BAJO LA NIEVE #3
Dos disparos, limpios, rápidos, dolorosos y casi mortales impactaron sobre Hugo.
Uno en la espalda, otro en el brazo izquierdo.
Una gran mancha roja se formaba bajo su cuerpo ahora inmóvil.
—¡HUGO!
Los haces de luz verde desaparecieron cuando un arsenal comenzó a abrir fuego en su dirección al tiempo que otras tres detonaciones deslumbraban tras Sven.
Eso dio al equipo el tiempo justo para que Valeria retrocediese, aferrase a su compañero por el capón de su traje y lo arrastrase al interior de aquel bunker con el resto.
El silencio se hizo protagonista en el exterior.
La exclusa quedó cerrada desde dentro. Virtualmente, nadie podría acceder por allí. No obstante, Rob dejó un regalito en forma de explosivo en la cerradura de la compuerta por si acaso.
Tácticamente estaban protegidos de los disparos de fuera, pero también habían quedado atrapados en el interior de un bunker, sin saber si habría otra salida, sin información del interior o de posibles huéspedes de la instalación y sin visión del exterior.
***
Apenas doce minutos tardó Hugo en recuperar la consciencia.
El disparo recibido en su espalda había impactado en el chaleco.
No penetró, pero la energía que desprendió el proyectil anuló su sistema nervioso durante un instante haciendo que cayese al suelo.
Sin embargo, la herida del brazo, que era aparentemente la de menor importancia, no dejaba de sangrar.
Tendido sobre una camilla, y rodeado por el resto del equipo, se levantó con un espasmo inhalando una bocanada de aire casi infinita. Elena tenía las manos cubiertas de sangre al igual que Valeria quienes habían estado tratando de taponar la herida del brazo sin mucho éxito.
—Estamos solos Hugo. Tranquilo. — Le dijo Elena mientras le colocaba una mano en el pecho para tratar de que no se incorporase.
—Doctora, no para de sangrar. Todas las vendas que le he puesto se empapan de sangre a los pocos minutos. No es normal.
—¿Está dentro? — Susurró Hugo.
—No. Así que vas a poder añadir dos nuevas cicatrices a tu colección. — Le dijo Val en un chascarrillo.
Elena se quedó meditando unos segundos pues no entendía que aquella herida, la cual se había producido en un lugar sin aparente importancia médica, no coagulase y se fuera cerrando poco a poco. Quitó la mano del pecho de Hugo y se retiró unos segundos del grupo. Necesitaba pensar.
Unos segundos más tarde, volvió a acercarse a la camilla y volteó a Hugo. En la espalda todavía permanecía el proyectil enganchado en el chaleco. Lo arrancó, guardándolo en uno de sus bolsillos.
—Por cierto. Estamos en paz. — Volvió a decir Valeria mientras le recolocaba el torniquete en el brazo.
Elena informó a Rob. —Creo que estos no son simples proyectiles. — Y ambos salieron de la habitación a la carrera. Rob llevaba su fusil terciado, por lo que Hugo supuso que no habían revisado aún el complejo, al menos no del todo.
En una sala, no lejos de aquella en la que se habían establecido, encontraron un pequeño laboratorio.
Sus vitrinas no estaban del todo abandonadas, conteniendo frascos, viales y productos farmacéuticos.
Tomó un par de esos frascos y volvió rápidamente a la sala donde Hugo, recostado en la camilla, se encontraba cada vez más pálido debido a la continua pérdida de sangre. Tomó su botiquín de campaña.
“Si muere… tú serás la única líder del equipo HOSTES. Siempre te deja de lado cuando hay problemas… Piénsalo. Tendrás todo el poder para hacer lo que quieras.”
—¡CALLATE DE UNA MALDITA VEZ!
El equipo al completo quedó en silencio, incluido Rob, quien tras acompañar a la doctora, continuó revisando el complejo.
La doctora se encontraba junto a su compañero, en medio de la sala y con las manos totalmente paralizadas, sosteniendo unos frascos con pastillas y una bolsa de suero que acababa de sacar de su botiquín.
—Elena, ¿qué te ocurre? — Preguntó Martina. La doctora contenía una lágrima que pugnaba por salir, temblando en el borde de sus párpoados. Ésta, titubeando y con temblores en las manos, comenzó a dar instrucciones mientras entregaba los frascos a Val.
—Por favor… tritura un par de estas pastillas, son ácido tranexámico y carbón activado, y mézclalas con un poco de suero. Hay… hay que hacer una pasta y esparcirla sobre la herida. Que se… se tome esta…
“No lo hagas, si lo salvas te seguirá tratando como una incompetente, te volverá a dejar en ridículo, te denigrará y no dudará en matarte si ve su puesto peligrar. Deja que muera. Se lo merece. Seguro que en cuanto pueda te matará, y matará a todos los demás…”
—…capsula. Es Protamina, y esta otra es…
es vitamina K. Creo que el proyectil está contaminado con algún tipo de anticoagulante, aun así…
hasta que no llegue al hotel no podré estudiarlo.
Eso que os he dado ayudará a la coagulación.
— Un torrente de lágrimas irrumpió en su rostro sin previo aviso.
Ya no podía disimular al exterior aquella lucha interna que tenía en su cabeza.
— Hacedle una transfusión. Yo no estoy… he de mantenerme al margen.
—¿Qué te ocurre Elena? — Hugo se incorporó lentamente. Apenas tenía fuerzas por la pérdida continua de sangre, sin embargo, en su interior sabía que algo no estaba bien en Elena. Algo le ocurría desde que aterrizaron en aquel desierto blanco.
—No sé qué… qué me está… algo me ocurre. Mi cabeza me dice cosas, oigo una voz, es mi voz. Creo que… que me estoy volviendo loca.
—¡Joder! ¿Ha sido por el golpe? — Preguntaba Roberto mientras entraba por la puerta.
Con voz queda, Elena musitó. —Después de ver lo que… en el faro de Point Barrow. Creo que me puedo haber contagiado con algo… en el laboratorio.
El gesto de los presentes se quebró de golpe.
Todos intuían que algo no iba bien con Elena, pero tras escuchar aquella confesión de su propia voz, Valeria comenzó a revivir todo lo ocurrido desde el aterrizaje en su cabeza, pero rápidamente dio con una pieza del rompecabezas que no le terminaba de encajar.
—No puede ser. En el faro hemos estado todos juntos y expuestos a los mismos peligros. Todos hemos tenido más o menos contacto con los cadáveres, y sin embargo, tú ya vienes arrastrando síntomas extraños desde que aterrizamos.
—Un momento. — Dijo Rob. — Valeria está en lo cierto.
— Val arqueó las cejas. —Yo no he escuchado voces, así que se supone que has tenido que hacer algo diferente al resto de nosotros para contagiarte…