Sobreviviendo en el mundo gay 4. Vinculación gay e influencia del porno
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4. Vinculación gay e influencia del porno

VINCULACIÓN GAY E INFLUENCIA DEL PORNO

Siempre digo que nuestras primeras relaciones son como experimentos de laboratorio , no tenemos ni idea de dónde estamos, de quiénes somos ni de qué va a salir de ahí.

Sin embargo, queremos y debemos aprender de ello.

Es una instancia en la que tenemos que descubrir (muchas veces a base de golpes) qué es lo que nos gusta, qué necesitamos, qué nos viene mal y cómo es el mundo real.

Cada relación, en estas primeras etapas del desarrollo (la adolescencia), en la que no hay aprendizaje previo ni experiencia, supone un mundo para la persona.

Todo deja huella, todo duele más, se vive más intensamente , se siente como si fuese lo único importante que vas a vivir en la vida, como si ya nunca fueses a sentir lo mismo o la persona que tienes enfrente fuese el amor de tu vida.

En el caso del mundo gay, esto se intensifica y multiplica por diez, ya que la mayoría no tenemos prácticamente ejemplos ni modelos de parejas gais en nuestro entorno.

Por eso, en nuestro caso, estas experiencias universales suelen llegar años más tarde, en un punto vital distinto o de maneras diferentes .

En muchos casos, la sexualidad se explora antes que el afecto , lo cual marca nuestra manera de vincularnos y a veces genera dificultades.

Esto, como ya hemos visto, no es para nada casualidad: la falta de referentes, el miedo al rechazo y la forma en la que socializamos nos empujan hacia caminos distintos, a veces más rápidos en lo sexual y más lentos en lo emocional.

El efecto de la pantalla

En todo este batiburrillo aparece un invitado estrella: el porno .

Lejos de lo que mucha gente cree, el porno no solo nos influye desde el punto de vista sexual, sino que también afecta a nuestra manera de vincularnos, ya que es un maestro en torno a la sexualidad, los roles de género, los cuerpos estándares y las formas de gestionar la interacción física.

Así, en el mundo gay, el porno suele cobrar un papel mucho más importante.

Un estudio de Solano, Eaton y O’Leary de 2020 titulado «Pornography Comsumption, Modality and Function in a Large Internet Sample» indica que un 91,5 por ciento de los hombres reportó haber consumido pornografía frente a un 60,2 por ciento de las mujeres.

Pero, en el caso de los hombres gais, el porno supone, para prácticamente todos los que he conocido en consulta, el primer contacto para observar relaciones de cualquier tipo entre dos hombres.

Hace pocos años, en las plataformas de streaming —como Netflix o HBO— aparecieron series en las que salen personajes gais, lo cual cambió el mundo para nosotros; pero hace veinte años era difícil, sino imposible, encontrar algo de esto en la televisión.

Esto en parte viene dado porque dichas plataformas están menos sujetas a esa censura sexual que sí se sufría en la televisión tradicional, ya sea por sus anunciantes o por conservar la etiqueta de family friendly en ciertas franjas horarias.

Hasta hace prácticamente nada, el contenido más explícito relacionado con la homosexualidad solo se incluía en películas y series para adultos, lo cual refuerza de nuevo la sexualización de nuestros vínculos .

En mi caso, y en lo que respecta a la televisión, el primer personaje gay que conocí fue Fer, en la serie Física o química , con quince años.

Nunca antes había tenido la oportunidad de ver nada así, nunca antes me había planteado que esta podría ser una posibilidad de relación, tampoco mis padres, ni en el colegio, me habían hablado de ello, y yo no conocía a ningún gay .

Si hay algún lector algo más joven, que haya nacido en la década del 2000, se sorprenderá enormemente, pues no es consciente de la suerte que tiene y de cómo ha evolucionado el mundo en poco tiempo.

Cuando les digo esto a amigos míos nacidos en 2004 me llaman exagerado, porque, siendo yo tan joven, creen que no puede haber tanta diferencia, pero sí la hay.

En cinco o diez años el mundo ha cambiado de manera abismal.

Así, podemos ver cómo entramos muchas veces en el mundo relacional con ciertas mochilas con las que es difícil lidiar.

El peso de las primeras veces

No solo aprendemos lo que significa tener pareja, sino también las dinámicas establecidas en el marco de una relación: las peleas, las diferentes opiniones, el hecho de normalizar ciertos aspectos y que nos traten de una determinada manera.

En mi libro anterior, Tu camino hacia el amor , dediqué un capítulo entero al apego y cómo este influía en la manera en la que nos vinculamos y elegimos pareja.

En esa casita construida de apego, nuestros padres y nuestra infancia marcan la base, pero nuestra primera relación afecta más que las siguientes, es un piso entero de la casa por sí sola.

Nuestras primeras relaciones nos marcan mucho más de lo que pensamos: actúan casi como un molde invisible, afectan a nuestro futuro y nos predisponen de distintas formas.

Cuando esa primera experiencia es sana y bonita, nos enseña que merecemos amor y cariño; que nos quieran y cuiden bien nos deja una base más estable.

Pero, cuando son caóticas, frías o marcadas por la inseguridad, tienden a sembrar creencias que luego nos cuesta desmontar, como por ejemplo que amar es sufrir, que hay que ganarse el cariño o que siempre habrá alguien a punto de irse.

En el caso de los chicos gais, la mayoría de las primeras experiencias son, por desgracia, malas, ya que van marcadas por la ocultación, la culpa, el silencio, la evitación o la vergüenza .

No solo hay emociones negativas asociadas alrededor, sino que, también, los otros chicos que conocemos vienen con conflictos iguales o peores , lo que dificulta mucho que salga una relación sana de primeras.

Esto se traduce en que, en lugar de llegar con cierta inocencia, a menudo llegamos con heridas previas : años de ocultar lo que sentimos, miedo al rechazo familiar o social, o haber vivido la sexualidad de forma clandestina.

Todo eso es lo que yo llamo el «equipaje emocional», y como te puedes imaginar no se queda fuera de la relación, sino que viaja con nosotros y condiciona cómo nos vinculamos.

¿Qué es exactamente ese equipaje emocional y de dónde sale?

Pues bien, como se desprende de la lectura del libro, sabrás que amar en el mundo gay difiere de amar en el mundo heterosexual , pero no por una cuestión biológica o de nacimiento, sino por el contexto en el que crecemos y por toda la carga que la sociedad pone sobre nosotros .

Es decir, las circunstancias que rodean nuestras primeras experiencias dejan heridas o huellas que influyen en cómo nos vinculamos como adultos.

Aunque hay mil matices, me gusta diferenciar tres grandes bloques desde donde nos viene este equipaje tan pesado:

1. Explorar nuestra sexualidad más tarde que las personas heterosexuales propicia que sintamos emociones nuevas e intensas a una edad que no es la habitual .

Muchos viven con veinticinco lo que otros vivieron con quince, ya que manejan por primera vez emociones, inseguridades y miedos que un chico de esa edad ha aprendido a gestionar bien con anterioridad.

Cuando algunos chicos están centrados en ligar y gestionar sus primeros rechazos, nosotros nos encontramos en una lucha interna por conocernos, aceptarnos y planificar cómo vamos a comunicarlo, con su gestión de riesgos correspondiente.

En muchos casos, la vida de la persona corre peligro, ya sea por miedo a que la echen de casa o porque su familia la ha amenazado, «literalmente».

2. El amor no florece igual bajo un aura de miedo y terror.

Para muchos chicos, el simple hecho de pensar en su sexualidad o en hacer público su amor, o incluso en amar, va unido a una sensación terrorífica de miedo y culpa.

¿Mi familia me abandonará? ¿Mi entorno no me querrá?

Esto genera cautela, reservas, y una evitación a la hora de vincularse que puede dificultar la espontaneidad y fluidez del amor.

3. Un chico hetero puede parar a cualquier chica por la calle y pedirle el teléfono, casi en cualquier contexto, sin miedo.

Nosotros no. Primero porque la mayoría de los chicos no son gais y segundo porque quizá recibamos violencia si lo hacemos.

No solo no tenemos un sinfín de posibilidades en la universidad o el trabajo, sino que, además, de los tres gais que hay en clase, quizá ninguno encaja con nosotros en gustos, rol sexual…

Con esto, nos vemos obligados a recurrir a las apps de citas o clubs de ambiente, que es la forma más sencilla de conectar con iguales y tener mercado en el que elegir.

NOTA DE AUTOCOMPASIÓN

Sabiendo todo esto, es normal que a veces te cueste emparejarte y no tengas las mismas facilidades que tu hermana o tu amigo.

Sé paciente. Todo esto no significa que estemos condenados a relaciones más frágiles, sino que partimos de coordenadas distintas.

Y entender de dónde venimos es el primer paso para decidir hacia dónde queremos ir en un futuro, y hacer la travesía con éxito.

Volviendo al porno, si me lo permites, me gustaría dedicar un ratito a reflexionar sobre ello, ya que creo que en la comunidad es un elemento nuclear y clave. De hecho, si buscas la palabra en Google, aparecen cerca de dos billones de resultados en menos de un segundo.

Según el informe «Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales de adolescentes y jóvenes» publicado por Lluís Ballester y Carmen Orte, en España la media de edad del primer contacto con la pornografía está entre los nueve y los once años .

Alejandro Villena, en su libro ¿ POR qué NO? , nos cuenta que el 76 por ciento de los varones empiezan a ver pornografía antes de los dieciséis años y el 69 por ciento acude a internet para resolver dudas sexuales.