Sobreviviendo en el mundo gay 2. Estadios de aceptación del hombre gay
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2. Estadios de aceptación del hombre gay

ESTADIOS DE ACEPTACIÓN DEL HOMbrE GAY

Personalmente, nunca me ha gustado generalizar sobre cómo la gente debe vivir un proceso concreto, ya que creo que cada experiencia es distinta y que existen miles de matices diferenciales .

Aun así, viene muy bien entender ciertos momentos comunes para darnos cuenta de cómo nuestra experiencia es más o menos compartida y de que, a pesar de nuestras diferencias individuales, hay lugares inevitables por los que los hombres gais debemos transitar en esa búsqueda y aceptación del yo.

Estadio I. Sentimiento de diferencia

Esta etapa suele comenzar en la infancia , y no tiene nada que ver aún con la atracción sexual, sino más bien con un sentimiento profundo y arraigado de «no encajar» .

Desde muy temprano, incluso antes de comprender conceptos como orientación sexual , ya podemos empezar a sentir que no encajamos, que algo no va bien, que algo no funciona.

Tal vez nos damos cuenta de que algunos de nuestros gustos, sensibilidades o forma de ser no coinciden con los estereotipos de lo que «debería ser» un chico de nuestra edad.

Muchos chicos gais lo empiezan a sentir por el simple hecho de no querer jugar al fútbol o preferir quedarse hablando con las chicas en un banco.

Algo tan simple como eso ya genera muchísimos problemas con sus iguales, que los señalan, aíslan o insultan, y así comienza un proceso de deterioro de la autoestima que será clave en el futuro .

Por supuesto, se puede ser gay y que te encante el fútbol, y se puede ser hetero sin tener intereses típicamente asociados a roles masculinos, pero pongo este ejemplo simplemente porque son situaciones que me he encontrado con mucha frecuencia.

Lo más complejo de esta etapa es que este sentimiento puede generar una profunda sensación de extrañeza y soledad , por lo que no se vive como algo positivo.

Aún no entendemos qué está ocurriendo ni mucho menos podemos explicarlo con claridad, pero el entorno ya empieza a reforzar lo que «debemos hacer» en nuestro rol de hombre y, también, aquello que no está bien visto .

Pueden ser cosas sutiles, como decirnos que no podemos pedir una muñeca por Navidad, o que jugar a las cocinas es de niñas (cosa que además es sexista y machista), que no nos puede gustar un niño de clase, que eso es de maricones, o que bailar o sentarnos de esta o tal manera no es normal.

Recuerdo cómo, con apenas siete años, una profesora me sacó de un grupo de chicas con el que hablaba cómodamente para obligarme a jugar al fútbol con mis compañeros.

Fue una auténtica imposición al grito de «Los niños con los niños, y ahí debes estar tú, voy a vigilarte hasta que te guste».

Tuve que llevar una nota de casa diciendo que me había lesionado la rodilla para que me dejasen vivir el recreo como me apetecía, imagínate.

No era una cuestión de que no me gustase el deporte, yo he hecho artes marciales toda mi vida, era una cuestión de que, si no te gustaba ESE deporte, algo iba mal en ti, te quedabas fuera.

Todo esto parece sutil, irrelevante, pero ya te va enseñando a luchar desde pequeño, te va diciendo que ser diferente te va a causar problemas, que tengas cuidado .

Por supuesto, si eres hetero, el hecho de que no te guste el fútbol o que tengas gustos diferentes a las convenciones de género no irá en detrimento de nada; pero, siendo gay, es el inicio de una serie de diferencias que te tocará vivir y cuyas consecuencias se van a intensificar .

En esta etapa, por lo general es pronto para hablar de la orientación sexual, la mayoría de las veces el niño ni siquiera se lo ha planteado, y en muchos hogares pueden no tomarlo en serio o incluso intentar «redirigirlo», creando heridas en la persona.

Lo que sí está claro es que tener unos padres que te permitan ser —validando tus gustos y dejándote expresar tu personalidad— ayudará mucho a que te sientas protegido, validado y querido en casa .

De esta forma podrás permitirte conocerte, explorar, hablar de ello, y quizá te ahorre muchos años de terapia y autodescubrimiento.

Hoy en día existen padres tan maravillosos que hasta hablan abiertamente con su hijo de sexualidad, le preguntan, le explican sus opciones y dejan que el niño se sienta cómodo hablando de ello.

Estadio II. Confusión y negación

Aquí comienza el verdadero conflicto interno. A medida que las pistas se hacen más claras en la adolescencia, podemos entrar en un conflicto emocional profundo : empezamos a intuir nuestra orientación sexual, a entender lo que pasa, pero no lo aceptamos.

La negación se convierte en un mecanismo de defensa frente al miedo, la culpa y el rechazo social.

Empezamos a sentir emociones, deseos y pensamientos que no encajan con los de nuestros iguales, y se refuerza la sensación de que algo no va bien .

Y realmente nada está funcionando de manera errónea, pero la sociedad y su manera de construir la identidad nos hace sentir que no encajamos en el molde, como si estuviéramos montando un mueble siguiendo unas instrucciones y de repente nos diéramos cuenta de que hemos hecho algo mal durante el proceso, porque las piezas no están encajando como creemos que deberían.

Es una sensación horrible e injusta , porque los seres humanos no somos como un mueble que tiene una configuración única, somos como esas construcciones de Lego que tienen infinitas posibilidades, muchas de ellas maravillosas .

Si en el pasado ya hemos visto cómo las mínimas diferencias nos provocaban miradas de desaprobación de nuestros padres y profesores, rechazo de nuestros iguales y sufrimiento, el mero hecho de sospechar algo tan importante nos produce pánico .

Por eso, es común que esta etapa venga acompañada de ansiedad, represión, comportamientos autodestructivos o hiperadaptación a lo esperado , forzando una manera de ser irreal que en el futuro llevará al hartazgo, la frustración o la pérdida de vínculos.

Luego, en el capítulo 3, en el que abordo el proceso de «salir del armario», hablaremos de cómo esta negación del yo, que oculta una parte tan importante a los demás, puede llevarte a sentir la soledad más extrema.

En cualquier caso, en esta etapa es crucial entender que la homofobia interiorizada ya empieza a hacerse presente , mucho antes de saber que ese es el nombre de lo que estás sintiendo.

Hemos interiorizado tantísimas cosas malas sobre el hecho de ser gay que nuestro autoconcepto no puede verse fusionado con ello, no podemos ser eso de lo que tantas cosas negativas hemos escuchado , no podemos integrarlo en el YO.

Es duro, porque en la adolescencia se forma la identidad de la persona, y aceptar algo tan aparentemente «horrible» de uno mismo afecta inevitablemente a la autoestima y el autoconcepto, deteriorándolos .

Por supuesto, luego veremos que esto es culpa de la sociedad y, también, cómo podemos gestionarlo.

En este punto, comunicarlo a otros es muy poco frecuente, ya que ni siquiera uno mismo lo tiene integrado.

No es aconsejable salir del armario en esta fase, salvo con vínculos muy seguros y que sepas que van a apoyarte.

Hacerlo desde la culpa y la negación puede ser muy dañino y dejar secuelas, especialmente si la mayor preocupación del entorno que te quiere es verte sufrir y tú lo cuentas sufriendo.

También, cuando tu percepción ya de por sí es negativa, cualquier comentario en esa línea surtirá el doble de efecto sobre tu sensación de malestar.

Estadio III. Reconocer la homofobia interiorizada

Este punto es crucial. De hecho, es la etapa más profunda y delicada del proceso .

Es también la más problemática, ya que muchas personas se quedan atascadas aquí durante años , incluso para siempre.

Como comenté en los puntos anteriores, haber crecido en un entorno en el que lo homosexual se considera inferior, anormal o vergonzoso hace que muchos chicos acaben creyéndose esos mensajes y convirtiéndose en sus peores jueces.

Conozco a muchas personas que tienen relaciones homosexuales, incluso relaciones duraderas, pero sin haber eliminado del todo la vergüenza o la sensación de estar defectuosos .

Esto les impide vivir la sexualidad con plenitud, dar la mano a su novio por la calle o el simple hecho de mencionar la palabra «novio» delante de sus padres.

Yo siempre digo, aunque suene muy fuerte, que todos tenemos un punto de homofobia interiorizada y que reparar esto es un objetivo para toda la vida.

Quizá aceptas que eres gay y tienes novio, pero también estás orgulloso de que «no se te nota» y te sientes feliz cuando alguien te lo dice.

Lo mismo pasa con evitar muestras de afecto en público con la excusa de que «con chicas tampoco lo harías».

No te estoy diciendo que te des el lote en medio de la calle, pero sí un beso en la mejilla a tu novio o una caricia en público, que a muchas personas les parece algo impensable.

Incluso en países donde no existe ese peligro tan grande a ser agredido o increpado, la persona puede sentir vergüenza ante las miradas o juicios de la gente, porque ha interiorizado durante mucho tiempo que lo homosexual «no es normal ni es correcto».

También está la idealización de «lo hetero» como más estable, duradero y sano, y la crítica al mundo gay desde los estereotipos y la estigmatización, que no es otra cosa que un intento de diferenciarse de «lo gay» para sentirse mejor con el autoconcepto, porque así es posible afirmar que «A pesar de ser así, dentro de lo que cabe no soy como vosotros».

EJERCICIO

Aquí te dejo un pequeño test propio, que es el que les paso a algunos de mis pacientes. Con cuantas más afirmaciones te identifiques, mayor será tu percepción negativa de la homosexualidad (homofobia interiorizada) y mayor trabajo de reflexión te recomiendo que hagas: