LABORATORIO 33 #3
Volvió a mirar a las cámaras, allí ya no había nadie.
Ella era Alicia, él era Hugo. La reacción en cadena había comenzado.
Las cámaras iban desconectándose una a una. Antes de que cada una se quedase en negro, un resplandor inundaba durante cuatro o cinco fotogramas la secuencia. En cuestión de quince segundos, todas las cámaras dejaron de emitir.
Elena sintió un golpe en el corazón. La sensación de que sus compañeros se encontraban en las puertas de una explosión devastadora la dejó en shock.
No sabía el alcance que tendría la onda expansiva, las consecuencias en el permafrost de aquella implosión ni tan siquiera que efecto tendría sobre las toxinas aquella deflagración.
—Ya está hecho. Todos los viales han quedado reducidos a la más absoluta nada bajo el fuego y el hielo. Pasarán horas hasta que alguien se entere de lo ocurrido, así que tenemos que actuar rápido. Ahora tienes que irte y encontrar a mi hermana.
Elena se sentó en uno de los taburetes del laboratorio, tratando de recobrar el control de sus sentidos, nuevamente paralizados, si bien esta vez no era por los efectos de ninguna toxina.
—¿Qué sabes de O.N.O.?
—¿O.N.O.? ¿Qué es eso?
—¿Sabes quién es Archor?
—He oído ese nombre en boca de Kairos, y a ti hace un rato. Stern lo dijo la primera vez que se vio cara a cara con esa mujer. — Dijo señalando el moratón que ya era visible en la cara de Elena. —Así que, entiendo que será ella.
—Pero, ¿sabes quién es?
—Oficialmente no. Procuro no hacer muchas preguntas delante de Stern.
—Y, ¿extraoficialmente?
—¿Extraoficialmente? Es la que manda aquí de verdad.
Es el mecenas de todo esto. — Elena escuchaba sin interrumpir.
—Parece ser que hace un par de años, el hombre que estaba al mando falleció.
Era su padre. Yo nunca le conocí. La primera vez que vi aquí a alguien al que todo el mundo tenía…
como decirlo, miedo, fue a ella. Y como te digo, la vi por primera vez hace unos días, cuando comenzó la tormenta.
—¿Qué es lo que quieren?
—Esa pregunta es muy abierta.
—¿Fama? ¿Gloria? ¿Acabar con la humanidad?
—No lo sé. Pero solo hay dos cosas que mueven el mundo y, sobre todo, a la gente como ésta, con un ego desmedido y una ambición sin límites.
—Poder y dinero. — Elucubró Elena.
—Exacto. Yo acepté este puesto porque quería crear algo bueno para dejar a las futuras generaciones…
Algo dentro de la ST-1 de HOSTES se removió profundamente.
Entendía perfectamente a Nuna. Ella estuvo en su misma situación, salvo por un enorme “pero”.
Nuna se dio cuenta de lo que ocurría y tuvo el valor de arriesgarlo todo: futuro, familia, incluso su propia vida, para detener aquel plan que llevaba años fraguándose. Ella sí era una verdadera heroína.
Elena tardó en reaccionar un par de minutos.
Minutos en los que Nuna comenzó a ponerse nerviosa por si volvía a aparecer Stern o aquella otra mujer.
Los pensamientos de Elena estaban ahora con su equipo; en dónde estarían y si estarían buscándola.
No tenía posibilidad de comunicarse con ellos y, por si fuera poco, acababa de ver cómo, posiblemente, su amigo había muerto en una explosión a varios kilómetros de donde ella se encontraba y no había podido evitarlo.
Estaba sola, y tenía que hacer algo para salir de allí con vida.
—No te voy a dar la fórmula, la vamos a crear aquí y ahora. — Elena se levantó del taburete y se dirigió a uno de los ordenadores. —Desbloquea esto y saca la cepa madre del E6.
—Pero necesito que salgas y busques a…
—¡Cállate! Saldremos las dos. Pero primero, vamos a mejorar la respuesta del suero que me has inyectado.
—Pero eso nos llevará semanas… meses. Stern lleva años trabajando en crear la cepa perfecta del Érebo.
—Érebo era mi investigación cuando trabajé con él.
Sé cómo manejar la cadena química. Solo necesito realizar alguna prueba de campo.
Así que saca la cepa madre, coge unas pipetas y colócate en la centrifugadora.
— Elena sacó un pendrive que llevaba oculto bajo su ropa interior.
Lo escondió antes de que la joven recepcionista de la pensión Pikalujak irrumpiera en su habitación.
En él tenía la secuencia de su estudio original que consiguió recuperar Alicia antes de su secuestro y la modificación que se había realizado en el E-6 y su retardante.
Solo quedaba que la doctora Cruz consiguiese hacer su magia, que su improvisada compañera de laboratorio fuera tan buena como decía y que ejecutase a la perfección sus instrucciones.
—Con un poco de suerte, esto solo nos llevará unos minutos.
—¿Cómo que unos minutos? ¿Solo?
Elena ya estaba concentrada, tecleando códigos y simulando escenarios y probabilidades.
Solo le hacía falta un golpe de suerte. Se acordó de lo rápido que tecleaba Martina y de cómo utilizaba su capacidad multifuncional para utilizar varios dispositivos simultáneamente.
En ese momento la envidiaba. De repente, recordó lo que había visto en los monitores de seguridad del ahora destruido faro.
De todo el equipo, únicamente aparecía Hugo rescatando a Alicia y una pregunta irrumpió como un soplo de esperanza.
—Nuna, ¿tienes un teléfono?