Sin voz en la tormenta (Hostes 2) REVELACIONES #3
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REVELACIONES #3

Estaba buscando un código oculto imposible, alguna anomalía entre millones de números, pero el mapa de ondas que estaba observando era un auténtico galimatías insondable.

—Alfa-1, ¿me recibes? — Probó Roberto. “¿Cómo no se me habría ocurrido antes?”, se decía. “Por probar…”

—No lo intentes. La onda expansiva de la explosión en el faro nos lanzó a diez metros de distancia. Hugo cayó sobre el equipo de transmisión.

—Mierda. Alfa-2, ¿me recibes?

Apenas unas pocas palabras se entendían entre una amalgama de estática y ruido blanco. La cúpula de hormigón no solo bloqueaba las señales que buscaba Martina. Lo que sí escuchó Roberto fueron varios disparos seguidos de lo que parecía ser un “le veo”.

De repente, la joven informática dejó de teclear.

—¿Qué ha pasado? — Preguntó Alicia, que acercaba su silla a la consola.

—Ha desaparecido uno de los picos. Y yo no he hecho nada.

—Hijo de puta. Lo está consiguiendo. — Susurró Alicia para sí. —Hugo acaba de cortar la conexión de una de las torres.

***

“6 de diciembre. 10:21 AM (hora local) – Superficie del silo, 71.26º N, 156.58ª O”

Valeria apareció junto a una de las antenas parabólicas gigantes.

La tormenta le impedía ver nada pues, aunque la fuerza de la ventisca había descendido, los cristales de hielo y nieve continuaban golpeando con fuerza en la cara.

Cierto era que se intuían las localizaciones de las antenas, pues destellos verdes emanaban de las bases de cada una de ellas.

De repente, sintió una punzada en la cadera, seguida de varios diminutos estallidos en la pared del edificio por el que acababa de salir a la superficie.

Desde una distancia de unos sesenta metros, pequeños fogonazos precedían a los estallidos contra la pared. Sabía que la estaban disparando, incluso que le habían alcanzado en la cadera. Un rasguño, pero suficiente como para saber que aquellos proyectiles podían causar un mal mayor.

Sin pensarlo, encaró su arma y comenzó a disparar en aquella dirección.

No sabía si había dado en el blanco. Lo que si vio fueron tres detonaciones más.

A la derecha de las anteriores, justo al lado de una de las antenas.

Valeria cambió la trayectoria de la boca de fuego de su fusil, pero no disparó.

Aquellos tres disparos no fueron dirigidos contra ella.

Las tres detonaciones no sonaban igual que las de los AK-74 de aquellos mercenarios.

El sonido de esas tres detonaciones lo conocía bastante bien.

La silueta de Hugo apareció en la oscuridad y Valeria no pudo reprimir una lágrima. Su jefe seguía vivo y como en tantas ocasiones, acababa de volver a salvarle la vida. La minúscula lágrima apenas cayó un par de centímetros antes de congelarse sobre su mejilla.

—¿Ya estamos en paz?

Valeria, inconscientemente, se abrazó a Hugo, para separarse acto seguido y propinarle un golpe en el abdomen que hizo que este se doblara.

—Si vuelves a darme un susto así, reitero lo que te dije: la que te mata soy yo.

—Lo siento mucho. Pero ya tendremos tiempo de disculparnos ¿Habéis encontrado a Alicia y a Elena?

—Están abajo. El equipo al completo. Kay ha ido en busca de Stern para matarlo. Lo considera responsable de… bueno, del asesinato de su hermana. — Esa noticia conmocionó ligeramente a Hugo.

—¿Y Breslin?

—Muerta. Era un topo. Fue la que mató a la hermana de Kay.

— Hugo se sintió de nuevo que había fallado a todos al introducir a un enemigo entre sus filas.

Valeria intuyó lo que su compañero acababa de rumiar.

—No. No lo hagas. Cualquiera hubiéramos hecho lo mismo.

La muy zorra era una actriz de Oscar. — Valeria conocía perfectamente los valores que él tenía. Hugo se recompuso.

Ayúdame con esto. — Dijo mientras se colocaba su arma en la espalda, entregaba una sierra radial a su compañera y él tomaba entre las manos una cizalla hidráulica.

—Los cables de estas antenas son muy gruesos.

La manguera está blindada y es lo único que he encontrado que puede cortarlos.

Entre los dos anularemos antes la señal que estén enviando estas antenas.

—Perfecto. Esto servirá a Martina para localizar la frecuencia que busca. Necesita eliminar interferencias para bloquear la señal del dispositivo que puede hacer volar todo esto por los aires.

Valeria cortó, no sin dificultad, el cable de la primera antena. Hugo hizo lo propio con la antena que tenía a unos veinte metros.

—¡Alfa-5! ¡Llevo dos! — Bramó Hugo por el comunicador, esperando que le llegase la señal a su compañera. —He conseguido partir el cable, pero están blindados. Nos llevará un poco más de tiempo del que esperaba.

—Este acero está duro como el demonio, y nos quedan doce más. — Añadió Val.

—¿Alfa-5? ¿Martina? — No se recibía señal.

—Roberto, Elena, ¿Alguien nos recibe?

—…(Silencio)

—¡De acuerdo!, vamos a inutilizar todas las antenas y después bajaremos con ellos.

Confiemos en que hagan su parte. — A veinticinco metros de distancia en la oscuridad, junto a la base de la tercera antena y oculta tras las ráfagas de viento y la lluvia de cristales de hielo tintados de rojo y verde debido a las luces de aquellas antenas, con una pequeña sierra radial a batería,

asintió.

—Esperemos terminar con esto antes de congelarnos vivos.