Sin voz en la tormenta (Hostes 2) EL AISLAMIENTO #2
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EL AISLAMIENTO #2

Recodificó los dispositivos móviles para que una señal 5G los tuviera localizados en todo momento, y recibió fotografías de lo que habían encontrado.

Un altavoz oculto se activó en el interior de la estación al tiempo que una cuenta regresiva de cinco minutos se iluminaba en un monitor.

—Buenas Chicos. ¿Cómo estáis?

— No tenemos mucho tiempo compañera. Apenas cinco minutos hasta que se vaya el satélite. Pero para que te hagas una idea, como un Wookiee en el planeta Hoth.

—¿Qué?

—Dios ¿es que aquí nadie ha visto La guerra de las galaxias? — Suspiró Martina. Era lo mismo de siempre. Una friqui incomprendida.

—Con el culo helado y un poco tocados por el viaje. — Dijo Hugo, entrando en la sala.

—Pues eso. Lo que yo he dicho.

—¿Qué ha pasado?

—Ya te lo contaré aunque, a este paso, lo mismo lo lees en alguna necrológica. — Dijo Hugo, que estaba sintiendo una paz que hacía varias horas que no sentía. La voz de su antigua operadora siempre causaba ese efecto tranquilizador.

—Alicia, soy Elena. Necesito que repases todos los expedientes que se encontraron en los laboratorios de O.N.O. Algo que pueda dar a entender que se estaban llevando a cabo nuevas investigaciones o que se preveía que lo harían, de alguna sustancia nueva,

más controvertida o que les dieran más beneficios.

No drogas, sino toxinas. Si es así, necesitamos un nombre. El investigador principal o…

—Me pongo con ello.

—Muchas gracias. Aquí no tenemos mucha cobertura.

—Veré lo que puedo hacer desde aquí. No os preocupéis. ¿Algo más?

—Este lugar está comprometido. Nos moveremos pronto, pero… creemos que esto es algo más de lo que parece. Hemos encontrado restos de una toxina y… la luna y la daga. — Un silencio de apenas un par de segundos se sintió eterno antes de la respuesta de Alicia.

—Confirmado entonces. Entendido. Por cierto, el NORAD se dio cuenta del desvío de vuestro transporte. Pastor ya está tratando de solucionarlo, pero tened en cuenta que cabe la posibilidad de que se notifique actividad inusual en la zona.

—Tomamos nota. — Apuntó Hugo.

—Te estoy enviando lo que tenemos, y una grabación que estaba activa, en bucle de emisión cuando activé la energía. Emitía en 457 Hz. — Informó Martina.

—Recibido. En la misma frecuencia que identifiqué en la grabación, eso es extraño. Los americanos usan frecuencias cifradas en todas sus comunicaciones. No dejan comunicados en abierto a no ser que quieran que toda la población lo reciba. De todas formas, lo estudiaré. ¿Algo más?

—Sí. Esto es mucho peor de lo que creíamos. Deséanos suerte.

—Y pídenos unas pizzas. Estamos muertos de hambre. — Dijo Rob desde la distancia

—Eso está hecho. ¿Bacon y piña?

—Como me conoces.

—Alicia ¿solucionaste tu intrusión? — Preguntó Valeria desde la distancia.

—Sí. Encontré un malware espía en mi sistema, pero no le di tiempo a recabar nada de información. Al destruir la conexión y el equipo tan rápido, no pudo hacer nada.

—Ten cuidado. Quien quiera que sea el que lo ha hecho, te encontró, y ha conseguido enviarnos aquí, donde en apenas un par de horas casi morimos…

—¿Qué dices? ¿Qué os ha pasado? ¿Estáis todos bien? Joder Hugo, que cojones ha pasado.

—Tranquila. He dicho que casi morimos. Las condiciones son demasiado extremas. Más de lo que habíamos previsto. Estamos demasiado lejos del pueblo y todavía no nos hemos cruzado con nadie. De todas formas...

—Quedan diez segundos de conexión. — Indicó Martina.

—… ten cuidado, tengo un presentimiento muy feo. Creo que llegar aquí no ha sido casualidad, y si es así, podemos estar en peligro… todos.

—Recibido, e igualmente, tened cuidado. Estamos en contacto.

No muráis ninguno. — Realmente se notaba preocupación en su voz.

O se estaba arrepintiendo de haber encontrado ese maldito vídeo en la web, o de que ese vídeo la encontrase a ella.

Ya dudaba. — Intentaré conseguiros una conexión continua. ¡Martina!

—Dime.

—¡Que la fuerza te acompañe! — No dio tiempo a que Martina, ahora con una sonrisa en la cara, le contestase.

Sus relojes marcaban las tres de la tarde y desde la parada en Groenlandia no habían probado bocado alguno.

—¿Tienes hambre? —Preguntó Hugo a Martina al escuchar sus tripas rugir, casi a la par que el viento en el exterior.

—Me muero por algo de comer. Un pastelito o unos ganchitos. Ahora mismo, hasta los sándwiches de la máquina del cuartel serían un manjar. —

—¡Me apunto! — Gritó Rob desde otra sala.

Valeria sonrió con ironía. —Que no sirva de precedente.

— Dejó unos planos que estudiaba sobre una mesa y sacó, de su mochila, unas barritas energéticas.

—Tomad. Pero si me quedo sin comida por vuestra culpa, os cocino a vosotros.

Avisados quedáis. — El humor de Valeria era algo escaso y muy sarcástico, pero necesario.

Si ella bromeaba, es que las cosas pintaban o muy bien, o extremadamente mal.

El grupo compartió un breve momento de alivio. Risas nerviosas tras una leve recuperación, contactar con el exterior y comer algo. Era la calma que precedía a la tormenta.

Hugo repasaba el material del que disponían, sobre todo del armamento. Intuía, sabía, que iba a haber problemas más tarde o más temprano. El costado le golpeó de nuevo, cediendo esta vez ligeramente al dolor. De pronto, y casi al tiempo, la energía de la estación se desvaneció.

El apagón fue total. Durante diez segundos, toda la estación quedó sumida nuevamente en la oscuridad más absoluta. El grito de Martina estalló en la sala. Trató de agarrar a alguien que se encontrase cerca de ella, pero no conseguía asirse a nadie.

Uno de los grandes terrores de Martina era la oscuridad.

Oscuridad total, tanto digital como analógica, tanto física como mental.

Una habitación solitaria, vacía, a oscuras, y mientras...

ella caía por un abismo infinito, sola y sin poder articular palabra.

Esa era su mayor pesadilla. El vacío total. La nada más absoluta.

Únicamente el zumbido del viento exterior irrumpía en esa nada absoluta.

Tras los paneles de aquel amalgama de contenedores que formaban el refugio, un golpe seco resonó e hizo vibrar las paredes, metálicas y heladas, del lugar.