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«El llamado "caso Salinas" se incluye en este temario no por su notoriedad mediática —que la tuvo, amplificada por el pódcast Sin testigos y su posterior adaptación— sino por su valor clínico excepcional, que reside en una paradoja: se trata, probablemente, de la confesión más coherente y a la vez más sospechosa documentada en la jurisprudencia reciente.
»El sujeto, psicólogo de formación, confesó la autoría de nueve homicidios a lo largo de diecisiete años.
Su confesión es impecable: ordenada, detallada, libre de contradicciones.
Y, sin embargo, varios indicios materiales —en particular, las quemaduras en ambas manos, incompatibles con el perfil del incendiario que pretende destruir pruebas— apuntan a una realidad distinta.
El informe de la instructora del caso consigna estas reservas con notable honestidad profesional, reservas que el propio condenado se negó a esgrimir en su defensa.
»El caso se propone al alumnado como ejercicio sobre los límites de la confesión como prueba.
Cuestiones para el debate: ¿Puede una confesión voluntaria, coherente y conveniente para el sistema encubrir una verdad opuesta?
¿Qué función psicológica puede cumplir la autoinculpación para un sujeto con una historia de trauma infantil severo?
¿En qué medida el aparato judicial, los medios y la opinión pública prefieren —cito la expresión empleada por la propia instructora en una entrevista posterior— "no remover"?
»Se recomienda, como lectura complementaria, el único ensayo publicado por el propio condenado años antes de los hechos, Pequeñas crueldades: estructura del control en la infancia temprana, cuya tesis central —que el daño se hereda y se transmite a través de gestos cotidianos, y que el verdugo suele haber sido, antes, una víctima— adquiere, a la luz del caso de su autor, una densidad difícil de exagerar.
Nota del profesorado: ningún ejercicio de este temario debe perder de vista que detrás de cada "caso de estudio" hubo personas reales, muertes reales y un dolor que ninguna nota a pie de página alcanza a contener. »