3. El obsoleto proceso de «salir del armario» ganancias y pérdidas #2
Y en este punto me interesa señalar la diferencia principal entre visibilidad y vulnerabilidad.
Podemos ser visibles, subir fotos con nuestra pareja, hacer ciertos planes, pero eso no siempre implica estar siendo auténtico y vivir sin miedo.
Porque salir del armario no es una declaración, es una exposición, y toda exposición lleva consigo riesgos.
Hay armarios visibles y armarios invisibles, hay personas que han salido del armario para sus amigos, pero no para sí mismos.
Hay personas que lo cuentan, pero aún lo viven con culpa.
Salir del armario no siempre es sinónimo de libertad inmediata.
A veces, es solo el primer paso de muchos.
No es lo mismo:
• Callar por evitar el sufrimiento de un familiar, porque ya está mayor y no quieres darle un disgusto, como es el caso de ciertos chicos con sus abuelos.
• Callar por miedo a decepcionar y que tu familia no se sienta orgullosa.
• Callar por temor económico, por miedo a ser echado de casa y no poder mantenerte. Callar por dependencia instrumental, en definitiva.
• Callar por miedo a sufrir un daño físico.
• Callar por miedo a la ley, como ocurre en muchos países.
• Callar porque te avergüenzas de ti mismo y de lo que eres.
Como puedes ver hay muchas formas de opresión, muchos motivos para tener miedo y muchas razones por las cuales podemos vernos agobiados en este momento tan crucial del proceso.
La razón es que se nos olvida que el ser humano es un animal social, necesitamos sentirnos pertenecientes, valorados, queridos, entendidos…
; y cuando algo lo pone en peligro, cuando una parte de nosotros amenaza con quitarnos todo esto, el temor es muy grande .
El problema es que, si nos lo callamos, vivimos en un engaño: no puedes sentirte visto y querido en tus vínculos mintiendo compulsivamente sobre quién eres, porque al final esa persona a la que quieren, valoran y entienden los demás no serás del todo tú, sino la versión edulcorada que les has ofrecido para agradar .
Es normal tener miedo, es normal sentirse completamente perdido y solo.
No es nada fácil vivir sabiendo que las personas que más quieres odian una parte tan importante de ti, y por desgracia muchos chicos crecen escuchando a sus padres decir barbaridades de las personas homosexuales.
Es común ver, desde este punto de vulnerabilidad, a muchos de esos chicos teniendo conductas de compensación , por ejemplo, con una autoexigencia excesiva en los estudios, intentando «suplir» ese defecto para que sus padres se sientan orgullosos y los quieran.
Es una forma de decir «Sí, soy gay, pero también soy el hijo que más dinero gana o el que mejor notas saca; puedes sentirte orgullosa, mamá».
Lo cierto es que he escuchado a muchísimos padres decirle a su hijo que lo van a querer igual, aunque venga «con defecto de fábrica».
Puede que en algunas ocasiones se diga en tono de broma y otras en serio, pero, con un pasado de interiorización de la homosexualidad tan horrible, esto hace mella en la persona.
Pedro, de diecisiete años, llegó a mi consulta con una ansiedad desbordante : se mataba a estudiar, sacaba sobresalientes y aun así no era suficiente.
Su madre lo llevó a terapia porque decía que no entendía de dónde venía esa exigencia que ella nunca le había impuesto, decía que se pasaba noches enteras estudiando y que lloraba cuando sacaba un nueve; se sentía consumido.
Cuando exploramos, poco a poco nos dimos cuenta de que Pedro era gay, había descubierto su orientación sexual y no se la había comunicado a nadie.
Acostumbrado a ser el niño querido y admirado por su padre, no soportaba la idea de decepcionarle, no soportaba el pensar que sus padres ya no le iban a querer, que no iban a sentirse orgullosos de él .
Su refugio, en parte para no pensar en lo que le venía encima y en parte para compensar lo que sabía que acabaría ocurriendo, fueron los estudios, pues sentía que allí tenía «algún control» .
En una ocasión me dijo: «Por mucho que lo intento no puedo sentirme atraído hacia las mujeres, pero, si estudio mucho, sí puedo controlar la nota que saco y al menos tendré un buen futuro si nadie me quiere».
En este caso, tras un pequeño trabajo y unos meses juntos, pudo contarle todo a sus padres y las cosas no salieron tan mal como él creía. Pero no todos los casos son iguales .
Samuel, de veintidós años, no corrió la misma suerte.
En una situación parecida, al enterarse sus padres, le dijeron que estaba perdido y que, o rectificaba y se daba cuenta de que no era gay, o le dejarían de pagar la universidad y le echarían de casa.
«No vamos a invertir en ti si luego tú haces lo que te da la gana.
Mientras vivas bajo nuestro techo no ELEGIRÁS este estilo de vida».
Samuel tuvo que volver al armario, llorando y en silencio, con sus salidas controladas, su paga restringida y sin poder hacer viajes con sus amigos.
NOTA DE AUTOCOMPASIÓN
Mereces ser querido por el simple hecho de ser tú, nada de lo demás te resta valor como persona. Recuerda, tu valor intrínseco como ser humano es infinito, y nada ni nadie te lo puede quitar.
Por eso siempre digo que el contexto y los motivos importan, y que a veces es sabio continuar en el armario cuando tu vida o futuro corren peligro . De hecho, antes de hablar con tus padres me gustaría darte algunos consejos clave:
1. ¿Estás seguro de tu orientación? Está claro que la homosexualidad no es una etapa, pero sí hay casos en la adolescencia, como vimos previamente, en los que la gente explora sin que eso resulte algo definitivo.
Antes de comunicar lo que sea, aclara cualquier confusión para evitar perder credibilidad y que te tomen en serio, especialmente si no cuentas con padres muy abiertos o comprensivos.
2. ¿Te sientes cómodo con tu sexualidad?
No me voy a repetir, pero recalco que tenerlo aceptado es necesario para tener la fuerza suficiente para enfrentarte a progenitores con una mentalidad posiblemente antigua y reacciones negativas.
Si tienes un escudo poderoso de amor propio, cualquier reacción negativa va a saber a menos.
3. ¿Cuentas con el apoyo de tus amigos en caso de que en casa algo no vaya como esperabas? Es importante refugiarte en alguien si las cosas salen mal, especialmente alguien que conozcas y te quiera.
4. ¿Qué te motiva a contarlo? Intenta que sea el deseo de una mayor comunicación, sinceridad y amor, nunca es bueno estar motivado por el odio, el chantaje o la rabia.
5. ¿Dependes económicamente de tus padres? Es importante saber si van a reaccionar mal, sobre todo en este caso concreto, ya que quizá sea mejor esperar a un momento en el que seas independiente económicamente y no puedan hacerte daño en este sentido.
6. Asegúrate de sentirte fuerte y convencido de que no hay nada malo en ti, y de que eres feliz. Muchos padres intentarán expresar su rechazo justificándolo en que no quieren ver a sus hijos sufrir, cuando son ellos los que precisamente están causando el sufrimiento.
7. Lo más importante en muchos casos es educar.
Piensa que al final tus padres son personas de otra generación, que te quieren y se preocupan por ti y creen que lo hacen lo mejor que pueden para que no sufras.
Intenta tener una actitud abierta, de amor, en la que les enseñes y ayudes a replantearse todas sus creencias.
Ellos te han educado toda su vida, ahora es tu turno.
En mi experiencia, creo que este último punto es el más relevante, ya que veo a muchos chicos caer en lo que bajo mi punto de vista es un error, las famosas frases: «En mi casa no se habla del tema, pero todo bien» o «Todo está bien, pero yo no puedo hablar de eso con mi familia».
Y, ciertamente, tampoco podías hablar de eso contigo, pero tuviste que insistir y trabajarlo para poder aceptarte.
Lo mismo pasa con los padres, si quieres tener una relación bonita, de confianza, en la que expresar todo aquello que sientes y que estén al tanto de tu vida, tendrás que pasar por momentos incómodos y normalizar ciertos aspectos de tu vida .
Es fácil convencerse a uno mismo bajo la excusa de que con una orientación heterosexual tampoco habría necesidad de comunicar esto, y engañarse con que quieres una relación fría con tus padres, pero en muchos casos esto no es cierto.
No digo que en todos, pero sí recomiendo plantearse, siendo sincero con uno mismo, qué es lo que nos impide abrirnos.
Piensa en ti, con quince años, viviendo tu orientación sexual por dentro, sabiendo que no lo has elegido, que es algo que sientes, que no es dañino de por sí, que no nace desde ningún lugar oscuro, y aun así te cuesta años aceptarlo, reflexionarlo, entenderlo y comunicarlo.
Imagina ahora a tus padres en un contexto distinto al tuyo, con una educación diferente, sin vivirlo en sus propias carnes…
Tienen que hacer el mismo proceso que tú tuviste oportunidad de hacer, solo que ellos no tienen la experiencia interna todo el día en su cabeza como tú, que lo sentías.
Te necesitan. Necesitan que estés ahí para educar, para eliminar creencias, para contestar sus dudas con amor, sin juicio.
Créeme, me pasé semanas persiguiendo a familiares que de primeras no querían escuchar, hablándoles de mi proceso, leyéndoles libros, educándolos… Y mereció la pena.
No te pido que aceptes machaques continuos, ni te digo que tengas la obligación de hacerlo, porque ciertamente no es una obligación. Pero si valoras la relación con tus padres, y te gustaría mantener una buena relación en el futuro, es algo que te recomiendo encarecidamente.