6. Cuerpo, imagen y autoestima en el mundo gay
CUERPO, IMAGEN Y AUTOESTIMA EN EL MUNDO GAY
Si te has preguntado alguna vez por qué existe tanta obsesión entre los gais por el gimnasio y el cuidado corporal, tiene una explicación .
Muchos chicos salen al mundo y se abren a su sexualidad con serias heridas de rechazo y falta de autoestima .
En este sentido, las aplicaciones, de las que hablaremos luego, no ayudan para nada, ya que nos hacen sentir que nuestro cuerpo es el pasaporte al éxito y que nuestra validez como hombre gay depende de él.
Y entonces comenzamos a entrenar porque queremos gustar, porque el «solo cuerpos de gym» que tanto se repite en Grindr va calando y porque en ciertos festivales, saunas y lugares de ocio solo hay cuerpos de ese estilo.
Pero no nos engañemos, en el mundo gay el cuerpo no siempre es solo un cuerpo : es moneda de cambio, pasaporte de aceptación, filtro de validación.
Desde las apps de citas hasta la vida nocturna, todo parece recordarnos que valemos en la medida en la que marcamos abdominales o tenemos cierto tipo de físico.
Generalmente, el cuerpo de la mujer siempre ha estado más expuesto a escrutinio que el de los hombres y en muchas ocasiones ha sido objetivizado.
En el caso del mundo gay, el cuerpo masculino ocupa un lugar central , ya que es una comunidad en la que todos los hombres pueden ser al mismo tiempo sujetos y objetos de atracción .
En la mayoría de los lugares de socialización, el cuerpo es la principal carta de presentación.
En las saunas se va sin camiseta y en muchas discotecas de ambiente sucede otro tanto.
En festivales como el Circuit, sin camiseta.
En el Día del Orgullo, en general, sin camiseta.
En Grindr, nadie queda contigo si no tienes una foto sin camiseta.
Somos valorados por nuestro aspecto físico mucho antes que por nuestra personalidad.
El hecho de no poder pedirle el teléfono a un chico en el metro con la misma naturalidad con que un hetero se lo pide a una chica nos obliga a ligar por medio de catálogos como apps, donde somos una foto, y por ello se nos elige.
Con todo esto se ha creado otro mito: «Todos los gais se cuidan y están en forma», lo que nos genera presión excesiva y angustia .
El gimnasio se ha convertido en uno de los escenarios más asociados con la vida gay, un lugar de encuentro hasta para tener sexo, y hemos llegado hasta el punto de que se habla de la gay gym culture , esto es: cuerpos musculados, definidos, bronceados y aparentemente perfectos, replicados una y otra vez en redes sociales, apps y publicidad.
Por supuesto hay una parte positiva en todo esto que implica cuidarse, liberar estrés, generar vínculos, socializar, trabajar la salud física y mejorar la constancia, pero, cuando se convierte en un ritual de presión social y complejos, el gym pasa a ser tóxico y obsesivo .
Si intentas salirte de esto, basta con abrir Grindr o Instagram para darte cuenta de que tu cuerpo se aleja de los ideales de las redes, que además son un engaño porque son fotos seleccionadas entre cientos de opciones y, luego, las mejores son potenciadas por el algoritmo, por lo que prácticamente solo salen modelos o chicos perfectos.
Esto responde en parte a heridas propias de las historias personales , en las que muchos hombres gais crecieron sintiéndose rechazados o inadecuados , o siendo los últimos elegidos en los equipos de Educación Física del colegio o los menos deseados por las chicas.
Así, en el gimnasio, y en el cuerpo, buscando reconocimiento a través de la apariencia encontraron una forma de compensar ese dolor.El problema aparece cuando el gimnasio ya no es un lugar para «ganar» salud, sino un campo de batalla para «ganar» aceptación , pues, cuanto mejor cuerpo se tiene y más musculado se está, es posible acceder a un mayor éxito y reconocimiento.
Siempre lo digo, detrás de muchos de esos cuerpos de gimnasio se esconden niños tremendamente rotos.
A partir de aquí podemos hablar de autoestima , punto central de cómo nos perciben los demás, independientemente de cómo se percibe cada uno, lo cual es una distorsión clara que nos deja en una posición muy frágil.
La validación externa se con vierte en el mecanismo invisible y oficial que mide nues tro valor.
Ya sean los likes en Instagram, los matches en Grindr o la cantidad de miradas que recibimos en una discoteca, hemos dejado que estos mecanismos hagan que un día sea increíblemente exitoso o que volvamos a casa hundidos en la miseria emocional.
¿Te das cuenta de que no podemos pender de este hilo?
El hilo es muy frágil y los gustos son tan variados como las personas.
Tengo amigos a los que un cuerpo twink los vuelve locos, y otros que dicen que es un cuerpo demasiado delgado, por lo que lo consideran poco atractivo.
Tengo amigos a los que la barriguita los excita y les parece «signo de seguridad y relax», y otros que dicen que si no cuidas de tu cuerpo no puedes cuidar de nada en esta vida (son los que se pasan diez horas a la semana en CrossFit).
Mi mejor amigo siempre dice que cuando un twink va al gimnasio se echa a perder.
Me produce mucha gracia pensar que alguien lo está dando todo con dietas y ejercicios, para verse mejor y ligar más, y que esa misma razón puede hacer que, a los ojos de otros, resulte menos atractivo.
Con esto no quiero sonar duro ni cruel, simplemente quiero visibilizar que eres tú quien te tienes que gustar .
Hagas lo que hagas, no vas a ser el prototipo de todo el mundo; yo, por ejemplo, en un bar de osos polares probablemente sería rechazado.
En este ciclo tan frágil, en un simple día bueno —en el que te responden en Grindr casi todos a los que has escrito, te dan muchos likes en Tinder o se te acercan nueve personas en la discoteca— vuelves a casa con un subidón de energía y con una sensación de éxito, pues te miras al espejo y te sientes más guapo.
En cambio, si un día te ves muy guapo, y estás acostumbrado a esto, pero no generas tanto interés, te ignoran, no te responden, no te habla el chico que te gusta o te rechaza al acercarte, puedes volver a casa con una sensación de fracaso (porque la camiseta no te favorecía o porque no estabas tan guapo como creías).
Esto lo he visto en una gran cantidad de pacientes, y es un pensamiento intrusivo constante.
No nos olvidemos de que muchas de las heridas de abandono y rechazo con las que crecimos los hombres gais no se deben solo al bullying en el colegio o el instituto, sino a todos los comentarios homófobos en el marco de la familia, la sensación de no encajar en nuestro entorno y el rechazo de nuestros iguales.
Esa falta de reconocimiento en la infancia y adolescencia muchas veces se traduce en una búsqueda intensa de validación en la adultez, que nos lleva a la idea de que «Si cambio y me vuelvo atractivo, nunca me volveré a sentir rechazado» .
Cada rechazo toca una herida muy profunda de la infancia, y por eso se vive con más intensidad y genera reacciones compensatorias (como, por ejemplo, el entreno compulsivo), porque el objetivo es evitar sentir eso.
El problema es que el físico es cambiante y caduca , por lo que estamos poniendo nuestra valía o manera de sentirnos queridos en algo subjetivo y que va mutando con el paso de los años .
He visto chicos con verdadera ansiedad y angustia por el hecho de envejecer , que mienten de forma compulsiva al decir su edad y que se operan la cara cada poco tiempo para retrasar el envejecimiento.
Aquí, el desafío para los gais no es tanto esculpir su físico, sino aprender a construir una autoestima sólida que no dependa exclusivamente de la aprobación externa, sino de un reconocimiento interno más profundo y estable .
Todo esto es curioso, porque el mundo gay presume de ser un espacio de aceptación de la diversidad, sin embargo, la diversidad corporal se tolera bastante peor que en el mundo hetero .
El body shaming es una realidad en las apps, donde ves perfiles que en su descripción incluyen frases como «No gordos, no peludos, no bajitos, no asiáticos, etc.
». Al final, es casi como si estuvieras seleccionando pescado en la pescadería, buscando el trozo que más te encaje estéticamente.
Es un engaño porque, bajo la ex cu sa humilde de respetar los «gustos personales», en realidad se esconde racismo, gordofobia, plumofobia y edadismo .
No digo que tus gustos no sean los que son, y no digo que puedas controlarlos o cambiarlos, pero sí puedes expresarlos de una manera que no haga tanto daño a otras personas.
Porque esto envía una señal devastadora: que solo un tipo de cuerpo, un tipo de apariencia y un tipo de masculinidad son deseables.
Muchos hombres con poca sensibilidad leerán esto y pensarán: «Ahora somos de cristal, no puedo expresar mis gustos; si no me gusta un tío con pluma, no me gusta y punto»; este es un argumento que he oído demasiado, pero considero que no podemos caer en el sincericidio de expresar todo bruscamente y sin matices.
Puedes simplemente rechazar a la persona o no responder, no hace falta hacerle saber lo que para ti está mal en la otra persona para dejarle claro que no está «a tu altura» .
También habría que reflexionar sobre por qué tenemos esa necesidad de imponer en el otro un ideal de belleza tan duro en cuanto al aspecto físico.
Quizá en ese intento de mostrar todo aquello que vivimos en la infancia, en ese intento de mejorar nuestra autoestima, nos acabamos convirtiendo en aquellos que tanto daño nos hicieron .