Sin voz en la tormenta (Hostes 2) EL AISLAMIENTO #3
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EL AISLAMIENTO #3

Un par de segundos después, el generador auxiliar arrancó con un traqueteo metálico.

Las luces regresaron, pero su intensidad era mucho más débil.

—¿Qué ha pasado? — Dijo Valeria mientras tomaba con ambas manos su fusil CZ Scorpion con silenciador. Hugo hizo lo mismo con su respectiva arma. Era instinto. —¿Martina? — Dijo Valeria.

—No es cosa mía.

—¿Es posible que la batería principal se haya quedado sin energía? — Preguntó Roberto.

—Puede haber sido un fallo en el cuadro eléctrico. Está hecho puré. — Respondió Martina.

—¡No! — Afirmó Hugo tajante, con la mirada clavada en la puerta. —El golpe que ha precedió al encendido del generador no ha sido natural.

Minutos más tarde, cuando todos revisaban el equipo a petición de la doctora, Hugo decidió salir del refugio a patrullar el perímetro.

Se hizo con uno de los viejos uniformes que utilizaban los antiguos moradores de la estación meteorológica.

No era tan moderno como los MC-5 que llevaban sus compañeros, pero tendría que servir.

Un abrigo largo y grueso, teniendo en cuenta los materiales térmicos que utilizan las prendas invernales actuales, hasta las rodillas, y unos pantalones del mismo tejido.

Pudiera ser piel de algún animal ártico.

No quiso saberlo. Únicamente tenía que resguardarle del frio.

Se adaptó el intercomunicador como pudo y se asió al abrigo la pequeña pantalla portátil del traje de salto dañado.

—Por un casual. No habremos traído un escáner térmico portátil, ¿Verdad?

Martina abrió uno de los armarios de la estación en los que se leía “outdoor equipment” —Mira a ver si esto te sirve.

— Había cogido una especie de aparato con forma de pistola y una pequeña pantalla.

—Imagino que será esto. Este armario está lleno de material para el exterior.

Lo encontré antes, cuando buscaba una batería útil.

—Dios mío. Eso no tiene ni que funcionar. Como mínimo tendrá… — Decía Roberto, siendo interrumpido posteriormente por Valeria.

—Treinta años.

—Ya estamos. ¿Como lo sabes? ¿Te lo ha dicho Internet?

—No. Lo pone en la caja de la que lo ha sacado.

— Val esbozó una mueca de superioridad. Hugo lo encendió.

La batería había aguantado muy bien el paso del tiempo, pero los componentes internos del escáner no tanto.

Al dirigir la boca del escáner hacia los ordenadores, emitía una imagen clara.

Pero cuando lo dirigía hacia las paredes, emitía un espectro muy ambiguo tras ellas.

Unos ecos inconsistentes que se presentaban en la pantalla como movimientos en forma de halo informe.

—El escáner puede haber perdido potencia para mostrar algo a través de las paredes, pero quizás sí que sirva para buscar fuentes de calor a través de la oscuridad.

—Tendrá que servir.

El ST-1 salió por una pequeña exclusa que había en el techo de una de las habitaciones.

Se le había olvidado que no tenía casco protector y, al salir al exterior, la fuerza del viento azotó su rostro con violencia, abofeteándole con cristales de hielo que golpeaban como cuchillas.

El termómetro digital de su brazo bajó súbitamente la temperatura, de unos apacibles quince grados, llegando a marcar los cuarenta y tres grados bajo cero.

Avanzó hasta localizar el generador de emergencia que se encontraba en el exterior semi enterrado en la nieve, cuando algo llamó su atención.

Un par de pisadas: humanas, recientes. Justo al límite en el que el viento las iba borrando segundo a segundo. Eran más grandes que la suya. Valeria le tocó el hombro por detrás. Hugo reaccionó encañonándola con su fusil hasta que la identificó.

—Soy yo.

—¿Por qué lado has venido? — Preguntó Hugo.

—Justo detrás de ti. ¿Por qué?

—¿Estas segura?

—Si. ¿Que ocurre? ¿Qué mirabas? — La ST-2 miró al suelo, donde antes lo hacía Hugo. — ¿Eso era una huella?

No eran las suelas de Val y, sin embargo, apenas unos segundos antes de su llegada alguien más había estado allí.

Hugo apuntó al infinito con el escáner térmico.

Quizás fuera porque ese escáner llevaba tres décadas allí, quizás por no tener mantenimiento, o quizás por la temperatura tan extrema que allí había, pero no marcó nada. La pantalla estaba totalmente negra.

—Rápido, rodea en sentido contrario la estructura hasta que nos encontremos de nuevo. — Ordenó.

Ambos se dieron la espalda y trataron de otear el horizonte cercano.

La luz de las linternas de sus armas era engullida en la ventisca.

Tal y como habían entrenado en infinidad de ocasiones, hicieron un barrido del perímetro del refugio.

No localizaron nada. Pero la realidad era que habían visto una huella en el exterior, y Hugo había sentido un golpe totalmente ajeno al funcionamiento normal de un generador, en el mismo sitio que estaba la huella.

Tras comprobar más detenidamente el generador, observaron que como el tubo que protegía el cableado que transportaba la energía estaba cortado. No podían determinar que tuviera algo que ver con el golpe seco que escucharon, sin embargo lo que vieron junto al generador no fue algo que despreciar.

Al llegar nuevamente a la compuerta por la que habían salido al exterior, Valeria y Hugo se miraron, con rostro serio.

—¡No estamos solos!