10. Socialización gay saunas, cruising, cuartos oscuros y chemsex
SOCIALIZACIÓN GAY: SAUNAS, CRUISING , CUARTOS OSCUROS Y CHEMSEX
En este capítulo pretendo abarcar algo muy importante: entender ciertas zonas de socialización en el mundo gay, su historia y su contexto .
De entrada, debo recalcar que quizá una gran parte de los gais no se identifica con este capítulo, pero el hecho de que no sea nuestro día a día no implica que no debamos saber sobre otros aspectos del mundo y lo que ocurre en él .
La forma en que los hombres gais nos hemos relacionado a lo largo de la historia ha ido en general unida al sexo , lo cual ha generado una serie de particularidades que merecen ser contadas sin tapujos.
Nuestros espacios de encuentro no suelen ser los mismos que tiene el resto de la sociedad, pues la historia, el estigma y la necesidad de discreción han hecho que el colectivo crease sus propios escenarios para buscar placer, compañía y, a veces, simplemente un momento de evasión de esa realidad tan tormentosa que nos rodeaba.
A estas alturas del libro, no hace falta explicar todo de nuevo, ya entiendes a qué me refiero.
En este sentido, las saunas, los cuartos oscuros, las zonas de cruising y las sesiones de chemsex han sido alternativas distintas para socializar, en las que muchos gais encontraban una manera de vincularse menos angustiosa y más sencilla.
En este capítulo no voy a demonizar ninguno de estos lugares de socialización, pero tampoco a romantizarlos, simplemente voy a informar y a contarte cómo vivo todo esto en mi consulta.
La intención es que comprendas el por qué surgen estos lugares, qué papel cumplen en nuestra forma de relacionarnos y qué nos di cen sobre nuestra búsqueda de amor, placer y validación.
Porque esto no va de vicio, promiscuidad y placer, es mucho más pro fundo y nos habla de la necesidad del hombre gay de sentirse visto, deseado, validado y querido, aunque sea por un rato.
Saunas: entre lo erótico y lo sexual
Las saunas en este contexto son establecimientos privados orientados al público masculino bisexual u homosexual.
Su origen se remonta a mediados del siglo xx cuando la homosexualidad estaba estigmatizada, y por ello ofrecía a los gais un lugar de relax y desinhibición.
Son para muchos un primer contacto con la sexualidad en comunidad , un lugar para conocer iguales y mostrarse sin miedo a ser descubierto o juzgado.
Lejos de los prejuicios individuales, las saunas gais son mucho más que sexo , son lugares que en ocasiones tienen discoteca, barra de bar, espacios con piscina, jacuzzi, cabinas privadas, salas oscuras y zonas comunes.
En definitiva, han tenido un papel histórico cuando las apps y las redes no existían, ejerciendo influencia en la socialización del colectivo y la exploración de la sexualidad.
No todo el que va a la sauna tiene sexo, ni es su intención. Simplemente, puede tenerlo si quiere y no hay nada de malo en ello.
Uno de mis pacientes, de cuarenta y siete años, me ha contado que para él la sauna representa un espacio de libertad ,ya que allí no le hace falta dar explicaciones de nada, puede experimentar sin etiquetas, sin compromiso y sin miedo al juicio .
Es un terreno donde el deseo circula de forma casi ritual: una mirada, un gesto, un cruce de pasillo…
, y el sexo sucede. Es un lugar que le hace sentir mucho más seguro que las apps , en las que se siente juzgado, oprimido y rechazado por ser «viejo» para el lugar.
Por otro lado, Martín, de veintidós años, me ha contado que la sauna era un lugar de after increíble para él, donde podía ir a echar un último baile a las seis de la mañana, darse un baño y, si surgía, tener algo de sexo en un lugar seguro .
Según él, a esa edad no siempre tienes sitio ni tampoco tu pareja sexual, por lo que la sauna podía ser un lugar maravilloso para terminar un sábado a la noche.
Ahora bien, que la sauna es un lugar seguro, con buena limpieza y espacios para divertirse no quita que también tenga una cara B en la que hay drogas, vacío existencial y gente muy perdida .
Muchos lo describen como una montaña rusa: primero viene la excitación inicial seguida de una bajada brusca de soledad o desconexión.
Lo que allí se encuentra no siempre es placer pleno, a veces es una manera de anestesiar la necesidad de sentirse acompañado , pero cuyos efectos duran poco porque la compañía no es real, solo física.
No olvidemos que durante muchas décadas las saunas han desempeñado un papel fundamental en el mundo gay.
En toda esa época de clandestinidad eran uno de los pocos espacios donde los hombres podían encontrarse sin miedo a la persecución y el juicio público .
Por este motivo, ese valor de refugio las convirtió en mucho más que lugares de sexo vacío, también eran espacios de comunidad , aunque su lenguaje fuera el del cuerpo y muchas veces no hubiera herramientas para más.
En la actualidad, las saunas siguen existiendo de manera muy diferente, ya no poseen la misma carga de supervivencia que tuvieron en el pasado, lo que nos plantea el dilema de si ofrecen conexión real o simplemente es un escaparate de cuerpos, vacío y soledad .
Hay que diferenciar entre ir a la sauna porque quieres seguir con la diversión una noche, porque te apetece experimentar, disfrutar de la desnudez o tener sexo de manera diferente al hecho de ir a la sauna desde el vacío de no haber ligado en la discoteca y sentir que necesitas validación a toda costa, acostándote con varios hombres que ni te gustan y volviendo a casa con una sensación terrible de soledad.
He visto ambas situaciones, por eso puedo decir que la experiencia en ciertos sitios puede ser muy distinta en función del estado mental de la persona y su manera de vivir cada momento .
Eso sí, puedo decir que, si tu argumento principal para criticar es el hecho de que haya sexo y promiscuidad, debes revisar qué es lo que te molesta de ello y por qué te perturba si no se hace daño a nadie.
Cruising : adrenalina y anonimato
Para los que no sepan qué es el cruising , forma parte del imaginario gay desde hace décadas. Es ese juego de miradas, tocamientos y roces que terminan en encuentros sexuales que suceden en parques, baños públicos, descampados o zonas conocidas por la comunidad gay .
Un espacio donde no hace falta hablar demasiado: la complicidad se construye con una mirada, un gesto, un acercamiento.
Después de mucho tiempo trabajando con pacientes que practican cruising , y también con algunos adictos a esta práctica, he podido descifrar que para muchos su principal morbo es el anonimato , el no saber qué te vas a encontrar, que cada día sea distinto y que al terminar nadie sepa nada del otro y todo sea fugaz .
El cruising es sexo muy rápido, inesperado y cargado de adrenalina, por lo que se puede volver adictivo .
No solo por el encuentro físico, sino por la intensidad de lo prohibido , en el que entran el riesgo a ser visto, la inmediatez y la falta de guion.
Para muchos ese peligro es parte del deseo.
A mí no me parece problemático el hecho de querer tener sexo con un desconocido en un entorno misterioso, lo entiendo, creo que es sexy y lógico.
Lo que sí me parece problemático es el hecho de olvidarse de los peligros de entrar en un bosque oscuro de noche sin saber quién habrá y qué puede hacer la otra persona contigo.
Me parece problemático que dejes que, en la oscuridad, venga alguien a quien apenas ves y te la meta sin condón.
Me parece problemático que esa adrenalina sea la manera de apagar tu ansiedad , que sea tu búsqueda de compañía, tu salida de la soledad.
Recuerdo un paciente que, hace ya varios años, me contó cómo sentía un subidón de adrenalina brutal al entrar en las zonas de cruising, cómo el corazón le iba a mil, cómo todo eso se volvía obsesivo y se convertía en un ciclo de placer y deseo.
Lo que le pasaba a este chico es que posteriormente venía un bajón abrupto y casi instantáneo , una sensación de culpa y suciedad al correrse, una serie de preguntas (por ejemplo: ¿Por qué lo has hecho con ese?
¿Cómo has podido hacerlo sin condón? ¿Por qué has dejado que te pegue, escupa y se te corra en la boca un desconocido?) que le atormentaban la cabeza.
Tras trabajar duramente en su autoestima y apego, ahondando en su pasado, me contó que su padre le pegaba palizas de pequeño, le maltrataba y le decía que no valía una mierda.
Había escapado a Madrid en busca de una vida mejor y solo sentía vacío y soledad.
Lo peor era que, tras hacerlo, se machacaba tanto diciéndose todo lo que su padre le decía de pequeño que volvía a un ciclo de ansiedad y sufrimiento que le hacía sentir que merecía el castigo (y desde ese castigo volvía al cruising violento).
Tras unos meses trabajando en su amor propio y autocompasión, me contó que un día iba en su moto al parque del Oeste en Madrid y, mientras pensaba en cómo se sentiría después de hacerlo, se dijo: «Hagas lo que hagas, te voy a seguir queriendo mucho» .
Fue entonces cuando empezó a llorar y dio media vuelta.
Fue ese simple gesto de apoyo y cariño hacia sí mismo lo que le llenó de tal forma que aquello que buscaba tan desesperadamente en el cruising desapareció, ya no había necesidad. En este caso, el sexo era lo de menos.