6. Cuerpo, imagen y autoestima en el mundo gay #2
El resultado de todo este dolor y juicio es una jerarquía interna en la que los cuerpos musculados, jóvenes, blancos y normativos ocupan el centro, mientras que los cuerpos diferentes quedan marginados .
Yo soy consciente de haber caído en esto en muchas ocasiones en el pasado; cumplo con la mayoría de los estereotipos normativos y he tenido la suerte de poder hablar desde ahí.
Por desgracia, si tienes pluma y hablas defendiendo la pluma, no se te tiene en cuenta de la misma forma que alguien que no la tiene, a quien no le toca de cerca, lo denuncia, aquí la gente se ve más representada y se abre más a escuchar.
Lo paradójico es que, como colectivo, sabemos lo que es sufrir discriminación, pero a veces repetimos dentro las mismas dinámicas que fuera tanto daño nos hicieron, esas que hemos aprendido a base de palos.
De lo que no nos damos cuenta es que, incluso los que podemos vivir con ciertos privilegios, nos perjudicamos a nosotros mismos asumiendo estos estándares , porque el presenciar cómo de cruel es el mundo y dónde están los chicos que no los cumplen nos permite muy poco margen de cambio.
Nos aterra envejecer o perder ese estatus, engordar o que el físico de siempre nos abandone, y al final acabamos por vivir aprisionados en nuestra propia cárcel .
En mi caso, siempre he sido muy delgado (lo típico que comía y comía y se me seguían viendo las costillas), y eso me causaba mucho malestar, hasta tal punto que no quería quitarme la camiseta en la playa, ¡imagínate!
Mido casi un metro noventa, y el estar tan delgadito me acomplejaba mucho .
Empecé a entrenar y a ver resultados lentos; me machacaba y me decía que no podía seguir así, pero hacerlo no solo no daba resultados, sino que me frustraba y acababa dejándolo.
Pasé así varios años hasta que hice mi proceso terapéutico y decidí que no quería seguir entrenando, porque no me gustaba y me hacía sufrir.
Entonces decidí empezar con algo que sí me llamaba la atención: las artes marciales y el kung-fu.
Pasé varios años aprendiendo formas de mano vacía, manejo de las armas y desarrollando mi cuerpo y mi fuerza sin pensar tanto en la estética.
Y haciéndolo fui feliz. Con el tiempo, por motivos de la vida, me fui a Australia, y, por la pereza de volver a ser cinturón blanco (que ser pro y veterano me motivaba, no te voy a mentir), decidí comenzar con un entrenador personal, pero esta vez con una meta distinta, disfrutarlo.
Desde entonces no he parado de entrenar, mi cuerpo está mucho más fuerte y he aprendido a hacerlo con ganas y vitalidad.
Por eso siempre digo que, en este sentido, hay que diferenciar entre el hecho de amar tu cuerpo, cuidarlo y protegerlo, y esclavizarse a él .
El cuerpo puede ser uno con nosotros, puede proporcionarnos salud, felicidad, alegrías y bienestar, pero también puede ser el mayor de nuestros tormentos o la causa de que nos odiemos o veamos insuficientes.
Veo a muchos amigos míos sintiéndose mal por faltar tres días al gimnasio, o decir que se ven gordos o sentir que están perdiendo masa muscular por segundos.
Hemos llegado a un punto en el que todo lo que no sea un cuerpo musculado o de gym es un cuerpo escombro o está gordo.
No hay cuerpos normales, no hay término medio.
La vigorexia no es ninguna broma, a pesar de que actualmente se suavice mucho.
Y en esa obsesión, ya sea por vernos siempre delgados ( twinks ) o querer desarrollar más músculos, cada vez se pone más de moda «ciclarse» (usar esteroides y anabolizantes para acelerar esos resultados).
En muchos espacios del mundo gay, pincharse se ha normalizado casi como si fuera un paso natural de la vida de gimnasio, y en tono bromista se les dice las «cicladas» a todos los chicos del gimnasio que están en ese proceso.
Lo preocupante no es solo el riesgo físico (problemas hepáticos, hormonales, cardiovasculares, etc.), sino la durísima realidad que desde el punto de vista psicológico hay detrás.
La razón es que a veces preferimos poner en riesgo nuestra salud antes que aceptar un cuerpo que no cumpla con los ideales imperantes en el mundo actual .
¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por sentirnos validados?
COLLEJA CURATIVA
El cuerpo nunca va a ser perfecto. Siempre vas a tener algo que mejorar o corregir, un estándar al que no llegas o la genética jugando en tu contra e impidiéndote tener el cuerpazo que tiene tu amigo, aun invirtiendo el doble de esfuerzo que él.
No es sostenible vivir así. ¡Para ya! Es más, cada año que pase, a partir de cierto momento, te irás arrugando y viéndote menos atractivo físicamente; y si tu felicidad o autoestima se basan en esto, para evitar el sufrimiento y la angustia, es hora de cambiarlo.
No podemos vivir esclavos de la tiranía del cuerpo, por eso la clave está en cambiar la mirada a una más compasiva, generosa y tolerante , es decir, usar el cuerpo como aliado para vivir mejor.
Tratarlo con mimo, cuidado y cariño en lugar de con maldad, perfeccionismo, exigencia y dureza.
Es decir, entrena porque te da energía y reduce la ansiedad, aliméntate bien porque te hace sentir ligero y fuerte (e incluso hasta puedes disfrutar del hecho de cocinar).
Y, sobre todo, descansa, mucho y bien, sin culpa.
Para terminar, quiero dejar una notita para los perfeccionistas cuyos padres tenían el lema: «Si no te esfuerzas, serás un fracasado», y que ven la autocompasión como debilidad y como excusa para no hacer nada.
Cuidado, amigos: ser más compasivo y me nos obsesivo no implica abandonarse ni no cuidarse .
Y no te estoy diciendo que te conformes, no te estoy diciendo que no vayas a por un cuerpo mejor si eso te motiva, y tampoco te estoy diciendo que el autocuidado sea malo en sí mismo, jamás.
Solo te hablo de desde dónde enfocas ese cuidado y cuáles son tus motiva cio nes .
Cuando deja de ser un objetivo cuyo proceso disfrutas y con el que vibras, pasa a ser un sufrimiento y una obligación, y empieza a generarte malestar y presión, y por ahí, te lo aseguro, no es.
EJERCICIO
Para terminar el capítulo te dejo unas preguntas para reflexionar:
1. ¿Te comparas a menudo con otros cuerpos (en el gimnasio, en las redes o en la piscina)?
2. ¿Juzgas o criticas constantemente partes de tu cuerpo, en concreto con las que luchas por mejorar?
3. Cuando vas al gimnasio y te ves bien físicamente, ¿te parece que sube tu nivel de felicidad y energía de manera impetuosa?
4. ¿Alguna vez has evitado quedar con un chico o enviarle una foto de tu cuerpo por sentir que este no era suficiente o porque no salías bien?
5 . ¿Cómo cambia tu autoestima si una foto en la que no tienes camiseta recibe pocos likes?
6. ¿Has sentido la tentación de ciclarte o utilizar métodos peligrosos con tal de verte bien?
7. ¿Sientes que si tuvieras mejor cuerpo tu vida mejoraría?
8. Si tu físico cambiase drásticamente, ¿cómo crees que eso afectaría a tu vida y a tus relaciones?
9. ¿Qué te hace sentir válido y bonito como persona, además del físico?
10. Si no pudieras mostrar tu cuerpo, ¿qué sería lo primero que utilizarías de ti mismo para conquistar a alguien?
Responde a las preguntas con calma y, si lo consideras adecuado, tras reflexionar escríbele una carta a tu cuerpo.
En dicha carta te vas a disculpar por todo lo malo que le has hecho o dicho a tu cuerpo, por las críticas y la falta de amor.
Después, agradécele a tu cuerpo todo lo que te permite hacer cada día —desde andar hasta dormir—, para finalmente comprometerte a tratarlo mejor desde hoy mismo.
Te recomiendo leer la carta pasados los seis meses para ver cómo ha mejorado tu relación con él desde entonces.