Sin voz en la tormenta (Hostes 2) EL NIVEL SELLADO #3
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EL NIVEL SELLADO #3

Rob agarró el armario y lo movió hacia delante, dejando una pequeña apertura para el paso y descubriendo una sala oculta tras él. Con varios barridos de arma acompañados por la luz de las linternas, comprobaron que no había nadie allí. Accedieron.

Aquella habitación tenía algo de luz, muy tenue.

Varias estanterías se disponían rodeando las paredes.

En el centro sobre el suelo desnudo, como si alguien lo hubiera dispuesto de antemano, se encontraba una caja metálica con las siglas O.N.O. sobre la cubierta.

En un lateral de aquel objeto, la calavera con el símbolo químico y la serpiente devorándose anunciaba que aquello era una creación de NEKROS.

—¿Qué cojones hace eso ahí? — Susurró Val.

Con la punta de su fusil, Hugo abrió lentamente la tapa de aquella caja. Dentro se encontraban varios viales y jeringuillas. Elena se acercó y tomó uno de los viales con las manos.

—¡Elena, espera! ¿Qué haces? Podría ser una trampa y estar…

—¿Infectado? — Ironizó. Lo miró bajo la luz de las linternas. Tratando de ajustar la distancia para verlo bien. —No… no puedo, leer. — Al igual que el resto de los sentidos le comenzaban a fallar, una neblina se apoderaba de su visión.

Valeria se colocó uno de sus guantes del traje MC-5 y tomó otro vial de la caja.

Estaban etiquetados con códigos técnicos de laboratorio, pero entre tanto código se podía leer: “E6 – Estabilizador de campo”.

Val lo leyó en voz alta mientras Hugo tomaba una nota doblada que se encontraba junto a la caja.

—Esto es lo que necesitamos. — Murmuró Hugo al tiempo que Elena se desplomaba convulsionando en el suelo.

Mientras caía, un último eco se coló en su cabeza. No tuvo fuerzas ni para llevarse nuevamente las manos a la cabeza.

“Te lo dije. Aquí yacerás, para siempre”

—Joder, no hay tiempo. — Susurró Hugo mientras arrebataba de las manos el vial que tenía Valeria y lo montaba en una de las jeringuillas que contenía la caja, aspiró la dosis completa y se la inyectó a Elena.

Nadie dijo nada. Nadie le preguntó nada. Nadie respiraba. Durante unos segundos, todos contuvieron la respiración.

Elena continuaba con los espasmos, cada vez más fuertes hasta que todo cesó.

Su cuerpo inerte, que presentaba una lividez propia de un cadáver exanguinado, comenzaba a teñirse de nuevo de vida, arrebatando a su presa de las manos de la mismísima parka.

Su respiración se estabilizó y las manos le dejaron de temblar.

—Pero, ¿cómo es posible? — Murmuró Rob incrédulo. Apenas habían pasado unos segundos desde la inoculación de aquella misteriosa sustancia y Elena se había estabilizado volviendo a la vida.

—El efecto ha sido más rápido incluso que la Naloxona. — Apuntó Valeria.

Elena abrió los ojos y un par de minutos después se incorporó sin necesidad de ayuda. Todos estaban sorprendidos pues acababan de ser testigos de un milagro. Hugo cerró la caja y le robó una de las mochilas a Rob para guardarla. Valeria se giró hacia su ST-1 y le preguntó.

—¿Cómo lo sabías?

Hugo estiró la mano con una nota, la que acompañaba a la caja. Sin firma, sin acrónimos, sin logos.

“1 cada 6 horas. No es la cura, pero le dará más tiempo”

—¿Cómo te encuentras? — Preguntó Martina.

—Extra… extrañamente, bien. — Se quedó unos instantes en silencio. —La voz, ha desaparecido.

—Esperemos que sea así y que no vuelva.

—Todo me da vueltas y me pesan las piernas, pero al menos creo que estoy volviendo a ser yo.

—Es un gusto volver a tenerte aquí, jefa.

Roberto comenzó a inspeccionar aquella sala.

Se dirigió hacia el fondo de la misma donde se dirigían las pisadas, desapareciendo tras una estantería metálica.

Tiró de la estantería hacia delante y hacia los lados, al igual que hiciera con la de la sala de material.

No ocurrió nada. El hecho es que no se movió ni un centímetro.

Por un momento se le ocurrió que podía haber algún tipo de teclado numérico o similar al que encontraron bloqueando aquella sala, oculto en algún lugar de la habitación.

Revisó en los estantes contiguos, pero no vio nada.

Solo le quedaba una opción de manipulación que físicamente parecía imposible y que diese algún resultado.

Apoyó sus dos manos en los mástiles de la estantería, aseguró sus pies para conseguir el máximo punto de apoyo y empujó. La estantería cedió junto con la pared.

—¡Aquí! ¡Hay una puerta!

Todos se giraron hacia su compañero al sentir como arrastraba algo tras ellos. Martina ayudó a Elena a levantarse, y Valeria y Hugo se dirigieron hacia aquel nuevo descubrimiento. Tras aquel portón oculto se abría un túnel gélido a la par que oscuro del cual no se veía el fin.

—Fuera quién fuese el que ha dejado las huellas, y puede que… —Observó Hugo señalando al lugar donde antes se encontraba la caja con los viales. —…esos regalitos, ha tenido que escapar por aquí.

—Lleve a donde lleve, parece que es la única salida.

El aire frio y mohoso del túnel era mejor que aquel viciado y saturado de partículas del derrumbe.

Martina respiró profundamente, y una sonrisa se dibujó en su inocente rostro. —No puede ser peor que esto.

—¿Listos? Vamos a salir de aquí.

Uno tras otro, con Hugo al frente caminaron en silencio por el túnel avanzando bajo el eco de sus pasos y el olor a tierra húmeda y moho y cuya oscuridad era más profunda que la que arrojaba la tormenta que regía toda la superficie.