Sobreviviendo en el mundo gay 10. Socialización gay saunas, cruising, cuartos oscuros y chemsex #3
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10. Socialización gay saunas, cruising, cuartos oscuros y chemsex #3

El problema de esto es que a mucha gente no le parece peligroso de primeras, ya que se trata de una experiencia puntual que pensamos que «no tiene que afectar a nuestra vida» , pero la realidad es que muchas veces se convierte en el principio del fin de esta.

Su atractivo inicial suele ser fuerte, porque aumentas la resistencia (volviéndote una máquina sexual), hay mayor desinhibición (pierdes la vergüenza por completo y te entregas), sensación de poder, intensidad en el placer y desconexión de la realidad (te evades).

Muchos lo describen como entrar en un «mundo paralelo» donde se puede ser más atrevido, más deseado y estar más conectado .

Pero esa sensación tiene un precio muy alto y es el deterioro gradual de toda tu vida , para dar cada vez más y más espacio al chemsex .

Muchos pacientes me cuentan que la primera vez que lo probaron fue porque un chico de una app se lo ofreció.

Luego de la experiencia, siempre repiten que fue como estar «en un vídeo porno», el mejor sexo de su vida, horas y horas de placer sin descanso, sin comida, sin agua, sin necesitar dormir.

Claro, después de una experiencia así, lo que sientes al volver a tener sexo sin droga es una mierda comparado con eso , lo que te lleva a decir que quieres repetir esa experiencia tan maravillosa una vez más. Y es ahí cuando empieza el ciclo.

Poco a poco, esas experiencias se van volviendo recurrentes; una vez al mes, una vez cada quince días, una vez a la semana, y luego esos encuentros o sesiones pueden llegar a durar cuatro o cinco días cada semana, en los que nadie sabe nada de ti, en los que no sales de ahí.

Lo peligroso del chemsex ya no es solo que en una noche puedan penetrarte quince personas sin preservativo, o puedas tener sexo con tanta gente que ni lo recuerdes (cuando tomas PrEP, eso te puede causar alguna ITS, pero no matarte).

El verdadero peligro (entiéndase) es el hecho de que ciertas drogas utilizadas en el chemsex anulan las necesidades básicas del ser humano, es decir, dejas de cuidarte .

Cuando hablo de dejar de cuidarte hablo de pasar días en una casa sin acordarte de que tienes que comer, dormir o beber agua, lo cual te puede llevar al coma por agotamiento (lo llaman «doblar»).

Este horror se intensifica más aún si tenemos en cuenta que muchas veces ha ocurrido que alguien dobla y el resto de las personas están tan drogadas e idas de sí mismas que no son conscientes y siguen con la práctica sexual mientras el otro está inconsciente, o dejándolo morir (no hablo de uno ni dos casos).

Obviamente, muchos me dirán que esto último no es la norma y que han estado en mil sesiones, también llamadas chills , donde no se descuida a la gente, se ponen alarmas para beber agua y existe un control.

Soy consciente de que han sacado muchos programas de control de riesgos, en los que se enseñaba a la gente a drogarse «responsablemente» y se enseñaba a vivir un chill de la manera menos peligrosa posible.

En general, soy defensor de estas medidas, especialmente cuando se sabe que la gente va a seguir drogándose; aunque sea algo nocivo, la solución no es invisibilizarlo o prohibirlo (la gente sigue muriendo), sino intentar que al menos para esa gente disminuya el riesgo y cuenten con teléfonos de apoyo, grupos de contención e información.

Aun así, en este caso, creo firmemente que no existe un consumo ni una práctica responsable , y me da igual que lo hayas hecho tres veces en tu vida y no te haya pasado nada, pero, cuando hay sustancias de por medio y mezclas y no sabes lo que el otro te está ofreciendo ni cómo va a reaccionar tu cuerpo, estás exponiéndote a un riesgo muy grande .

A mí, aunque sea un 1 por ciento de posibilidades de perder mi vida al consumir algo, ya me parece una locura. ¿Qué más tengo aparte de mi vida?

A continuación, vamos a hablar brevemente de cada droga y sus efectos:

Mefedrona

Sensación de excitación intensa, energía sin límites y aumento del deseo sexual.

¿Qué pasa realmente? Genera adicción y dependencia muy rápidamente, provoca insomnio, taquicardia, ansiedad, paranoia y depresión en la bajada. Desde el punto de vista sexual, puede provocar adicción compulsiva al sexo y desconexión emocional.

GHB/GBL (el G o chorri)

Sensación de relajación, desinhibición, aumento de la confianza y el placer corporal.

¿Qué pasa realmente? Es muy sencillo pasarse con la dosis; de hecho, con un par de mililitros pasas del subidón a un coma profundo. En este caso, la dependencia es psicológica, ya que muchos pacientes me comentan que no saben disfrutar sin el G.

Metanfetamina (cristal o tina)

La tina produce una experiencia de energía extrema, resistencia durante horas, hiperfoco, sensación de poder y excitación sexual desbordada.

¿Qué pasa realmente? Destroza tu sistema nervioso por completo.

Provoca alucinaciones, paranoia, agresividad y pérdida de control.

Lo peor es que su consumo repetido daña gravemente el cerebro y los dientes (lo que se conoce como «boca de metanfetamina»), y genera una de las adicciones más destructivas que existen.

Ketamina (K, keta)

Promete desconexión de la realidad, sensación de flotar, experiencias casi místicas o de trance.

¿Qué pasa realmente? Es un anestésico. Puede dejarte en un estado de desconexión o apague total (K-hole), sin control del cuerpo ni de lo que pasa a tu alrededor, te vuelve sumiso y permite que otros te «usen» como un objeto sin alma ni vida.

Utilizada durante el acto sexual, aumenta el riesgo de abuso y de accidentes graves.

Por si fuera poco, su consumo continuado daña la vejiga y los riñones.

Poppers

Relajación inmediata de los músculos, euforia breve e intensificación de las sensaciones sexuales.

¿Qué pasa realmente? Dura segundos, pero es un consumo repetido durante horas, lo cual puede provocar mareos, bajadas de tensión, desmayos y daños en el sistema respiratorio.

Además, cuando lo mezclas con otras drogas aumenta el riesgo cardiovascular.

Puede parecer broma, puede parecer inofensivo, pero tengo varios pacientes y amigos que me comentaron que empezaron a usar popper durante el acto sexual de vez en cuando, y que ya sin él no pueden follar o les cuesta disfrutar. «Simplemente no es lo mismo», dicen.

Ahora tenemos que hablar del slam , una práctica muy peligrosa dentro del chemsex que consiste en inyectarse drogas directamente en vena , normalmente mefedrona o tina.

El efecto es mucho más rápido y el nivel de dependencia también (conozco chicos con los brazos completamente destrozados de tanto pincharse).

Por supuesto, el «subidón» es mucho más fuerte e inmediato que por cualquier otra vía, se siente una euforia inigualable, explosiva y casi divina, sumada a una excitación sexual que no se puede controlar y que te lleva a querer seguir consumiendo una dosis tras otra.

Me recuerda un poco a la experiencia del efecto de la heroína, ya que muchos la describen como una primera experiencia «inolvidable».

Lo que realmente ocurre es que el cerebro asocia el placer instantáneo con la aguja, lo cual genera un enganche muy potente y obsesión mental.

El cuerpo se va deteriorando poco a poco, con las venas dañadas, abscesos e infecciones graves.

Al final, el hecho de compartir jeringuillas también aumenta exponencialmente el riesgo de contagio de enfermedades .

Muchos chicos pueden estar días colocándose, lo cual los deja exhaustos, aislados, solos y hundidos profundamente.

Pero, claro, después del subidón viene la caída en picado: paranoia, ansiedad extrema, pensamientos oscuros y culpa .

Muchos cuentan que después de una sesión de slam sienten que han «cruzado una línea» de la que es difícil volver, y también manifiestan tener pensamientos suicidas al subir la persiana y no saber en qué día se encuentran ni cuántas horas llevan ahí.

La vergüenza y el silencio hacen que se aíslen más, reforzando el círculo y volviéndose mucho más vulnerables a la sustancia.

En mi pódcast hay un episodio dedicado al chemsex en el que un chico adicto en rehabilitación cuenta su experiencia.

Su gran generosidad se debe a que él ha perdido mucho debido al chemsex , lo cual me lleva a contarte que el perfil del consumidor es de personas de clase media o media-alta, con estudios universitarios y un nivel educativo alto.

Suelen ser jóvenes adultos y adultos de entre veinticinco y cuarenta y cinco años, aunque cada vez, por desgracia, se ven casos de chicos más jóvenes.

Todo esto nos lleva a preguntarnos el porqué.

Pues principalmente por la mochila de la que llevamos tiempo hablando, por ese dolor y soledad que acumulan muchos chicos jóvenes .

Muchas veces, lo que se esconde detrás de esa búsqueda de placer es una gran necesidad de ser visto, de pertenencia, de búsqueda de conexión en un mundo gay en el que el físico se valora por encima de la intimidad emocional .

Al final, el hecho de querer disfrutar se hace muchas veces imposible para chicos llenos de inseguridades, homofobia interiorizada, bullying , rechazo o baja autoestima, por lo que una sustancia que ayuda a desconectar de la realidad es muy útil (aunque luego se convierta en un arma de destrucción) .