Sin voz en la tormenta (Hostes 2) BAJO LA NIEVE #2
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BAJO LA NIEVE #2

Martina portaba la antena de rastreo y comunicación en la mochila y Hugo enfocaba a todas partes con el escáner térmico. Incluso sin la cobertura de nieve, aquello no emitía ningún tipo de señal que indicase la existencia de algún tipo de fuente de calor cercana.

—Se confirma. La emisión es clara. La boya está emitiendo. Estoy totalmente segura.

—Perfecto.

—Pero hay algo distinto. No lo puedo asegurar pero me parece que el código es más corto… y más rápido.

—¿Estas segura?

—Creo que sí, pero no tengo la tablet para solapar ambas ondas. — Dijo Martina.

—Si tiene razón, y la señal está acelerándose, tiene pinta de que puede tratarse de algún tipo de cuenta regresiva o algo similar. — Apuntó Val.

—¿Una cuenta atrás? ¿Pero para qué? — Preguntó Roberto.

—¿Ni idea?

—Si tenéis razón, no voy a poner en peligro a nadie sin saber cuánto tiempo queda para la finalización de esa cuenta atrás. —

—Si ha cambiado, ha sido muy sutil, así que no creo que la finalización de la cuenta regresiva sea inminente. — Afirmó Martina mientras miraba el receptor

—Ok, imaginemos que se trata de una cuenta atrás como estáis postulando. ¿Una cuenta atrás para qué? — Roberto aún sujetaba a la doctora por la cintura.

A Hugo se le pasó una terrible idea por la cabeza. Algo paranoico. —¿Para liberar una toxina? ¿Para crear el caos? ¿Para que de comienzo un Nuevo Orden Mundial?

—O.N.O. Nuevo Orden Mundial. — Murmuró Valeria.

—Martina dice que hay tiempo. Jefe, creo que hay que entrar ya y ver qué ocurre ahí dentro. — Dijo Roberto. Valeria asintió, tomando su fusil en las manos y apuntando hacia la exclusa.

La cerradura era muy similar a las celdas de las catacumbas del faro aunque más pequeña.

Hugo y Roberto tuvieron que emplear todas sus fuerzas para poder abrirla aunque los primeros intentos fueron infructuosos pues el metal estaba totalmente congelado.

Suerte que Val, ante la demostración inútil de fuerza bruta, utilizo su brillante perspicacia.

Tomó un poco de gasolina de una de las motos, la roció sobre la cerradura y disparó sobre el metal.

La chispa hizo que una pequeña llamarada apareciera sobre la exclusa.

Duró poco, pues la ventisca era más y más fuerte a cada minuto, pero duró lo suficiente para permitir que el hielo se derritiera parcialmente facilitando la apertura.

Hugo y Roberto la observaron impresionados. Martina le dio un par de golpecitos en la espalda. Elena simplemente la miraba, fijamente, asombrada.

“Es una gran compañera y un muy buen fichaje para el equipo. Pero… con esas ideas… puede arrebatarme el puesto, ya que estoy en el punto de mira. Y no solo eso… si se le ocurriese hacerme lo mismo que a esta puerta… “

Elena sacudió la cabeza tratando de alejar ese tipo de pensamientos. Tratando de ser nuevamente ella. Tratando de enfocar con la mirada la realidad de su entorno y no hacer caso a ilusiones o alucinaciones vagas.

“Pero… ¿qué me pasa? ¿Por qué tengo estos pensamientos tan… absurdos? No lo sé, pero… puede ser que… pero… ¿Cómo? Tengo que decírselo, pueden correr peligro… aunque, quizás… mejor no. No quiero preocuparlos. Seguro que no es nada. Solo… cansancio, fatiga… frio…muerte…”

—Elena ¿necesitas cinco minutos? Una vez que entremos todo será rápido hasta que despejemos todo, y no sabemos lo que nos vamos a encontrar ahí dentro. — Le dijo Hugo, mientras acariciaba su rostro con la mano. —Haré lo que tú me digas.

—Estoy bien. De verdad. Vamos para dentro.

—No te veo bien Elena. No sé por qué, incluso puede que sea por mi culpa. Por el golpe que nos dimos en la caída, pero creo que no estás bien. Si quieres esperar en dentro de Sven nadie te lo va a reprochar.

Con él no podía disimular. La conocía demasiado bien. —La verdad es que estoy muy cansada y congelada. — Respondió Elena. Sus pupilas estaban dilatadas. Agarró la mano de Hugo e intentó dar un par de pasos hacia la exclusa.

—Martina. Acompaña a Elena al camión y resguardaros del frio. En cuanto esté todo despejado os llamamos por radio para que bajéis. — Ordenó Hugo bajo la mirada agradecida de la doctora.

—De acuerdo. — Martina tomó por la cintura a Elena y la acompañó hasta el calor de la cabina de Sven.

Hugo indicó a Martina de manera discreta que se conectara el auricular.

—Tiene un leve temblor en las manos. Será por el frio, pero… obsérvala.

La operadora hizo un gesto con el pulgar hacia arriba mientras se quitaba nuevamente el auricular.

Hugo volvía a estar preocupado por su compañera.

También notaba esa preocupación en las miradas del resto del equipo, aunque debía dejar esa tribulación atrás por el momento.

Las distracciones no se debían de llevar a las operaciones y lo que tenían ahora por delante era una que requería su máxima concentración.

No habían pasado ni cinco minutos desde que entraron en aquel bunker frio y oscuro, cuando un susurro de Martina, apenas comprensible, irrumpió por los intercomunicadores.

—No estamos solos. Tengo una señal, a unos cincuenta metros al sur y acercándose.

El equipo de limpieza se dio media vuelta y salió corriendo hacia la escotilla de entrada.

Hugo fue el primero en salir. No veía nada más allá de los vehículos con la ventisca.

No obstante, sí que sintió un par de cosas.

Primero, un silbido en el aire y después, una explosión de nieve junto a sus pies.

—¡NOS DISPARAN!

Hugo salió corriendo hacia los vehículos, pues no tenía donde cubrirse allí.

Dos nuevos disparos trataban de darle alcance.

Val se asomó por la exclusa intentando ver algo a través de mira holográfica de su fusil.

Nada. No se veía nada, solo oscuridad acompañada por los copos de nieve y hielo danzando con furia de un lado a otro.

Hugo llegó al camión oruga y vio a Martina y a Elena en el interior, agachadas y con la luz de cortesía apagada.

La pequeña informática pelirroja activó el escáner térmico y haciendo un número de contorsionismo digno del mismísimo Circo del Sol consiguió realizar un barrido de 360º con el aparato.

—A las dos en punto desde donde estoy yo, mirando hacia…. — Susurró por el transmisor. Martina nunca se le había dado bien transmitir comunicaciones tácticas. Como decía ella: “yo soy más de lenguaje informático, binario y algo de Klingon.”

No obstante, Valeria la entendió y dirigió hacia allí su arma. No veía nada. Necesitaba su rifle de precisión, pero estaba en la mochila, sobre la moto de nieve.

Hugo, bajo cobertura, trataba de localizar al tirador, sin embargo, Martina volvió a informar por el equipo.

—Acaban de aparecer otras dos siluetas. Se mueven. Están tratando de rodearnos.

—Voy a necesitar que salgáis y os dirijáis hacia el bunker. Yo trataré de cubriros. — Dijo Hugo a las ocupantes del camión.

—¡Voy a salir! Necesito mi rifle. — Advirtió Valeria por el transmisor.

—Negativo, no los veo. No sé dónde están. — Alertó Hugo a su tiradora.

A partir de ahí todo ocurrió muy rápido.

Valeria, haciendo caso omiso a las instrucciones de su ST-1, corría a través de la nieve en dirección a su moto para conseguir alcanzar el rifle y su mochila.

Al mismo tiempo, Elena salía de la cabina del vehículo oruga en dirección al bunker.

Martina daba vida a Sven y arrancaba el mastodonte, dirigiéndolo hacia el norte, activando todos los focos en dirección al origen de los disparos, tratando de localizar y deslumbrar a los tiradores.

Rob lanzaba un par de bengalas lo más lejos posible, inundando todo el paisaje de un tono rojo artificio.

Hugo, que quería estar pendiente de todo, debía de confiar en las habilidades de sus compañeros.

Trató de salir corriendo hacia su moto al tiempo que Martina lo hacía hacia el bunker.

Tenía la esperanza de que los tiradores estuvieran durante algunos segundos cegados por las luces y cuando se recuperasen, únicamente le vieran a él siendo el último en acceder por la exclusa. Nada más lejos de la realidad.

—¡Al menos tres hostiles! Retirada al bunker. No tenemos donde coger posiciones, y ¡estamos a oscuras!

—¡No puedo apuntar en estas condiciones!

¡Me tienen cercada! — Gritó Val por el transmisor.

Había alcanzado su moto y la mochila donde llevaba el rifle.

Se trataba de un fusil de francotirador Arctic Warfare británico con mira telescópica y calibre 7.62 con el que había conseguido hacer blancos en movimiento a 750 metros en sus entrenos.

Le encantaba ese aparato. Creía que su visor de clip térmico le ayudaría a hacer blanco más fácilmente, y así hubiera sido si tan solo pudiera tener unos segundos para apuntar, pero no era así, ya que estaba recibiendo fuego directo sobre ella

Haces de luz verde aparecieron en escena, moviéndose imprecisos entre todos los elementos del lugar.

El siguiente disparo rebotó en la parte trasera de Sven.

Dos más muy seguidos, esta vez agrupados, estallaron contra la compuerta del complejo.

No eran disparos potentes ni acertados por lo que se descartaban los rifles de precisión.

No había disparos en ráfaga por lo que, quien fuera, o tenía la munición muy medida, ya que no pensaban en un enfrentamiento directo, o su misión no era eliminar directamente a los activos enemigos.

Uno de esos haces de luz verde buscaba incansable el cuerpo de Valeria tras la moto de nieve.

—¡ESCONDEOS! ¡CEGADORA! — Apenas un par de segundos después, tres detonaciones acompañadas por tres fogonazos deslumbraron toda la planicie, ya iluminada en rojo eléctrico de por sí.

Rob, desde la estrecha trinchera en la que se encontraba, había arrojado una granada cegadora.

Las salvas se detuvieron por un instante.

Val trató de apuntar, localizando una silueta. Disparó y acertó. Inició la carrera hacia el refugio. Dos disparos acompañados por sendos laser verdes fallaron a escasos centímetros de la corredora. El siguiente disparo si alcanzó un objetivo.

Por segunda vez en una misión, Valeria no se daba cuenta que su ST-1, su jefe, su amigo, su hermano, caía tras ella.

El puntero verde se dibujó perfecto en la espalda de Val mientras corría por delante de Hugo.

Éste no lo dudó y se interpuso en la trayectoria del tirador y su presa.