Sobreviviendo en el mundo gay 5. Estereotipos, estigmas y mitos en el mundo gay #2
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5. Estereotipos, estigmas y mitos en el mundo gay #2

La idea de que la homosexualidad va de la mano con ser un promiscuo no nace de la nada, por supuesto, pero hay muchos antecedentes que la explican.

Si ponemos el foco en el siglo pasado en España, la mayoría de los homosexuales vivían en la clandestinidad : matrimonios vetados, uniones civiles inexistentes, visibilidad con riesgos en espacios públicos; en este sentido, en muchas ocasiones, la única forma de relacionarse era en lugares sexualizados como las saunas, en clubs o en lugares a cubierta de la mirada de la ley.

Es decir, la ausencia de un marco social y legal que vali dara relaciones estables hizo que las conexiones fueran más breves y que el sexo se convirtiera en una vía de expresión e identidad , pero también en una forma de resistencia.

Con todo este tinglado, en la década de los ochenta del siglo pasado, aparecieron los primeros casos de VIH, lo que degeneró en una cobertura de la información sesgada en periódicos y televisión, que mostraban los «peligros» de la vida gay, invisibilizando que había una mayoría «no interesante» que sí vivía en parejas sanas y estables , sin mayores problemas, y que la mayoría de nuevos casos en esa década y la siguiente tenían que ver con las drogas intravenosas y la compartición de agujas.

Bajo este estigma, muchos padres, y gran parte de la sociedad, demonizaron y rechazaron a esos hijos gais.

Aquí entra en juego el concepto de « estrés de minorías» (también llamado posteriormente «ansiedad minorita ria») , acuñado por Ilan Meyer en 2003, que nos habla de cómo las personas pertenecientes a minorías enfrentan no solo el estrés cotidiano que enfrentamos los demás, sino que además enfrentan un es trés adicional, constante y derivado del estigma social, la discriminación y los prejuicios .

Para que se entienda, es como si el cerebro, al llevar tanto tiempo en alerta y en constante sufrimiento, se quedase permanentemente en ese estado , como si fuese su estado natural de activación.

Por eso muchos chicos gais viven con una continua sensación de ansiedad, sin saber que ese no es el estado natural y sano del organismo, y refugiándose en las drogas, el alcohol, el porno o el sexo, para aliviar la mente y calmar ese malestar .

E n esta ansiedad minoritaria hay factores externos, como la discriminación objetiva (el rechazo social o la violencia), o factores internos como la vigilancia constante (análisis de la propia conducta, miedo a ser juzgado y estado de alerta) .

Las consecuencias de este tipo de ansiedad son muy graves: desde una baja autoestima, autolesiones, adicciones, comportamientos sexuales compulsivos, etc.

, hasta ideación suicida, problemas de salud crónicos y un deterioro de la salud mental general.

Con todo esto, es lógico pensar que el sexo es la forma más fácil y rápida para muchos de calmar ese dolor tan gran de .

¿Por qué es falso este mito?

Sencillamente, porque la promiscuidad no es una orientación sexual, sino una elección personal . Igual que en el mundo heterosexual, existen hombres gais con múltiples parejas sexuales y hombres gais que han tenido una o dos relaciones en toda su vida.

Al respecto, hay una reflexión que me apetece compartirte: no existe evidencia científica sólida que demuestre, desde el punto de vista biológico, pero sí debido a influencias culturales y educacionales, que los hombres tengamos más deseo sexual que las mujeres; es decir, esto está mejor visto en los hombres, por lo que se genera una brecha en la que ellos expresan públicamente sentir ese mayor deseo .

Me llama la atención que, si sales a cualquier discoteca de noche, los hombres parecen estar más «salidos» y dispuestos que las mujeres a tener sexo.

En muchos casos, el hombre es quien quiere y se acerca a la mujer, mientras que ella es quien suele poder elegir si quiere o no.

Pero creo (y esta es una opinión personal) que si las mujeres fuesen con propuestas sexuales a los hombres del tipo «Vamos al baño», muchos dirían que sí, cuando al revés la cosa no funciona así o incluso se considera una ofensa.

A las mujeres se las educa, en la mayoría de las sociedades, para reprimir su deseo y proteger su cuerpo , con ideas como que si te acuestas con muchos o lo haces con cualquiera estás «más usada» o «eres una zorra», mientras que a los hombres incluso se les pre mia por ser unos ligones o llevarse a una chica distinta a casa cada noche .

Estos discursos se han popularizado en redes bajo la etiqueta de «hombre o mujer de alto valor», que nos vende que para tener más valor como persona debemos contabilizar nuestro número de encuentros físicos y, cuanto más alto sea este número (llamado body count en redes), más «usados» o «gastados» estamos.

El otro día un chico comentó en un vídeo mío que, si una cerradura se abre con cualquier llave, no sirve para nada, a modo de comparación con la penetración y las experiencias previas.

Ante estos discursos, muchas personas sienten culpa y pesar, lo que les impide vincularse con otros por esa vergüenza sobre su pasado.

En un estudio de 2005 publicado en la revista Behavioral and Brain Sciences , en el que se estudiaron cuarenta y ocho países, David P.

Schmitt concluyó:«Las diferencias sexuales en sociosexualidad (la disposición a tener relaciones sexuales sin compromiso emocional) se reducían a niveles más moderados en culturas con mayor igualdad política y económica de género».

De hecho, se vio que la brecha del deseo se reduce o desaparece en culturas con igualdad de género y menor estigma hacia la sexualidad femenina .

Vaya, que, en entornos libres de prejuicios, las mujeres igualan o incluso superan a los hombres en lo que respecta al deseo y la frecuencia de fantasías.

¿Qué tiene que ver esto con el mito de la promiscuidad?

Pues bien, para mí es el argumento estrella.

No es que los gais seamos más promiscuos, es que los hombres, desde el punto de vista educacional, estamos menos reprimidos y nos permitimos vivir el sexo sin la parte emocional y con menos culpa.

Por esa razón, cuando se encuentran dos hombres, ninguno se reprime, por lo que se da un mayor número de relaciones sexuales.

Si a esto le sumamos que los que somos abiertamente gais, en la mayoría de los casos hemos superado la represión de la sociedad y la opinión pública para poder simplemente vivir nuestra vida y existir (nuestra existencia es política), nos convierte en seres aún más libres para hacer lo que nos apetece sin pensar en el juicio social (ya estamos juzgados igualmente).

Pero viendo la evolución de la sociedad, y el aumento de infecciones de transmisión sexual (ITS) en porcentaje anual, estoy convencido de que los hombres hetero tienen el mismo deseo que nosotros y que cada vez se iguala más el número de relaciones sexuales en sociedades avanzadas que tienen una educación igualitaria.

Por lo tanto, los gais no tenemos algo biológico que nos convierta en máquinas sexuales por naturaleza o nos haga más promiscuos .

Es una mezcla de factores, como por ejemplo es el hecho de descubrir tarde la sexualidad, no poder explorar en muchos casos hasta una edad avanzada, la clandestinidad, la ansiedad minoritaria, el género y el porno.

Para los fans de la saga Crepúsculo, me recuerda a cuando, en una escena, Edward Cullen le dice a Bella «Iré al infierno de todos modos», como diciendo que al menos va a disfrutar porque el castigo está asegurado .

Creo que muchos gais nos hemos sentido así toda la vida, castigados socialmente por el mero hecho de existir, y por ese motivo hacemos cosas que una gran parte de la sociedad querría hacer y no puede, porque ya hemos superado ese miedo al castigo.

Respecto a esto último, basta con ver el consumo de pornografía heterosexual; es decir, el deseo está en todos.

Y, por si no te hubiera dado suficientes argumentos, vamos a hablar de un último dato que me parece curioso.

La palabra «promiscuidad» se define en el diccionario de la RAE como «relación sexual poco estable con distintas personas» y «promiscuo» se define como «dicho de una persona que mantiene relaciones sexuales con otras varias».

Creo que es posible ver la ausencia de tono negativo en ambas definiciones, simplemente se narra que una persona tiene sexo con varias, sin especificar cuántas.

¿Entonces el tono negativo se lo damos nosotros? Efectivamente.

El hecho de tener varias relaciones sexuales en un año, estando soltero y usando protección, no tiene absolutamente nada de malo.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) no da una definición oficial de «promiscuo», pero sí tiene el indicador MSP ( multiple sex partner s) para evaluar los riesgos de salud pública, especialmente con el VIH, y considera que tener más de una pareja sexual al año activa dicho indicador .

Lejos de lo que pensamos, no hace falta acostarse con treinta personas para ser promiscuo, basta con tener más de dos parejas sexuales en un periodo razonablemente corto.