Sobreviviendo en el mundo gay 5. Estereotipos, estigmas y mitos en el mundo gay
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5. Estereotipos, estigmas y mitos en el mundo gay

ESTEREOTIPOS, ESTIGMAS Y MITOS EN EL MUNDO GAY

Ya hemos visto la manera en la que crecemos rodeados de ideas sobre nuestra sexualidad —que, como ya dijimos, no hemos elegido—, frases y creencias dañinas que dificultan nuestros procesos y nos impiden desarrollarnos con libertad y en paz.

Palabras que de primeras nos parecen inocentes, pero que se clavan poco a poco en el alma y se repiten hasta que, sin darnos cuenta, empiezan a moldear la forma en la que vemos a los demás, pero sobre todo la forma en la que nos vemos a nosotros mismos.

En el caso de los chicos gais, esos mensajes son abrumadores y destructivos.

Tanto que se han convertido en un catálogo interminable de estereotipos y mitos que nos deshumanizan, caricaturizan y reducen nuestra identidad a algo simple y deleznable .

Nos reducen a un puñado de rasgos, nos intentan limitar , nos agrupan y nos meten en una caja con etiqueta , como si tuviésemos que seguir unas normas y ser de una determinada forma para ser un «gay normal».

El miedo a vivir una «vida gay»

Muchas veces ocurre que la homofobia interiorizada , basada en parte en todos esos mitos y estereotipos, nos hace huir despavoridos de la vida gay , con el fin de diferenciarnos y así poder afirmar «Yo no soy ese tipo de gay, yo no pertenezco a ningún colectivo».

He conocido muchos gais que detestan «pertenecer», que odian todo lo que representa el mundo gay y que hasta presumen de algo (que me hace mucha gracia) que se hace llamar «tener vida hetero» .

Hay hasta perfiles en Grindr cuyo nombre es «Vida hetero», como si ya eso lo dijese todo.

¿Qué es esa «vida hetero»?

Supongo que Taylor Swift y Pedro Sánchez —ambos heteros— llevan «vida hetero», y no puedo parar de encontrar diferencias sustanciales.

En este contexto, cuando hablas con las personas que presumen de tener una vida hetero, esta suele significar todo lo que está alejado de los estereotipos de pluma y feminidad, todo lo que representa la masculinidad y ser muy «macho» .

Considero que esta es una conversación para la que aún no estamos preparados.

No obstante, te aseguro que la atracción que sentimos por alguien, debido en menor o mayor medida a su masculinidad, se debe a la influencia de muchos factores educacionales.

A mí me pasa (¡culpable!) que por muy consciente que sea no elijo lo que me atrae , pero sí sé a ciencia cierta que factores como el físico de alguien, su personalidad y actitud sí cambian mi relación estando con esa persona, es decir, me afectan directamente.

El hecho de que sea más o menos femenino no cambia absolutamente nada de mi vínculo romántico , lo mire por donde lo mire.

Pero, claro, todos los hombres que la sociedad nos ha dicho que son sexis y deseados —los príncipes de Disney, los «tíos buenos» de comedia romántica, etc.

— eran masculinos y tenían una actitud y un rol asignados.

Eso es «un hombre » , por lo que ¿cómo va a resultarnos atractivo todo lo que se salga de ahí?

Esto pasa con todo… Nos atrae lo que nos gusta por mil factores que son muy difíciles de desgranar sin volver al pasado, aunque nada es del todo casualidad.

Dicho esto, si pensar en un gay te lleva al típico presentador de televisión que tenía mucha pluma, y que tu padre, al verlo en la pantalla, decía cada vez «Mira el maricón ese», es normal que cuando te estás aceptando, si no te sientes identificado, pienses «Yo no soy así, no quiero que se me meta en ese saco» .

Pero esto no es justo, porque hay millones de heteros a los que no se nos ocurriría comparar ni meter en el mismo saco, es decir, ellos son tan variados como podemos serlo nosotros .

En este sentido, se ha acuñado el término «unga unga» para agrupar a toda una categoría de hombre heterobásico que solo piensa en el fútbol y en las mujeres, que además grita y que no tiene mucho cerebro; lo cual es algo similar a lo que se viene haciendo con los homosexuales, pero al revés, y con el apoyo de muchas mujeres.

Personalmente, por muy divertido que parezca todo esto, creo que nos limita y nos hace encasillar a las personas en roles estrictos de los que no se puede salir, al menos mentalmente .

El impacto de todos estos estereotipos sobre el mundo gay es tal que muchos gais niegan su pertenencia hasta tal punto que les imposibilita hacer amigos gais, tener pareja o conocer a gente similar, lo que impide que sean felices.

Hay muchos chicos que rechazan a personas que les atraen verdaderamente solo por descubrir rasgos que les recuerdan a aquello que tanto rechazan o temen , a aquello que les han enseñado que no es deseable o es susceptible a insultos y exclusión.

Si tienes la suerte de haber sido un gay masculino e integrado en el colegio, pero has visto a tu compañero sufrir bullying y agresiones por ser como era, es lógico que no te resulte atractivo o rechaces lo que implica ser así, es pura supervivencia .

«Actuar» gay

En el libro Con amor, Simon , del que han salido películas y una serie, hay una escena en la que el protagonista asume que es gay, y en ese momento empieza a plantearse si debe escuchar a Lady Gaga y también se plantea cómo debe vestirse (se prueba miles de prendas que nada tienen que ver con su estilo) ahora que «es gay».

Al final, acaba yendo al colegio vestido como siempre, dando a entender que sigue siendo él mismo y que su orientación sexual no es indicador de nada.

Es complicado porque, a veces, cuando te han rechazado toda tu vida por no encajar en el estereotipo de «hetero» o «macho», y has sufrido bullying por no tener gustos como el fútbol o los coches, por sentarte de una determinada forma o tener ciertas inclinaciones, y por fin te aceptas y te encuentras, te vas al otro extremo .

Y también les sucede a chicos que de repente pasan a ser otra persona al salir del armario, se identifican con estereotipos y llevan su personalidad al extremo .

Es el mecanismo contrario a desidentificarse: identificarse al máximo para pertenecer.

En estos casos he oído comentarios como «De repente le ha salido toda esa pluma que nunca tuvo, la fuerza» o «Creo que le han lavado el cerebro».

Cuando llevas toda la vida en una jaula y por fin puedes volar y mostrarte, lo quieres hacer por todo lo alto y sacando a relucir todo lo que has reprimido al máximo, lo que puede llevarte a experimentar o explorar situaciones que no te pertenecen, pero lo haces por el simple hecho de sentirte libre (aunque, por supuesto, ello no es tan sencillo).

Todo esto daría para un libro entero, porque la expresión del yo es un tema muy complejo.

A lo largo de la vida nos repiten frases como «Siendo tú mismo serás feliz» y que debemos dejar de intentar ser algo que no somos para agradar, que no hay que cumplir un papel de cara a la sociedad .

Pero obligarte a ser «tú mismo» es obligarte a representar el papel más difícil, y muchas veces falso, de todos:

¿Quién narices es «tú mismo»? ¿Cómo eres realmente? ¡Si es que no es posible saberlo!

Claro que está bien ser real, pero, en el momento en el que ser real es un objetivo y una obligación, dejas de ser real para pasar a representar el papel de «ser una persona real», calculando lo que haces, sintiendo culpa y presión por salir de ahí.

Tener que pensar en cómo eres tú siendo tú es limitarte, es identificarte y definirte con una serie de etiquetas basadas en tu pasado e historia vital, que solo hablan de ti en determinados momentos bajo determinadas circunstancias ; pero no eres tú, o al menos no del todo.

Somos seres fluidos, variamos cada día, cada segundo. No podemos intentar ser algo que no existe de forma fija. Eso es una trampa.

Por eso me gusta cambiarlo por el concepto de SER , sin necesidad de limitarte, probando y sin tener que quedarte en un papel solo por haberle comunicado al mundo en cierto momento que eras o dejabas de ser de una determinada manera.

Imagínate si los emo de los 2000 ahora tuvieran que seguir presentándose y comportándose como dicha tribu urbana, solo porque se identificaron así y exploraron su identidad en determinado momento.

Es normal que todos, heteros y gais, en un mundo tan juzgón y represivo, representemos tantos papeles y tengamos tantas máscaras que a veces nos resulte difícil saber quiénes somos .

De hecho, es imposible saber si nos las hemos quitado todas y hasta qué punto estamos siendo honestos o no.

Por eso, aceptar que «no sabes quién eres siempre» es lo mejor que te puede pasar, te aporta paz mental y te permite descansar en un yo que observa, un yo que mira a la mente que «no sabe».

Y dicha parte que observa y mira, eso que queda detrás del «no saber», eso sí eres tú siendo real.

Es el hecho de aceptar que tú no eres el personaje principal de la película de tu vida, aunque tus sentidos estén vibrando en esa sintonía con él, sino el espectador que desde la butaca intenta darle sentido al personaje.

No me quiero poner más filosófico por el momento, pero este párrafo daría para reflexionar muchas horas; y, si quieres hacerlo, te recomiendo el libro Un nuevo mundo, ahora , de Eckhart Tolle.

La mitología gay

Volviendo al tema que nos atañe, estamos aquí para desmontar mitos y poner en orden ciertas cuestiones que llevan toda la vida mal explicadas .

A continuación, voy a plasmar varios de estos mitos y vamos a desgranar sus posibles orígenes y sus porqués.

Mi intención no es convencer a nadie, sino ayudar a quienes hemos crecido bajo la sombra oscura de estos mitos a ver con mayor claridad y luz.

Mito 1: Los gais son promiscuos por naturaleza

Todos los gais follan cada día con gente distinta.

Todos los gais hacen orgías y tienen VIH.

Los gais tienen muchas enfermedades de transmisión sexual.

¿De dónde viene este mito?