TÉ HELADO #2
Tres golpes en la puerta la arrancaron de sus pensamientos.
Era muy pronto para que sus compañeros hubieran regresado del bar del pueblo, se dijo mientras miraba el reloj.
Elena tomó su arma en la mano derecha y empuñándola, la ocultó tras ella.
Con la izquierda abrió la puerta lentamente.
Al otro lado, la joven Aniak con una bandeja en la que llevaba un té caliente y un sobre.
—Disculpe que la moleste señorita, pero su compañero, el alto que da algo de miedo, el que tiene una cicatriz…
—Aniak, no es el mejor momento. ¿Qué quieres? Me pillas muy ocupada ahora mismo.
Agarró el pomo con una mano y utilizando sutilmente una fuerza que no aparentaba se abrió paso hacia el interior de la habitación ante la sorpresa de Elena.
Ésta deslizó el dedo hacia el interior del guardamonte, rozando ligeramente el gatillo de su arma todavía oculta.
La recepcionista posó la bandeja en la cama, junto a la hoja en la que Elena había escrito el resumen del resultado del análisis y la cual ocultaba bajo ella el vial con el Nekro-7. Tomó el vaso y se lo ofreció a Elena.
—Me dijo que a la una en punto le preparase un té caliente.
Que seguramente no quisiera porque estaría ocupada pero que, si fuera necesario, que la obligase a tomárselo.
Insistió en que necesitaba relajarse. — Elena miró a través del umbral de la puerta hacia el pasillo en penumbra.
No vio a nadie, por lo que cerró la puerta y al darse la vuelta, Aniak le acercó un poco más el vaso humeante, casi obligando a la doctora a tomarlo por la fuerza.
—Me dijo que lo necesitaba y que me pusiera… ¿cómo dijo? Que me pusiera… seria
—¿Seria? — Preguntó Elena visiblemente disgustada y contrariada.
—Eso. — Aniak le acercó otro poco el vaso hasta casi rozar la comisura de su boca. —Me dijo que no me fuera hasta que por lo menos bebiese algo. — La chica sonreía pícara aunque forzadamente. La situación no era muy agradable.
“Qué extraño”, pensó la doctora, “bien es cierto que Hugo tiene estos detalles”. —¿No te irás hasta que no me lo beba?
—Tiene cara de cansada. Si no lo quiere beber no le diré nada, pero creo que lo hace por su bien.
Elena sintió recelo ante aquella situación.
De repente, le vino a la mente el recuerdo de cómo había sido infectada con el Érebo-6.
Sentía que aquella situación tan inesperada y la insistencia en que ingiriese aquel líquido verdoso con olor amargo, era algo sospechosa, por lo que, haciendo uso de su diplomacia, puso su mejor sonrisa conciliadora y respondió.
—Muchas gracias. Si no te importa, lo dejaré aquí para tomármelo en cinco minutos.
Ahora estoy un poco liada con un estudio, pero te prometo que me lo tomaré.
Resignada, Aniak añadió. —Está bien. — Colocó el vaso sobre la bandeja y tomó el sobre, ofreciéndoselo. —También tengo esto para usted.
—¿De quién es? — Aguantó el arma escondiéndola en la parte trasera de su cintura y tomando el sobre con ambas manos leyó el contenido para sí.
“”Nos veremos pronto, doctora Cruz.
No tarde en despertar.”
“Ya llego Elena”
—Pero qué… — El rostro de Aniak se quebró, revelando un brillo inquietante en sus ojos.
Cuando Elena levantó la vista de la misiva, se percató de la tensión que mostraban los músculos de aquella joven, la mandíbula extremadamente marcada y los ojos afilados hostilmente que hicieron desaparecer cualquier rastro de lo que antes era el rostro de una dulce e inocente recepcionista.
—Esperaba no tener que llegar a esto. — Siseó con frialdad.
Un chasquido eléctrico mordió el ambiente.
La acometida que realizó con el Taser que portaba oculto bajo la bandeja fue esquivada in extremis por la doctora mientras echaba mano a su arma.
El chisporroteo eléctrico volvió a sonar, los electrodos de la pistola eléctrica brillaron un segundo antes de que la segunda acometida casi rozara el pecho de Elena.
Ésta bloqueó el golpe con el brazo por puro instinto y la descarga rozó el aire junto a su costilla, dejando un chasquido seco.
Elena intentó girar la cadera, sacar el arma, empujar, tomar el control como le enseñó Hugo, pero la atacante no cesaba en sus envites con aquel endemoniado aparato de descargas.
Aniak trataba de inmovilizar a la doctora atravesando su cuerpo con mil doscientos voltios, pero aquella mujer se defendía como una gata salvaje.
Finalmente, la doctora logró desenfundar su H&K USP Compact, el arma con la que Hugo enseñó a disparar, y realizó dos detonaciones que estallaron contra la pared, causando un eco que golpeó los tímpanos de ambas mujeres como si de latigazos dolorosos se tratasen.
Un nuevo arco de color azul eléctrico acompañado de un chispazo seco se dirigió hacia el pecho de Elena.
La doctora aguantó bien las acometidas, realizando otro disparo que, esta vez, se acercó bastante más a su objetivo, rozándole levemente la pierna a la recepcionista.
Sin embargo, en el forcejeo, uno de sus apoyos tropezó con la silla que tenía a sus espaldas, perdiendo ligeramente la verticalidad y siendo aprovechado por aquella atacante, que rozó el costado de la otra con una descarga.
Leve pero suficiente para desencadenar un espasmo que neutralizó la voluntad de sus extremidades, provocando que su pistola cayese al suelo, deslizándose bajo la cama.
Elena se sostenía como podía sobre el escritorio, jadeante en busca de un trago de aire que permitiese retomar el control, un control que nunca tuvo y que Hugo le recriminaría sonriente en cualquier entrenamiento. Una bocanada de aire efectiva que le aclarase la mente y le restableciese sus fuerzas.
“No luches más. Acepta tu destino.”
—Doctora, acepte la invitación por las buenas. — Insistió Aniak mientras se frotaba la zona peinada por el disparo en su pierna.
—No. — Elena respondió a ambas voces con un tono firme y seguro.
Recuperando la sensación en las piernas, se lanzó desesperadamente contra el cuerpo menudo de aquella mujer a quién creyó coger por sorpresa, pues le logró arrebatar por un instante el Taser.
Aniak mantuvo su mueca descompuesta, impresionada por la voluntad de su víctima, si bien no permitió ni tan siquiera que activase aquella arma.
Dos puñetazos directos a la mandíbula y al pómulo, seguidos por un golpe de rodilla en el abdomen, doblaron a la doctora.
Se defendía bastante bien, pero en aquella ocasión, las fuerzas no le acompañaban y la rival que tenía era demasiado fuerte para ella en aquel estado.
La recepcionista la inmovilizó por el cuello mientras tomaba la mano de Elena con la pistola de descargas.
Activándola, acompañó su mano hasta que hizo contacto con su costado.
La presa braceaba tratando de zafarse de aquella llave imposible, pero ya no tenía fuerzas. Los electrodos entraron en contacto con la piel, aun ligeramente húmeda, del cuerpo de la doctora. La descarga fue completa.