Sin voz en la tormenta (Hostes 2) PRÓLOGO #2
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PRÓLOGO #2

— Metadatos EXIF… Creado por… “FyS_KS”, Propietario…

Nada. Cámara… Nada. Bueno, no eres tan tonto como creía.

Sigamos… fecha... ayer a las 23:41 horas.

Hijo de puta, lo emitiste en riguroso directo.

Suerte que ese tío cogió el enlace. Vamos a ver si tenemos suerte y…

bingo. Te tengo. Ubicación: 71º 18´ N, 156º 45´ O.

Se te van a quitar las ganas de volver a coger una cámara.

Nuevamente, reprodujo el vídeo, esta vez, sobre el archivo original, descargado en uno de sus discos duros protegidos de la red.

La escena era exactamente la misma, solo que esta vez, al visualizarlo más detenidamente y a pantalla gigante, la sensación de frio y tensión desbordaban la pantalla.

Se estaba reproduciendo en un monitor de cien pulgadas que tenía colgado sobre la pared, donde normalmente veía reposiciones de series de los noventa.

Escuchaba el audio a través de unos auriculares con cancelación de ruido de calidad profesional y no por los pequeños airpods por los que antes escuchaba el mix de Vivaldi, cuando percibió un sonido del que antes, sobrecogida por la premier de clip, apenas se percató.

Repitió los últimos seis segundos, trescientos sesenta fotogramas, hasta en cuatro ocasiones.

—¿Olas de mar? ¿Rompiendo? Y, ese sonido pulsante…

no es estática… parece un zumbido constante, como si algo estuviera moviéndose continuamente, parece el…

gemido de una máquina. — Se ajustó los auriculares.

Tomó otro de los teclados conectados a un segundo ordenador, y tras una sencilla y breve consulta en un software de análisis espectral para examinar las longitudes de las frecuencias de las ondas de la pista de audio, este arrojó un pico perfecto en 457 Hz.

—Probabilidades de coincidencias con ¿una boya marina?

¿Un faro? ...— En el buscador del mismo ordenador incluyó las coordenadas y buscó en las proximidades algún lugar que pudiera emitir ese tipo de onda.

—Kovac Bay, Alaska, Estados Unidos de América…

¿Te estás riendo de mí? — Susurró palideciendo, mientras el software marcaba los 457 Hz en rojo.

Esa frecuencia solo podía coincidir con un lugar, en esa zona, y con nada más a 500 kilómetros a la redonda. El faro abandonado de Point Barrow.

—¿Quién coño graba un “snuff” en un faro... en el culo del mundo? ¿Por qué allí?

Continuó y se fijó un poco más en pequeños detalles, como el modelo del termómetro o alguna marca en las paredes de la cabaña que pudiera individualizar la casa. Poco más se podía sacar sin un análisis más a fondo.

—No sé qué es aquello que hay grabado en la pared, parece un arco, una luna…

, no sé. — Hizo zoom de un fotograma, lo imprimió y lo dejo apartado para revisarlo más adelante.

Prosiguió hasta los últimos fotogramas. —El reloj es un Casio, G-Shock, con correa negra…

¿gris? ¿congelada? No lo sé, ya lo miraré después. Modelo…

Estaba tan concentrada en su análisis y en lo que estaba viendo, y la cancelación de ruido funcionaba tan bien, que no se dio cuenta de que los ventiladores de la computadora rugieron como un motor averiado durante un instante.

Las pantallas emitieron un parpadeo casi imperceptible.

La unidad demandaba más potencia y más refrigeración.

Alguna aplicación se acababa de activar y estaba requiriendo más energía de lo normal.

Alguien más estaba supervisando aquel sistema.

El vídeo se detuvo, el procesador se bloqueó y fue en ese preciso instante, cuando se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. La estaban hackeando. A ella.

Levantándose de su silla, arrancó los cables de conexión a internet y los de corriente del ordenador, cuyos ventiladores giraban, ahora, a máxima potencia.

Extrajo el disco duro que contenía el sistema operativo que estaba utilizando, de la unidad de almacenamiento de discos y lo introdujo en el microondas que tenía en el extremo más alejado de la habitación y donde, habitualmente, únicamente metía su taza de café.

Lo activó y comenzó a soltar una cantidad ingente de chispas y pequeñas explosiones, contenidas en aquel pequeño electrodoméstico, consiguiendo destruir e inutilizar por completo la unidad.

Los circuitos, bobinas, placas, chips y procesadores que contenía quedaron totalmente inservibles.

No podía dar crédito a lo que acababa de ocurrir, y, sobre todo, a lo que creía que había visto en la pantalla un segundo antes de tener esa reacción.

Tras unos instantes de recuperación, pues el corazón se le aceleró vertiginosamente por la sensación de estar siendo monitoreada, se giró nuevamente hacia su escritorio.

El vídeo permanecía detenido en la pantalla principal, la barra de duración del archivo marcaba que el video tenía una duración de cuarenta y ocho segundos.

Un segundo más del emitido en el foro. En la pantalla de cien pulgadas, la imagen final, un último fotograma.

Un fondo negro contrastado con letras blancas en el que Artemisa pudo leer.

«¿Quieres saber cómo termina esta noche polar, ST-3?»

***

“2 de diciembre. 12:40 PM (GMT+1) Base de la unidad de investigación HOSTES, Salamanca, España.”

Hugo sostenía fuertemente el teléfono. En la pantalla de llamada, la “X” que ocultaba el nombre real de su interlocutora al mundo, pero que él conocía perfectamente. Aquella conversación no era la que esperaba tener después de tanto tiempo.

—¿Es oficial? — La voz de Hugo era áspera.

—De momento no.

—Kisimi Ittuq… El TTX es el néctar de los dioses antes del juicio final.

Te adormece dulcemente, lentamente, y sin darte cuenta te juzga y te arrebata la vida antes de que sientas que tu destino está en el Kalosi.

— La reproducción sonó clara. La palabra “TTX” resonó como un disparo en la línea.

¿No podía ser? A pesar de los contratiempos, Alicia, alias Artemisa, había conseguido extraer el audio que ahora se escuchaba amplificado, totalmente filtrado, nitido y limpio de sonido residual.

—Hugo. La última vez que oí hablar de esa sustancia fue…

—Ya lo sé.

—No puede ser que… ¿Siguen activos?

Con una falsa seguridad, el ST-1 de la unidad especial de delitos, HOSTES, dijo, —No. — Sin embargo, no pudo pasar por alto el escalofrío que sacudió su cuerpo, mientras su mirada se perdía en la pared vacía de su despacho.