigos o marido han muerto en estas prácticas.

Al final esto es una enfermedad que, cuando estás dentro, te atrapa en un círculo de culpa, vergüenza, malestar y desesperación, con un sufrimiento extremo.

En el pódcast, Víctor contó que cuando sufría una recaída sentía tanta culpa que le aterraba la idea de «volver a la realidad» , lo que le llevaba a seguir consumiendo y evadiéndose de la realidad para no tener que afrontarla.

Al final, también contó que, cuando «vuelves» y abres esa persiana y te dices «Qué he hecho, qué dolor, cuántos días llevo aquí», ese dolor se vuelve tan insoportable que lo primero que se les pasa a muchos por la cabeza es quitarse del medio.

«¿Cómo he podido caer otra vez? ¿Qué le voy a decir a mi familia? ¿Qué le voy a decir a mi novio? ¿Con cuántos he estado? ¿Qué he hecho?», son algunas de las preguntas que te pueden asaltar en momentos así.

El chemsex no discrimina, puede tocarnos a todos.

Lo más llamativo es el choque de ver a esos chicos con cuerpos atléticos, estudios, grandes trabajos, piso propio, amigos, chicos que desde fuera lo tienen todo, colisionando con la realidad de que en la intimidad el chemsex aparece como un refugio frente a heridas invisibles .

Esa disonancia les impide en muchos casos pedir ayuda por sentir esa vergüenza: «¿Cómo voy a contar que estoy metido en esto si desde fuera mi vida parece perfecta?

». Pero llega un punto en el que es inevitable, llega un punto en el que en tus días de la semana laboral estás contando el tiempo para que llegue el viernes y poder drogarte hasta el lunes por la mañana sin descanso, planificando en el calendario tus días libres y fiestas, tus findes, todo en función de las sesiones de chemsex .

Durante poco tiempo, la gente puede tener cierto control, pero, con el tiempo, el deterioro del sistema nervioso, del sistema de recompensa y de la persona en general van matando por dentro su capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas y de sentir; es decir, el chemsex es lo único bueno de su vida, el único momento en el que no sufren tanto y sienten algo.

Te explico esto mejor: el cerebro humano tiene un sistema diseñado para motivarnos a vivir , que se llama el sistema de recompensa .

Es el que se activa cuando comemos algo que nos encanta, cuando recibimos un abrazo, cuando hacemos deporte, cuando tocamos flores en un campo bonito, cuando vemos nuestra peli favorita o cuando tenemos una experiencia sexual.

Nos da pequeñas descargas de dopamina que nos hacen sentir placer y nos empujan a repetir esas conductas saludables de forma constante (la felicidad está en las pequeñas cosas).

El problema es que cuando el chemsex aparece con sus drogas potentes, las sustancias secuestran nuestro sistema de recompensa liberando cantidades de dopamina cientos de veces más grandes que como se liberan en situaciones naturales.

Y, claro, nuestro cerebro interpreta esa sensación como algo muy valioso que merece ser buscado y repetido cuantas más veces sea posible.

Al final, entre liberar un poco de dopamina viendo una puesta de sol o liberar una cantidad desorbitada drogándose, el cerebro siempre va a elegir la segunda .

Lo cotidiano se vuelve aburrido, ya no te hace sentir nada, el sexo sin drogas es completamente plano y los placeres —como el afecto, comer o salir con amigos— no tienen interés alguno.

Y así, poco a poco, la persona va desplazando todo su ocio o placer para el monstruo invasor que es la adicción.

¿Ves el círculo vicioso? En tanto una persona incrementa más y más el consumo de drogas, lo cotidiano va sabiendo a menos, su capacidad de disfrute de manera natural va extinguiéndose y cada vez necesita más sustancia en su vida.

Pero, cuanta más sustancia consume, más se aleja de poder disfrutar nuevamente de los placeres simples de la vida, y a su vez más sustancia necesita.

EJERCICIO

A continuación dejo unas preguntas para evaluar si puedes estar desarrollando un problema en este sentido que venimos conversando y, en tal caso, si te toca pedir ayuda:

1. ¿Has dejado de disfrutar del sexo sin drogas o sientes que cuando lo tienes te cuesta excitarte?

2. ¿Has consumido más dosis o con mayor frecuencia de lo que solías hacerlo en un inicio?

3. Cuando llega el fin de semana ¿la idea del chemsex te ilusiona y organizas las fechas en las que volverás a hacerlo?

(Muchos chicos se planifican un día al mes para drogarse, creyendo que mantienen un falso control, cuando realmente están semanas antes calculando qué día por fin van a poder darse el «premio»).

4. ¿Has experimentado ansiedad, depresión, culpa, paranoia o pensamientos negativos tras consumir?

5. ¿Sientes vergüenza o miedo de que tu entorno sepa lo que haces?

6. ¿Alguna vez has descuidado el trabajo, las amistades o dejado de dormir o ir a sitios en los que debías estar por el chemsex?

7. ¿Sientes culpa, vergüenza o miedo al pensar en lo que haces durante esos encuentros y en qué dice eso de ti?

8. ¿Sientes que el chemsex te ayuda a escapar de la realidad, el malestar, la tristeza o el vacío?

9. ¿Alguna vez te has desmayado, has tenido pérdidas de memoria o has doblado durante una práctica?

10. ¿Sientes que tienes la capacidad de controlar la hora en la que terminas, o aunque te lo propongas nunca te vas del chill a la hora que querías?

11. ¿Has intentado, sin éxito, dejar de consumir o reducir tus experiencias de chemsex?

12. ¿La mayoría de tus amigos o tu entorno cercano también practican chemsex? (Algunos chicos me han comentando que, si quieren salir de fiesta con sus amigos, la única manera es acabar consumiendo para seguir el ritmo, porque ya no hacen otros planes).

13. ¿El chemsex te genera sufrimiento?

Si has respondido a más de una pregunta de manera afirmativa, probablemente ya estés experimentando consecuencias graves. Si es así, busca ayuda de un profesional y sal a tiempo, tu vida es muy valiosa y puedes recuperarla.

¿De verdad se puede volver atrás?

¡Tengo buenas noticias! Nuestro cerebro tiene plasticidad y se recupera , aunque no de manera inmediata, ni muchas veces es totalmente reversible. De hecho, con cuidado, paciencia y mimo, el cerebro poco a poco va aprendiendo a disfrutar de lo real, de las pequeñas cosas de la vida.

En definitiva, este no ha sido un capítulo fácil de escribir.

De hecho, puede ser que no te toque de cerca y ni siquiera lo hayas leído.

Pero si eres curioso y quieres saber más, sin que esto te afecte, quiero que utilices la información para prevenir y protegerte, pero también para proteger a tus amigos y tu entorno .

Necesitamos hablar de esto, necesitamos concienciación y necesitamos que las cosas se sepan.

Por algo se dice que es una «pandemia silenciosa», por el estigma, el miedo y el rechazo a hablar de esta realidad .

Al final, si lo piensas, muchos chicos están cumpliendo con todas esas etiquetas que la sociedad les puso de manera cruel con cinco añitos: «Los maricones son viciosos, drogadictos, promiscuos y tienen enfermedades».

Por desgracia, el chemsex es la profecía autocumplida de muchos de estos estereotipos, y muchos chicos han acabado haciendo lo que siempre se dijo y esperó de ellos.

Pero somos un colectivo muy valioso, con hombres inteligentes, preparados, que han superado mil barreras y dramas para estar donde están.

Es normal que tengamos dolor, es normal que nuestra historia nos afecte, pero también hemos demostrado en el pasado, y en muchas otras situaciones, que tenemos fuerza y energía para hacerle frente a este problema que es el chemsex .

Si todos hablamos de esto, si todos ofrecemos ayuda a quien la necesite, si intentamos ser más conscientes, poco a poco podremos acabar con este mal en aumento.