CONEXIÓN BAJO CERO #3
—Bueno… — Continuó Aniak mientras un hilo de color rojo comenzaba a correrle por la frente. El accidente no le había perdonado. —…creo que debo irme. Ha sido un placer teneros como rivales. Espero que nos veamos nuevamente.
—No vas a ir…
—Ahórrate tus bravuconadas, preciosa. — Le dijo a Valeria. — No me vais a disparar. No sé cómo, pero sabéis que, si me matáis, todo esto vuela por los aires. No me vais a detener, pues si me tocáis, lanzo esto al suelo y todos morimos. Bueno, yo no, pues tengo el antídoto, evidentemente.
—¿Qué es eso?
—Doctora. Me ha gustado jugar también contigo.
Me hubiera gustado tener otro asalto. — Se tocó inconscientemente el mentón, recordando el golpe que le propinó Elena en la refriega antes de dejarla inconsciente.
—De todas formas, como último deseo satisfaré tu curiosidad.
Este compuesto es la última… — Comenzó a reírse.
—… perdón. Es que realmente sí fue la última, creación del doctor Stern.
Una mezcla entre sus dos sustancias más letales.
Nekro-7 y Karion. Todavía no tiene nombre, así que…
si gustas… — Continuó andando hacia el exterior de la pista.
Había visto la compuerta por la que salieron al exterior dos de los miembros de aquel grupo.
Los cuatro continuaron apuntándola, sin moverse. No podían dejar que escapara.
Hugo tomó una decisión.
—Bajad las armas.
La confusión reinó por unos segundos.
—¡Bajad las armas! ¡Todos! Nos ha ganado. No voy a permitir que nadie más muera, y a ella, como bien ha dicho, no podemos matarla. — Aniak, desconcertada, sonrió victoriosa.
—Que decepción. Sí. ¡Tirad las armas!
Todos miraron a Hugo para que les confirmara aquella orden. Él afirmó con un gesto cansado. Su lucha interna estaba llegando a su fin, al igual que la externa.
Cuando las armas de los tres miembros de HOSTES, Roberto, Elena y Valeria tocaron el suelo, una risa macabra salió de lo más hondo de Aniak.
—Jaque mate, perdedor. Ojalá mi padre hubiera visto esto. — De repente, aquella mujer tiró el vial al aire y todas las miradas se dirigieron hacia aquel objeto volador que la ventisca arrastraba.
Las consecuencias de que aquella nueva toxina se liberase serían catastróficas, pues la tormenta arrastraría la sustancia miles de kilómetros en cualquier dirección infectando todo a su paso.
Al tiempo, y como si de un milagro se tratase, la apertura de aquella pequeña exclusa dejó traspasar una señal de radio.
Solo una, y la que necesitaba escuchar Hugo.
Con la esclusa levantada y mientras Roberto se lanzaba en plancha para tratar de coger el vial antes de que tocase el suelo.
Aniak levantó su arma hacia el grupo. No le dio tiempo a realizar ningún disparo, a Hugo dos.
Las dos balas que le quedaban. Una en el cargador y otra en la recámara. Una en el pecho y otra en la garganta.
Apenas un segundo antes, la dulce aunque apremiante voz de Martina informaba de que habían conseguido duplicar la señal del detonador y anulado la de Aniak.
Archor estaba oficialmente muerto.
—Mierda, mierda, mierda. — Detrás de Hugo, la urgente voz de Roberto llamó su atención. Valeria fue a comprobar si aquella mujer estaba realmente muerta. Lo confirmó un tercer y un cuarto disparo que le regaló. Hugo la miró.
—No voy a arriesgarme. — Dijo Val mientras se dirigía hacia donde estaba Roberto, tirado en el suelo, y donde no parada de repetir:
—Mierda, mierda, mierda, mierda…
Elena tomó el vial entre sus manos. El vial estaba roto.
—…mierda, mierda… vamos a morir, mierda…
Elena, tras analizar el vial, estalló en una carcajada. Roberto la miró.
—Mierda, ya está haciendo efecto, joder…
—Estaba vacía.
—¿Qué?
—Que estaba vacía. No había toxina dentro. Mira. La válvula que retiene cualquier sustancia en el interior está desbloqueada. Están así para que se puedan rellenar.
—¿En serio?
—Si este vial hubiera estado activo, esta válvula hubiera estado cerrada. Y no lo está.
Valeria preguntó.
—¿Y por qué llevaba un estuche con un vial vacío?
—Porque llevaba uno que no estaba vacío. — Respondió Hugo mientras registraba el cuerpo de Aniak. Levantó la mano con un vial lleno de un líquido espeso de color morado. —Creo que esto es para ti, Alfa-3.
Elena, con una sonrisa en la boca, tomó el vial en sus manos.
—Lo conseguimos Hugo. Ahora sí que todo ha terminado.
La tormenta comenzó a dar su tregua particular.
La ventisca, ahora sí, remitía poco a poco.
Los cristales de hielo y nieve que golpeaban sobre las zonas expuestas de la cara ya no hacían tanto daño.
Una tenue luz verdosa se intuyó en la nieve.
Sobre ellos, una aurora boreal, con sus mejores galas, tonos verdes y morados, apareció danzando a través de las nubes.
Parecía que aquel infierno estaba llegando a su fin.
Hugo se incorporó. Con un suave gesto, acarició la mejilla de Elena.
Echó un vistazo a Rob, quien también se incorporaba del suelo.
Valeria le ayudaba a incorporarse, mientras no quitaba ojo a su jefe.
Había descubierto que tenía sentimientos por él, pero también que sabía mantenerlos a raya.
Le miró y sonrió. La mejor imagen posible: todo su equipo estaba a salvo.
Fue lo último que vio Hugo antes de desplomarse muerto en la fría nieve del punto terrestre más septentrional del planeta tierra.