Sin voz en la tormenta (Hostes 2) EL NIVEL SELLADO
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EL NIVEL SELLADO

“5 de diciembre. 02:11 AM (hora local). 71,13º N, 156,91º O. Pasaje bajo el permafrost,.”

La metralla creada por la explosión y el reventón de la bombona de nitrógeno, que salió despedida con la onda expansiva, dejaron su impronta en las paredes más alejadas de la devastada sala de control.

Aquella violenta detonación destrozó todo en un radio de quince metros, incluida la puerta que daba acceso al nivel inferior.

La estructura superior de la instalación parecía que permanecía firme, aunque el primer recubrimiento hubiera desaparecido dejando la roca al descubierto.

Sin embargo, en el suelo se formó un cráter que dejaba ver, unos metros más abajo, la planta inferior.

La placa de acero corrugado que protegía la instalación del techo y que se había desprendido había improvisado una rampa de acceso al nivel inferior por el que cada paso retumbaba como martillazos restallando en la, ya de por sí, cargada atmósfera de aquel pasillo estanco.

—¿Sabes cuánto pesa una plancha de esas? Como se nos caiga otra encima estamos jodidos. — Indicaba Roberto.

—Todavía no entiendo qué hacemos aquí y como no nos hemos ido ya. Seguro que los de ahí fuera se han largado al sentir la detonación. Habrán pensado que estamos muertos con la explosión. — Sopesaba nerviosa Martina, aun con la adrenalina por las nubes.

De repente, varios golpes sobre la exclusa indicaban que Martina se equivocaba. Fuera quien fuera los que les empujaron a entrar precipitadamente en aquella instalación, aún seguían fuera.

—Solo veo una salida. Y no me gusta. — Dijo Hugo acercándose al pozo creado al final del pasillo.

Elena no hablaba, simplemente se asía al brazo de la pequeña pelirroja tratando de mantener la verticalidad. Su lucha interna se estaba acuciando a cada segundo que pasaba.

“¿Lo ves? Casi te matan antes, y ahora quieren terminar lo que han empezado. Te van a llevar abajo, donde tendrás una tumba de polvo y piedra para la eternidad. Ellos se irán y te dejarán morir ahí, sola.”

Descendía despacio, con paso inseguro y agarrándose con su mano libre a lo que podía para no caerse y arrastrar a Martina con ella.

Su rostro volvía a estar pálido, el sudor asomaba por la frente y de vez en cuando sus pupilas parecían desenfocase como si su mente disociada se ausentara unos segundos hacia una dimensión paralela.

Martina caminaba junto a ella tratando de vigilar cada gesto, cada paso.

El aire se volvía más denso a cada metro que descendían al piso inferior, cargado con un olor agrio a óxido y desinfectante reseco.

Hugo trataba de no hacer caso a las punzadas que le daba el costado y que desde hacía unos minutos se había vuelto recurrente.

Su cuerpo le enviaba señales claras de que aquello no parecía una buena idea.

Él iba delante, con la linterna sujeta al cañón de su HK416.

Tras él, Valeria lo seguía con su fusil atenta a cualquier movimiento que pudiera haber en el corredor inferior mientras trataba inútilmente de librarse del polvo en suspensión agitando su mano libre.

Roberto cerraba la formación cargando con la mochila en la que guardó los planos encontrados y algunos informes.

El nivel inferior no era un simple sótano que se utilizase como almacén. Se trataba de otro complejo con paredes reforzadas y puertas blindadas alineadas sobre otro pasillo que se extendía más de lo que la iluminación de las linternas mostraba.

—Jefe ¡mira! — Susurró Val mientras señalaba al suelo, donde unas pisadas recientes dibujaban trayectorias dispersas, entrando y saliendo alborotadamente de algunas de las habitaciones. O.N.O. había estado allí, o quizá aún lo estaba.

—Martina, Elena, ¡quedaros aquí! Vamos de caza.

— Colocándose el auricular del transmisor indicó a Val y Roberto que hicieran lo mismo.

Sin cruzar ni una sola palabra más, Hugo se deshizo del inmovilizador que llevaba en el brazo no sin mostrar signos de dolor, para empuñar bien su arma, mientras sus otros dos compañeros tomaban posición en la pared opuesta del pasillo.

Rápidamente se dirigieron hacia el lugar donde se encontraban aquellas pisadas.

—Son recientes, posteriores a la explosión. — Informó Valeria tras inspeccionar una.

Un pequeño temblor se hizo eco en el silencio de aquel nivel. Apenas duró un segundo.

Entraron en la primera sala. Camillas metálicas alineadas contra la pared, tubos de perfusión amarillentos y restos de vendas endurecidas con algún tipo de fluido.

Un armario metálico se encontraba abierto y vacío.

En una de las mesas quirúrgicas encontraron bridas de sujeción oxidadas y en otra, marcas en el acero, como si alguien hubiese arañado desesperadamente la misma tratando de escapar de allí.

—Parece un maldito hospital de campaña enterrado. — Murmuró Roberto.

—Me da la sensación de que era aquí donde se hacía la magia y arriba era donde la testeaban. — Confirmó Hugo.

En otra de las salas de la que salían y entraban las pisadas, la linterna de Hugo enfocó un contenedor transparente en el fondo de la sala.

Estaba vacío, aunque bajo él se apreciaban restos de algún tipo de líquido de color verde, coagulado.

El etiquetado de la capsula, apenas legible, mostraba un código.

«SOMNEX-9 — SUJETO DE PRUEBA 36»

La estructura de aquel bunker recibió un nuevo temblor que se notó ligeramente más fuerte que los microtemblores tras la explosión en el piso superior.

Elena entró en la sala tras Hugo. Se había recompuesto ligeramente después del descenso.

—¿Qué haces aquí? Te dije que esperases con Martina.

Se acercó a la capsula, leyó el marcador en voz baja y un escalofrío le recorrió la espalda.

—Es el mismo. El que mencionaban en los informes.

La mano le volvía a temblar ligeramente y Hugo se dio cuenta.

—Aquí cabe un cuerpo humano adulto y al parecer, este era el espécimen treinta y seis. — Salió de la habitación e intercambió una mirada con Roberto. Los síntomas de la infección de Elena cobraban una presencia silenciosa a cada minuto que pasaba.

Continuaron barriendo sala por sala, habitación por habitación.

Todas mostraban signos de haber servido como punto de experimentación.

En la que no se encontraban una mesa quirúrgica, había una capsula similar a una cámara hiperbárica con algún resto de líquido viscoso y coagulado bajo ella y con diferentes códigos clínicos.

«NK-7 / SUJETO DE PRUEBA 12»

«NK-7 / SUJETO DE PRUEBA 15»

«BL-MARION / SUJETO DE PRUEBA 6»

«ZM-X NOCTURENE / SUJETO EN EJECUCIÓN 2 (TRANSFERIDO A FOCO/14)»

«TTX / SUJETO EN EJECUCIÓN 4»

«THANALEX / SUJETO EN ESPERA DE PRODUCCIÓN»

—Jefe, todos estos códigos son los que aparecen en la documentación de las instalaciones bajo el faro.

—Creo que hemos descubierto su laboratorio principal. — Apuntó Val.

—ZM-X, ese está transferido a Foco 14. Era el número de la celda del faro en la que se encontraba una de las mujeres.

—Por si quedaba alguna duda, queda confirmada la conexión entre las dos estructuras. Aquella mujer fue trasladada de esta cápsula hasta aquella sala.

—O no. — Susurró Elena tras ellos. —Aquella mujer fue inyectada con la sustancia allí mismo y estas cápsulas se suelen usar para tener a los pacientes estabilizados y controlados tras la administración de los compuestos experimentales o para su depuración.

—¿Y entonces? — Preguntó Rob.

—Aquello creo que fue el experimento final. El definitivo en entorno controlado, pero fuera de laboratorio.

—¿Estás insinuando que aquí la mantuvieron dentro de este tanque, ahogada en este líquido viscoso, con vida, mientras la preparaban para administrarles las toxinas, antes de su transporte?

¿Estás diciendo que esas mujeres eran ganado preparado para llevarlas al matadero cuando les llegase la hora? — Dijo indignado Roberto.

Elena agachó la cabeza mientras levantaba los hombros insinuando un “quizás”. —Nunca he actuado así, y nunca he aprobado esto, pero he oído hablar de ello. Es abominable lo que sucede en algunos círculos científicos…

—¿Abominable? Solo espero que tú nunca hicieras algo parecido.

—Roberto, yo nunca he aceptado este tipo de praxis.

—Praxis dice. Esto es tortura, un puto genocidio selectivo.

—Roberto ¡para! La doctora ya ha dicho que ella no tiene nada que ver con esto.

“¿Todavía sigues creyendo que están de tu lado? Te culpan de todo esto. Te miran con asco. Te desprecian. No te quieren. Te matarán en cuanto puedan.”

Elena volvió a llevarse las manos a la cabeza cuando un tercer temblor fue el que precedió al colapso estructural que estaba llamando a la puerta desde la explosión y que acababa de cerrarles el paso a la única salida conocida.

Parte del nivel superior se desplomó sobre el boquete que había abierto el explosivo minutos atrás y que había debilitado la estructura superior.

El equipo al completo se quedó sobrecogido ante la idea de no poder salir de allí.

Tras el sobresalto inicial, se asomaron al pasillo y solo hallaron oscuridad y polvo suspendido, arremolinándose y danzando sobre los haces de luz de las linternas al igual que la tormenta de nieve que les había acompañado desde que llegaron a esa latitud.

—La jodimos. Y ahora, ¿qué hacemos? — Preguntó Rob con ironía.

—Perfecto, hemos pasado de un refrito entre Dexter y Breaking Bad a un episodio final de Stranger Things. — Martina continuó con su sarcasmo friki.

—Tranquila listilla. Si aparece un demogorgorn de esos que te gustan tanto se las tendrá que ver conmigo.

— Trató de tranquilizarla Roberto. Intuía que ella tenía cierta debilidad por él.

El gesto de Martina se relajó levemente, aunque seguía aferrada a Elena.

Hugo corrió hacia el derrumbe seguido por Val, que ahora regresaban con gesto serio.

—No os lo voy a endulzar. Estamos atrapados. Por ahí no se puede salir.

—Llevo una última hora que… Mirad, o me da un infarto o, por favor, que alguien me pegue un tiro de una vez. No puedo más. ¿Qué más puede pasar? — Rezongó Martina.

—Tranquila. Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. O eso dicen.

—¿Ventana? Si, claro, con vistas a las Seychelles.

Mirad, no sé quién, — Dijo mirando al resto del grupo.