EL PESO DEL PERMAFROST #3
Martina tragó saliva, su friki ironía soltó un último latigazo.
—Perfecto, ya puedo tachar de mi lista de cosas por hacer el “tener un final explosivo digno de Marvel”.
—¡Abre la sala contigua! — Urgió Hugo a Roberto.
—En la sala de curas vi un par de bombonas de Nitrógeno.
— Val lo entendió y salió disparada. —¡Elena, ayúdame!
— Hugo se colocó detrás de la silla y comenzó a empujarla hacia la habitación donde Roberto trataba de abrir la cerradura y que sugería se trataba de otra celda.
Elena intentaba sujetar a Martina para que no se desequilibrara de la silla mientras la arrastraban.
—Martina, confía en mí. Te voy a sacar de esta, si ROBERTO Y VALERIA APARECEN YA. — Trató de tranquilizar a la joven, aunque su grito final no lo hizo demasiado. Un par de segundos después, Roberto acompañaba a Valeria cargando con una bombona de Nitrógeno líquido.
Hugo dio instrucciones para que la operación fuera quirúrgica. Lo más rápida y certera posible.
—Mírame Murtaugh. Vamos a hacer lo que dijiste. Un Arma Letal de esas.
—¿Estás loco? ¡Riggs tenía los dos brazos, estaba zumbado y era… aquello era una película!
—Yo estoy peor que él, no te voy a dejar, y mi brazo está casi recuperado, no te preocupes. Esta familia no acaba aquí. No nos abandonamos los unos a los otros.
Colocaron a Martina de cara a la puerta metálica de veinte centímetros de grosor.
Bajo la silla, la bombona estaba lista y la válvula apuntando hacia arriba como un cañón.
El plan era brutal en su simpleza: ahogar la detonación con nitrógeno líquido y robarle unos segundos al sensor de presión suficientes para ponerse fuera del alcance de la onda de choque.
Rob se apostó en la puerta. Sus músculos estaban tensionados esperando la señal.
Elena se encargaría de abrir la válvula; cinco segundos después, tiempo muy justo para que el sensor se congelase, Valeria y Hugo tirarían de Martina hacia ellos mientras Rob cerraba la puerta y entonces, todos correrían sin mirar atrás tratando de darle esquinazo a la mismísima Dama de Negro.
En el monitor, el reloj seguía su cuenta atrás llegando a los segundos finales.
8 segundos.
El pitido intermitente se transformó en la única banda sonora que sonaba en aquella celda. Valeria notaba como su respiración se acompasaba con aquel maldito ritmo. Hugo comprobó de un vistazo que todo estaba preparado.
7 segundos.
Elena rompió el fleje de seguridad de la bombona y activó la válvula con un giro de cuarto de vuelta.
Un silbido agudo inundó la sala, silenciando el sonido de la cuenta atrás.
Un chorro helador golpeó la parte inferior de la silla donde se encontraba Martina comenzando a congelar centímetro a centímetro aquello que tocaba.
6 segundos.
Martina temblaba de miedo, de nervios. Su cuerpo luchaba por no despegarse de la silla, pero su mente gritaba que saltara sin mirar atrás.
Tenía la piel erizada, los ojos fijos en los de Hugo al igual que los del resto del equipo.
Elena, ya finalizado su cometido, se alejaba hasta la última habitación del complejo siguiendo el plan.
5 segundos.
—¡Aguanta pequeña! Un par de segundos más.
4 segundos.
Silencio entre los presentes únicamente roto por el silbido que aliviaba la presión de la bombona de Nitrógeno.
3 segundos.
—Se está congelando. ¡Hay que sacarla ya!
— Valeria sabía que el Nitrógeno actuaba rápido, muy rápido, y no podía permitir que la congelación llegase hasta Martina, pues podía quedarse adherida a la silla como una lengua se queda pegada a una farola helada cuando al niño de turno se le ocurre chuparla.
—Un segundo más…
2 segundos.
—¡YA! — Gritó Hugo.
Valeria y él tiraron de la joven con todas sus fuerzas cayendo en el exterior del pasillo. El metal de la silla chirrió, el tejido cedió y la pantalla del sensor de presión se apagó. Rob golpeó la puerta con todo su peso, cerrándola de un portazo y girando la cerradura
1 segundo.
El eco del metal de la puerta contra su marco reforzado retumbó como una campana funeraria. El pitido que marcaba el pasar del tiempo se convirtió en un zumbido insoportable en aquel pasillo. Roberto trató de levantar a Martina, Valeria y Hugo se levantaron al unísono.
0 segundos.
No había detonación, solo silencio. La alarma que inundaba todo el pasillo había terminado.
La cuenta atrás había finalizado, y sin embargo no se había producido ninguna explosión.
Los cuatro no se dieron cuenta de ese detalle pues corrían para alejarse lo más posible de aquella sala hacia Elena que ya se encontraba en el fondo del pasillo.
Finalmente, un par de segundos después, la instalación entera tembló con la vibración contenida de la detonación ahogada en aquella sala. La puerta continuaba en su sitio, pero había creado un agujero que copaba casi tres salas. El Nitrógeno congeló la mayor parte del recinto.
Martina abrió los ojos. Le dolían y veía chispas de colores sobre un fondo borroso. Sin soltar a Roberto, se giró y se parapetó en su pecho rodeándole con sus brazos. Rompió a llorar.
Elena acompaño en el abrazo a Martina. Valeria lo hizo con Hugo.