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«Os debo una confesión, oyentes, y la temporada no estaría completa sin ella.
En el episodio uno os dije que no os enamorarais de la primera teoría.
Os pedí paciencia, os prometí que la verdad sería la tercera y que llegaría tarde y dolería.
Bien. Ha llegado. Y duele de una manera que no esperaba: duele porque no estoy segura de poder contárosla entera.
»Os he contado un caso con un culpable claro.
Un hombre confesó, un tribunal lo condenó, una mujer murió en un incendio que él provocó.
Es una historia redonda. Se vende sola. Vosotros la habéis escuchado, la habéis comentado, la habéis convertido en tendencia.
Y yo me he callado, episodio tras episodio, una pregunta que me quema más que el fuego de aquel cuarto piso: ¿y si el monstruo de esta historia no fuera el que confesó?
»No os voy a dar pruebas. No las voy a dar nunca.
Hice una promesa, y hay promesas que pesan más que una exclusiva.
Solo os voy a dejar una imagen, la misma con la que empecé la temporada, para que la guardéis y, alguna noche, la giréis como se gira un cuadro para ver qué hay escrito por detrás.
Un niño descalzo en un jardín, mirando arder su casa, sin temblar.
Os dije que mirarais a ese niño. Os pido ahora que miréis lo que el niño no podía ver: quién, a su espalda, sostenía la cámara.
Quién encuadró la foto. Quién decidió, aquella noche y todas las siguientes, qué entraba en el plano y qué se quedaba fuera, cruzando un campo, hacia una acequia, con un pájaro entre las manos .
»Soy Nora Vidal. Esto ha sido Sin Testigos.
Y, por primera vez en mi carrera, cierro un caso sabiendo que la verdad existe, que la tengo guardada, y que voy a dejar que duerma.
Que descansen los que descansan. Algunos se lo han ganado de la manera más extraña: pagando por lo que no hicieron, para no tener que contar lo que hizo quien quisieron. »