Sin voz en la tormenta (Hostes 2) EL FARO #4
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EL FARO #4

La doctora y Roberto se centraron en las carpetas plastificadas. Contenían documentación relacionada con estudios de diversas sustancias químicas y su aplicación sobre cuerpos y tejidos vivos. Solo uno les resultó conocido. El TTX-a

—Todos y cada uno de los estudios… TTX, NK-7 Thanalex, ZM-X Nocturene, BL-Karion, E6 Erebinol, Somnex...

están autorizados y firmados por el jefe de investigación.

Un tal doctor K.S. ¿Adivináis quién puede ser?

— Rob levantó la mirada, observando la reacción de todo el equipo, pero sobre todo a Elena, que sintió nuevamente el peso de la culpa.

—Aquí también. K.S. — Dijo Val, señalándolo en uno de los planos.

—Esto son carpetas donde documentaban todos sus experimentos. En este lugar realizaban la fase dos de lo que sea que haya en esas carpetas.

—Y si se puede saber, ¿cuál es la siguiente fase? —Preguntó Hugo.

—Las siguientes fases son: la tres, estudios a gran escala en múltiples centros y la fase cuatro, comercialización y seguimiento.

Valeria estiro un plano sobre la mesa. En él, varios puntos estaban marcados en rojo. Una inscripción minúscula, casi ilegible, aparecía en la esquina inferior derecha.

“Compuesto Thanalex // Nodo de prueba – acceso restringido – División experimental: NEKROS – Clasificación: Nivel 5 – Solo Personal Autorizado. Firma: K.S.”

—Pues... a juzgar por lo que muestra este mapa...ya tenían planeado el salto a la fase tres.

—El tal Stern lo controlaba todo. Desde los estudios y protocolos, hasta las pruebas…

—¿Nekros? — Susurró Hugo. —No aparecía ningún Nekros, ni nada parecido en los archivos de O.N.O.

—Creo que acabamos de descubrir su sección de Investigación y Desarrollo. El I+D de la sección química de O.N.O.

Uno de los monitores parpadeó y comenzó a mostrar una de las habitaciones a pantalla completa. Martina había introducido el primero de los dos DVD´s en un reproductor. El silencio se asentó como una losa en la sala y el ambiente parecía ahora más pesado, más exánime.

«Tras una pantalla azul y el título ZM-X Nocturene, el vídeo mostraba una vista de la sala en la que se encontraba la mujer decapitada por Elena. En una camilla, atada, sedada, dormida, inmóvil. La mujer tenía un parecido asombroso a la encontrada por Hugo y Valeria en la nieve. Rubia, bella, joven,

frágil. Junto a ella, un hombre con bata blanca se encontraba manipulando una especie de inhalador metálico de color azul. La pantalla reflejaba perfectamente como aquel hombre facilitaba una dosis de lo que fuera que contuviese el inhalador a aquella “paciente”. Posteriormente,

era desatada y colocada sobre el suelo. La reproducción del vídeo se estaba realizando a velocidad normal, hasta que la bata blanca desapareció del encuadre. Un x30 apareció en la parte superior del vídeo y los minutos de la marca horaria que se superponían en la película avanzaron rápidamente.

La joven, ahora despierta, se movía erráticamente por la habitación hasta que la última hora la pasó palpando y arrastrándose sobre las paredes. La reproducción volvió a una velocidad normal instantes previos a que el rostro de aquella paciente se colocase a la altura de la cámara oculta.

Sus globos oculares habían desaparecido. Su cara, hace unos instantes hermosa, ahora lucía putrefacta al igual que sus brazos. Nada de sangre, nada de fluidos. Se trataba de un cadáver andante. Dos minutos más tarde, la pantalla mostraba la escena que se encontró el equipo al acceder a la celda.

El vídeo finalizó.»

La joven informática aún conmocionada por lo visto, sacó el DVD e introdujo el otro.

Mismo punto de vista, misma presentación, diferente compuesto.

BL-Karion sobre un fondo plateado. Al igual que el color del inhalador.

Mismo método de contagio, mismo escenario, mujer con los rasgos similares.

El hombre que procedió a inocular la toxina era el mismo que en el video anterior.

Al igual que ocurriera en el primer archivo de video, nada más desaparecer del encuadre el hombre de la bata blanca, la velocidad de reproducción se colocó en x30.

A las veinticuatro horas reales la mujer cayó al suelo, convulsionó dos veces y se quedó inmóvil.

—Veinticuatro horas, mismo tiempo de exposición, mismo tiempo de incubación, diferentes síntomas pero mismo fin. — Murmuró Valeria.

—Creo que queda descartada la teoría de la doctora de que una llevaba más tiempo aquí que la otra. — Apuntó Rob.

—Dos muertes diferentes. Dos sustancias diferentes.

Prácticamente el mismo tiempo hasta que las toxinas cumplieron su función.

— Susurró Elena. —Hay que tomar muestras de sus tejidos para analizarlos en el espectrómetro de la pensión.

— Advirtió mientras salía disparada hacia las habitaciones donde se encontraban los cuerpos.

Hugo volvió a centrarse en el mapa. Uno de ellos mostraba la zona del Faro y unos veinticinco kilómetros cuadrados desde el punto central, Kovac Bay.

—Estas marcas rojas indican ubicaciones importantes. Podían tratarse de otros centros de investigación, centros de pruebas, de comunicaciones…

Martina indicó que una de las marcas podía encontrarse cerca de la posible ubicación de la señal captada desde la estación, al noreste de su ubicación.

—Aquí ya no hay nada más que podamos hacer. Nos vamos con más preguntas que respuestas. — Aseveró Hugo.

—¿Y ahora? ¿Cuál es el siguiente paso? — Preguntó Martina.

—Verificar los puntos rojos del mapa. Preguntarle al sheriff de Kovac Bay por posibles desapariciones en el pueblo. Interrogar a la tal Kay a ver que más sabe. Localizar al culpable de estas abominaciones y terminar con esto lo antes posible.

Valeria guardó el mapa. —Sea lo que sea, es lo único que tenemos para trabajar.

Nuevamente en el exterior, el faro: imponente, robusto, bello y mortal, ahora se erigía ante el pequeño acantilado del Ártico como una mera anécdota de lo que fue y de lo que ocultó.

Ya en los vehículos, mientras el equipo abandonaba el lugar, la tormenta volvía a rugir con fuerza. La oscuridad invernal de esas latitudes los rodeaba y la nieve no era lo único que golpeaba el rostro de Elena, pues una culpa incipiente se abría paso en sus adentros.

Las órdenes de Hugo, rompieron el silencio de radio.

—Al este. Vamos a ver qué sorpresas nos depara el nuevo punto de emisión. Bravo 5, guíanos.