Sin voz en la tormenta (Hostes 2) EL HIELO ATRAE A ANTIGUOS FANTASMAS #5
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EL HIELO ATRAE A ANTIGUOS FANTASMAS #5

—Basi. ¿Cómo puede ser? A ese hijo de puta se le incautaron todas las propiedades y bienes a su nombre cuando le metimos en una cárcel sueca.

¿Cómo es posible que aun tenga esa capacidad ejecutiva?

—Disculpad, ¿quién es ese Basi? — Preguntó Breslin. —Creo que me he perdido hace rato.

—El exsenador Alaric Monroe, del estado de Illinois.

Miembro secreto de la cúpula de O.N.O., fue uno de los que más guerra nos dio.

Empleamos muchísimo tiempo y recursos en su identificación, localización y detención.

Conseguimos pruebas contundentes que indicaban que se trataba del jefe de la facción Fysia.

—¿Facción Fysia?

—Si, la rama de distribución de drogas y armas de O.N.O. — Respondió Rob.

—Te pondremos al día si tenemos tiempo más adelante. Solo tienes que saber que son muy mala gente. — Señaló Valeria.

—En relación a tu pregunta. — Dirigiéndose a Hugo.

—Quizás yo pueda arrojar algo de luz ahí.

— Dijo Martina. — Aunque la fecha del vídeo muestre que se grabó hace unos días, los metadatos que me arroja el programa de análisis indican que las imágenes de este vídeo tienen casi tres años, así que es totalmente compatible con la posterior quiebra de la empresa y detención de nuestro senador.

Por lo que, teorizando…

—No me gusta ¿Cerraron los laboratorios hace dos años?

—Exacto. Teorizando, en cuanto comenzaron las detenciones, se acabó la financiación y dejaron de recibir órdenes, por miedo a que las investigaciones nos llevasen hasta aquí.

Sin dinero no hay materiales, sin materiales no hay investigación y sin investigación, el I+D+I de O.N.O. se va al traste.

El abandono que mostraban las instalaciones bien puede coincidir con la falta de mantenimiento en ese mismo periodo.

—Entonces, ¿el vídeo tiene tres años? ¿Engañaron a Kodiak? — Preguntó Rob.

—Las imágenes se pueden falsear fácilmente, software de edición, inteligencia artificial...

, pero los metadatos son bastante más complicados de manipular sin un software específico.

Siempre hay datos escondidos y huellas de edición, patrones de ruido, firmas de los codificadores, que con la aplicación adecuada…

— La joven estaba dando demasiadas explicaciones para responder a una simple pregunta.

Pero, en esta ocasión, nadie la interrumpió.

—Para que os hagáis una idea, los metadatos serían como la ficha técnica de un coche o mejor aún, como la fecha de caducidad marcada por la envasadora de leche en sus botellas.

Tratar de modificarla o borrarla, solo engañará al usuario que no mire más allá de esa fecha.

Si esa leche la llevamos a un laboratorio, no se tardaría más de un par de minutos en descubrir la caducidad real del producto.

—Era un plan perfecto. Ellos les mostraban pruebas, aparentemente reales, de que el tratamiento de la enfermedad estaba funcionando y a cambio, Kodiak hacía lo que ellos le pedían. — Sentenció Valeria.

—Como secuestrar a mujeres para experimentar con ellas. — Bramó furioso Roberto.

—Viendo el nivel de conspiración que existe, puede que incluso infectasen ellos mismos a la esposa y a la hija. —Se atrevió a teorizar esta vez la joven ayudante Breslin. A Hugo le agradó esa iniciativa.

—Ahora me cuadran las últimas palabras de Kodiak. Quería salvarlas.

—“Solo quería que estuvieran a salvo”, “que las curaría”. Tiene todo el sentido. — Resolvió Hugo.

—¿Serían capaces de contagiarlas para someter la voluntad del sheriff?

— Roberto sabía que la respuesta era obvia, pero su cerebro no filtró la pregunta.

Valeria le miró, incrédula por el simple hecho de que se hiciese la pregunta en voz alta.

El la miró casi disculpándose al instante. —No he dicho nada.

—Un segundo. — Solicitó Elena que salió corriendo en dirección a su habitación. Al volver a cruzar el ancho del pasillo, se quedó observando durante un leve instante en dirección a la escalera pues le pareció ver que algo se movía en la oscuridad. —Serán las cortinas.

—¿Qué? — Preguntó Rob.

—Nada, que la tormenta no amaina. — Apuntó, al entrar en la habitación de Martina.

—Veréis, había encontrado un dossier entre los documentos que nos llevamos del nodo oeste.

No le di mucha importancia, pues no tiene que ver con mis investigaciones ni con las de Stern.

Creí que la tenían allí como material de estudio o como una vía muerta.

Pero… —Abrió la carpeta. —yo ya había leído ese estudio, sin embargo, aquí se adjunta bastante documentación de un par de pacientes con el síndrome de Gerstmann–Stäussler-Scheinker o GSS.

Lo padece una cienmilésima parte porcentual de la población mundial.

Un 0.00001%. No tiene cura, es hereditario y sus síntomas son: pérdida de equilibrio, demencia progresiva, alucinaciones y fallos sensoriales provocados por la destrucción lenta y gradual del sistema nervioso.

Las pacientes no tienen nombre, únicamente tienen asignado una definición.

—No me digas más. — Hugo marcó con el dedo sobre la pantalla en la que todavía aparecían las dos capsulas con las ambas mujeres en su interior. “Erebo-6 / sujeto de prueba 2 / fase 2”.

—Sí. Era perfecto pues los síntomas eran muy similares a los producidos por la evolución del Érebo. Por lo que si nuestro sheriff buscaba algo relacionado con los síntomas en internet, no tardaría en localizar esta enfermedad como la causante. Sin cura, sin esperanza.

—Conclusión, Jack Kodiak trabaja para O.N.O. por necesidad. — Sentenció Valeria.

—Pero nunca sabremos si esa necesidad tornó su brújula moral.

—Yo sí lo sé. — Dijo Kay desde un segundo plano. —Kodiak era un hijo de puta que merecía morir. A mí me trataba peor que a un animal, y eso, por mucho que te golpee la vida, sale desde lo más adentro de tu ser. Era instintivo.

—Tú podías poner en riesgo el estudio para salvar a su familia. Eras un problema. — Apuntó Valeria. —No me malinterpretes, no lo justifico, ni mucho menos. A mí me parecía un prepotente y un arrogante, pero no todo el mundo arriesga su vida para salvar a desconocidos, y él lo hizo años atrás.

Kay no aceptaba aquella explicación; que el ser que la trató peor que a un perro callejero pudiera tener un atisbo de bondad dentro de él. Se negaba a creerlo.

—¡Ya basta! Kay, lamentamos mucho lo que has sufrido, y créeme, ojalá nunca hubiera ocurrido, pero eso ya pasó. Ya llegará el tiempo de lamentos más adelante. Kodiak ha pagado hoy por sus errores, ya tienes tu venganza. Siéntete afortunada. Algunos todavía no la hemos logrado.

Por primera vez, el jefe táctico del equipo nombraba la palabra venganza.

En el fondo, desde que descubrió que la cúpula de O.N.O. podía seguir activa, ese sentimiento se había reavivado en su interior.

Recordó que utilizaron a su antigua unidad para tratar de matarle, recordó que infiltraron a miembros en su actual equipo para acabar con ellos, trataron de matar a su familia, trataron de matar a sus compañeros, y ahora lo están volviendo a hacer.

Elena conocía perfectamente a su amigo y sabía que algo se estaba despertando en su interior, algo que marcaría un punto de inflexión, más para mal que para bien, y no quería que ese momento llegase.

—Cambiando de tema, ¿hay que identificar a la mujer que aparecía en el vídeo?

Me equivoco o por su forma de actuar y sus gestos, ¿mostraba una cierta superioridad que el doctor aceptaba?

— Expuso Elena tratando de apaciguar la discusión.

—Sí. Hay que saber de quién se trata. —Ordenó Hugo.

Kay se giró hacia la ventana donde la tormenta no daba tregua y recibía los envites de la nevasca.

—No hace falta. Esa era mi hermana.