LA LLAMADA DEL DESHIELO
“6 de diciembre. 07:00 AM (hora local) – Laboratorios subterráneos del distrito escolar.”
—Llevamos un buen rato dando vueltas como ratones en un laberinto.
—¿Y qué propones? — Preguntó Valeria a Roberto. —Esto es inmenso y no veo por ningún lado ningún plano ni creo que exista en la App Store ninguna aplicación para ver nuestra posición en este parque de atracciones como si fuera Disneyland.
El grupo estaba tratando de realizar una inspección minuciosa habitación por habitación, sin embargo, aquellas instalaciones eran inmensas.
En varias ocasiones optaron por separarse nuevamente en dos grupos, pero tras protagonizar un par de escaramuzas con varios guardias a los cuales tuvieron que neutralizar, optaron por ir en una sola formación con Valeria a la cabeza y Rob en la retaguardia.
Mientras se dirigían por un pasillo estrecho, iluminado por hileras de luces totalmente blancas hacia lo que parecía un nivel superior, una melodía rompía el silencio de la formación y de aquella estéril instalación.
La fanfarria inicial de Star Wars. Valeria se giró, escudriñando quién era el responsable de haber delatado su posición, imaginando que habría sido Martina.
Uno a uno desde la vanguardia fueron mirando al compañero que cada uno tenía situado inmediatamente detrás de él.
Valeria, Kay, Martina, Breslin y finalmente Rob. Este último metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó su teléfono móvil.
—¿En serio Roberto? — Recriminó Valeria. —Apaga ese puto sonido.
—Lo siento. — Cortó la llamada y puso el teléfono en silencio.
Inmediatamente comenzó a vibrarle en la mano.
Nuevamente, un número desconocido estaba llamando al teléfono de Rob.
Éste volvió a cortar. Ahora era el teléfono de Martina el que sonaba con la melodía inicial de la serie The Big Bang Theory.
—Lo siento, lo siento, lo siento. — Decía mientras trataba de quitar el sonido y desconectar la llamada.
Un par de segundos después volvía a vibrar su teléfono.
—¡Qué extraño! — Cogió la llamada ante la atónita mirada de Valeria que veía que el efecto sorpresa se diluía a cada decibelio de más que sobrepasaba el rumor del recirculador del aire. —¿Sí?
—Martina, menos mal que estás bien.
—¿Elena?
—Sí. ¿Estáis con Hugo?
—No, es una larga histo… pero, un momento.
¿Dónde estás? ¿Qué haces con un teléfono?
Creíamos que te habían secuestrado. ¿Dónde estás?
— Preguntaba aceleradamente Martina. Roberto y Valeria rompieron la formación para acercarse al teléfono, que ahora estaba en modo manos libres, aunque con el volumen ligeramente ajustado.
Kay vio unos metros más adelante una puerta en la que un letrero sobre ella rezaba en iñupiak “Sulirivik Munarithutiŋat”.
Abrió la puerta y les indicó al resto que entrasen.
Cuando Valeria llegó a la puerta, ésta le dijo susurrando “sala de mantenimiento”. Entre tanto, Elena continúo diciendo:
—Es Aniak. La recepcionista de la pensión.
— Valeria hizo una mueca de rabia por no haber identificado antes el Caballo de Troya que aquella organización tenía infiltrado.
Rob no lo podía creer. Kay y Breslin no entendían nada.
—Ella es Archor. La Archor de ahora. Vamos, que es la hija del Archor que Hugo eliminó hace dos años y ahora ella ha heredado el título de líder supremo de O.N.O.. Es la que está detrás de todo esto.
—¿Está ahí contigo? — Preguntó Martina.
—No. Aquí solo está la hermana de Kay.
—¿Mi hermana? — Sollozó Kay.
—Dinos dónde estás y si puedes escapar. — Apremió Valeria.
—No. Callad un momento. Estoy en el laboratorio número 33, en… Nuna, ¿dónde está esto? — Al escuchar su nombre y su voz, la rudeza del rostro de Kay se rompió y se inundó de lágrimas. No podía creer que su hermana estaba en las mismas instalaciones que estaba ella.
—¡Hermana! — Dijo más alto de que lo pretendía. —Hermana, ¡estás viva!
—Kay, ¿Eres tú? Pero… — Por un instante, ambas hermanas se quedaron sin poder articular palabra. Una eternidad de sentimientos afloró en las dos al escuchar una la voz de la otra.
—Nuna, por favor. Indícales dónde estamos. — Apuntó Elena.
—Sí, perdón. Estamos en el subnivel 3, en la zona bajo la pista de aterrizaje. Esta área está sellada por una puerta magnética.
—¡Joder! Estamos en el subnivel 3. — Apuntó enérgicamente Roberto.
—¡Dicen que están en este subnivel! — Repitió Elena a su compañera.
—Diles que estén donde estén, que busquen unos tubos amarillos en el techo. Son los canales de ventilación de los laboratorios. Que sigan la dirección contraria a la de extracción que tienen marcada con una flecha roja.
—En camino jefa.
—Voy a por ti hermanita. — Susurró Kay con fuerzas renovadas.
—Por un casual tu nueva amiga no sabrá cuál es el código de la puerta esa que ha mencionado, ¿verdad? — Preguntó Martina mientras la joven ex-ayudante del sheriff vigilaba la puerta.
—FYS14062680I9. — Indicó Nuna.
—FYS14… — Repetía Elena quién no terminó.
—¡Recibido jefa! Tranquila. En un periquete estamos ahí con usted. — Le dijo Martina con tono ilusionante.
—¿Qué sabéis de Hugo? He visto que estaba en el faro ¿Estabais con él? ¿Logró salir ileso de la explosión?
Al oír eso, a Valeria se le encogió el corazón. Martina se llevó una mano a la boca.
—¿Explosión? ¿Qué explosión? — Preguntó Rob.
—Ehhh, hola. Soy Margareth. Verás, Hugo nos dejó en la pensión para irse al faro a por una compañera vuestra, pero se fue solo. Nosotras seguimos sus indicaciones y vinimos a buscarte.
—¿Qué? ¿Dejasteis a Hugo solo?
—¿A que explosión te refieres, Elena? — Preguntó Val.
—Es una larga historia, pero solo os diré que bajo el pasaje del terror que encontramos en aquel faro se hallaba el cargamento de viales de O.N.O. con todas las toxinas que descubrimos, preparadas para su transporte.
Nuna vio por las cámaras de videovigilancia que las instalaciones estaban vacías y activó unas cargas explosivas en remoto volando toda la instalación.
—Pero no estaba vacío. Has dicho que Hugo estaba allí. — Reprochó Valeria.
—Sí, pero por las cámaras no lo vimos hasta que activó los explosivos. Apareció fugazmente mientras le captó la cámara de la entrada al tiempo que salía por la puerta del faro. Luego perdimos la imagen y la conexión de todas las cámaras.
El silencio se hizo al otro lado del teléfono. Valeria echó una mirada asesina a Kay. Breslin se dio cuenta de que, si le llegaba a ocurrir algo a su compañero por culpa de aquella tal Nuna, ella pagaría una factura muy cara.
Finalmente, Roberto puso el tono de cordura.
—Bueno, no sabemos lo que le ha ocurrido. Primero cumplamos la misión. Liberemos a Elena, atrapemos a Archor… bueno, a Aniak y a Stern, y luego, nos acercamos al faro a por Hugo. — Roberto alzó su arma y tomó esta vez la vanguardia de la formación.
—Roberto, un momento. — Este se detuvo mientras abría la puerta de aquella sala de mantenimiento. —Aquí me queda un rato. Necesitamos cobertura y tenemos una misión secundaria antes de salir de aquí y detener a Stern y Archor.
—¡Dime!
—Creemos que se ha destruido todo el material que tenían pensado distribuir, sin embargo, Nuna dice que todavía queda una remesa de las cepas referentes.
Bueno… realmente hay dos: una está en este laboratorio.
Nuna va a destruirlas ahora. Las otras están en el laboratorio de Stern.
—Rob miró a su compañera Valeria quién se aproximó al teléfono.
—Dime dónde está ese laboratorio y dónde debo buscar esos viales.
— Hugo se había auto asignado una misión prácticamente suicida, dejándola al mando de la acción táctica.
Nunca se había echado para atrás a la hora de asumir responsabilidades, pero también era cierto que nunca había tenido que tener la vida de tantas personas, incluida la del noventa por ciento de su equipo, bajo su responsabilidad.
Esa misión personal iba a pesar demasiado en un futuro.
Una vez que Valeria recibió las indicaciones de Elena para dirigirse al área donde se encontraba el despacho de Stern y para localizar y manejar los viales criogenizados de las toxinas,
dio instrucciones claras a Roberto para que escoltase al grupo hasta el laboratorio número treinta y tres y se parapetasen hasta que las doctoras finalizasen su trabajo.
Rob no se lo puso fácil, pues no iba a permitir que Valeria se infiltrase ella sola hasta una zona donde la seguridad sería mucho mayor y donde el riesgo de acabar con una bala en el pecho o expuesta a alguna toxina rozaba el cien por cien.
No pensaba dejarla jugar a los héroes sin un “punto”, un sidekick o un escudero que le hiciese la cobertura.
—Ni de coña vas a ir sola ahí arriba. — Sentenció Roberto plantándose delante con el arma en guardia.
—El despacho de Stern tiene que ser un nido de avispas.
O planteamos una buena estrategia para conseguir ambas misiones con el mínimo riesgo de bajas, o vamos todos hasta el treinta y tres y luego seguimos hacia Stern.
—¡No hay tiempo!
—¡Valeria! No hay nada de inteligente ni de táctico en ir una persona sola sin cobertura, sin refuerzos, y con apenas munición, por unos pasillos donde no hay escondite posible ni escapatoria.
—¡Hugo me ha dejado al mando!
—¡Si te escuchase decir esas gilipolleces no lo habría hecho!
— Valeria le propinó un bofetón que Rob no esperó.
La tensión se mascaba en el ambiente. Era un momento muy duro para todos.
Aunque el golpe le dolió, no lo hizo tanto como ver la cara de sufrimiento interno que Valeria trataba de ocultar al escuchar una verdad incontestable.
No estaba siendo razonable. No se daba cuenta o, mejor dicho, no quería darse cuenta.
—No me disculparé por lo que he dicho. Val, sabes que tengo razón.
Valeria lo sabía. Las lágrimas reprimidas desde que separase su camino del de Hugo afloraron cuando Elena anunció que había desaparecido tras la explosión del faro.
Ahora, su compañero le había devuelto a la tierra.
Era la responsable de aquellas personas.
Era la herencia envenenada que su jefe le había legado.
—¿Qué propones?
—Solo somos dos los que tenemos formación táctica. Elena está a unos metros de aquí…
—Sí, pero quienes vayan con Elena han de quedarse allí para protegerlas a ellas y la posición. Necesitan armas largas. — Apunto la tiradora.
—Eso no es problema. Podemos volver atrás y recoger los fusiles de los guardias con los que nos hemos encontrado antes. Son tres AK-74 a unos pocos pasillos de distancia en un sector limpio. — Resolvió Roberto.
—Lo siento, pero yo me voy al laboratorio. — Espetó Kay, nerviosa por estar a pocos metros de su desaparecida hermana. Quería salir de allí cuanto antes y resolver aquello que la había llevado hasta ese infierno tres años atrás.
—Contaba con ello. — Murmuró Valeria.
—Yo tengo formación. — Margareth dio un pequeño paso al frente. —No mucha, pero la academia de policía la tengo muy reciente.
—Te recuerdo que, si no llega a ser por mí, ahora serías un trozo de carne inerte lleno de agujeros de bala gracias a tu pericia en los pasadizos. — Insinuó Valeria con cierto desdén.
—Y en la oficina de nuestro sheriff. — Recordó también Rob, quien la miraba con ligera condescendencia.
—Sí, pero si no es por mí, no hubiéramos encontrado los pasadizos y todavía estaríamos tratando de salir del pueblo con esta tormenta. — Tras el comentario, Rob trataba de ocultar una ligera sonrisa. “Es cierto que no le falta valor a la chica.” Pensó mientras buscaba con la mirada a Martina.
—No me mires así. Yo voy donde me digáis. — Respondió.
—Si te parece bien, ya que es probable que necesites el don de nuestra friki para registrar el despacho de Stern, que Martina vaya contigo. — Apuntó Roberto. — Yo me llevo a Kay y a Breslin.
Valeria asintió con un gesto seco. Los equipos acababan de conformarse.
Conectaron sus comunicadores y se colocaron los auriculares.
Alfa-2, Alfa-4 y Alfa-5 estaban preparados.
Ambos líderes improvisados golpearon al unísono sus cargadores y chocaron las bocas de fuego del subfusil CZ Scorpion de Val y del Sig Sauer Spear-LT de Rob.
No necesitaron hablar más. Antes de dirigirse hacia sus objetivos, ambos se acercaron a recoger un par de subfusiles de los guardias abatidos para Kay y Breslin. A partir de ahí, la última partida había comenzado en aquel tablero de ajedrez que no iba a aceptar unas tablas como resultado final.