Sin Salida (DC Jake Tanner 16) Capítulo 50
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Capítulo 50

L ucy se quedó petrificada. Habían pasado veinte minutos desde la última vez que James había hablado, y sus últimas palabras la habían dejado helada.

Iba a matarla y, si ella no actuaba rápido, las vidas de todos los que iban a bordo de esos trenes también correrían peligro.

Tenía que actuar deprisa, pero no podía.

El miedo la mantenía aferrada a la silla.

Los planes para el fin de semana le vinieron a la cabeza.

Recordó que iba a pasar el fin de semana con su sobrina, Kate.

Que su hermana y su cuñado se marchaban unos días fuera para celebrar su aniversario y necesitaban a alguien que cuidara de la niña de once años.

Pensó que no podría ver la sonrisa en el rostro de Kate cuando la cogiera en brazos y la estrechara contra sí.

Lucy adoraba a su sobrina. Siempre pasaban tiempo juntas cuando Lucy tenía días libres en el trabajo.

Iban al parque, de compras, o se sentaban frente al televisor a atiborrarse de aperitivos y galletas.

Kate era como una hermana pequeña para ella, y le hizo darse cuenta de que quería tener hijos, pero su reloj biológico estaba en marcha.

Estaba en la treintena y ¿qué podía presentar como logro?

Desde luego, tenía el grado en Derecho y trabajaba en un bufete de primera línea.

Pero no era lo que quería. No era la carrera en la policía que tanto había anhelado durante años.

¿Y qué había de su vida sentimental? Eso también había sido una oportunidad perdida.

Había habido alguien, pero de eso hacía ya unos años y no había tenido ni una sola cita desde entonces.

Solo podía usar el exceso de trabajo como excusa hasta cierto punto.

Su ex-prometido le había hecho mucho daño.

Había perdido la confianza en sí misma y, durante los tres meses posteriores a la ruptura, nadie sabía si estaba viva o colgada del riel de la ducha.

Pero de eso hacía ya mucho tiempo. Era hora de cambiar de actitud y hacer algo al respecto.

¿Tan difícil era encontrar a alguien? No quedaban hombres decentes, le habían dicho continuamente.

Jake parecía un caballero, pero estaba casado.

Tyler, en cambio, parecía tan caballeroso como Jake.

Y también era guapo. Sí, Tyler. En cuanto terminara el día de hoy, aceptaría su invitación a tomar una copa.

El sonido de James dando una palmada la devolvió al piso. No se había dado cuenta, pero en el tiempo que había pasado pensando, se había soltado las manos.

—Lucy —dijo James—, he terminado. ¿Quieres leerlo?

Lucy lo miró, desconcertada. Pero entonces recordó: él había estado escribiendo un manifiesto y quería que ella lo leyera. ¿Qué pasaría si aceptaba? La mataría en cuanto terminara. ¿Y si decía que no? El resultado sería el mismo .

Mejor prolongar lo inevitable.

—Sí, por favor. —Le costó pronunciar las palabras. Se le hizo un nudo en la garganta y las lágrimas asomaron a sus ojos.

Sonriendo, James hizo girar la silla para que quedara frente al monitor del ordenador. Lucy maldijo para sus adentros; sus manos ya no estaban ocultas a la vista. Ahora le resultaría imposible intentar alcanzar el teléfono porque, sin duda, él la vería.

Mordiéndose el labio inferior y esperando que en cualquier momento Jake echara la puerta abajo y disparara a James, Lucy leyó el documento de Word en la pantalla.

ATENCIÓN: ESTE ES UN LLAMAMIENTO A LAS ARMAS EN NOMbrE DE ADIL HAKIM

En el día de hoy, 1 de Agosto de 2017, el mundo entero se dará cuenta de que la amenaza del terrorismo está siempre presente en nuestra sociedad. La amenaza puede adoptar muchas formas y puede estar camuflada justo ante nuestras propias narices.

Durante años, gobiernos y diplomáticos han intentado derrotar al terror con terror, y a la violencia con violencia. Pero no funciona. Solo alimenta el deseo de venganza arraigado en la malevolencia.

La raíz del terrorismo es el narcisismo.

Los medios de comunicación generalistas nos han manipulado para que nos resintamos unos con otros.

¿Dónde está nuestra compasión por el prójimo?

A todos se nos ha dado una vida en esta tierra y debemos tratarnos con respeto.

Nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a otro.

Nadie tiene derecho a someter a una persona «inferior» al ridículo y a la injusticia. ¿Y si las tornas cambiaran?

De eso han tratado las demostraciones de hoy.

No han sido diseñadas para incitar a la violencia, sino para incitar a una insurrección.

Los asesinatos despiadados de seres humanos eran necesarios para asegurar que el gobierno y nuestros semejantes se den cuenta de lo que está en juego.

La amenaza del terror ya no está solo en el extranjero.

Está aquí, en el Reino Unido, acechando tras las cortinas cerradas, trabajando por una sociedad más justa y equitativa.

Los que han nacido y se han criado aquí, los que han pagado impuestos durante toda su vida adulta.

Han sufrido durante demasiado tiempo. Antes de arreglar los problemas de otros países, querido gobierno, ¿por qué no os empeñáis en resolver los que ocurren dentro de vuestras propias fronteras?

Las actitudes hacia el terrorismo, y nuestra aceptación y aprecio mutuo, deben cambiar para mejor.

Es hora de realizar ese cambio. No seguiremos sentados de brazos cruzados permitiendo que la pobreza asole las calles de nuestro país. Estamos aquí, y nos vais a escuchar. Si no, nos aseguraremos de que lo hagáis.

Si estás leyendo esto, levántate. No importa el color de tu piel, tu clase social, la ropa que lleves puesta; has nacido dentro de estas estructuras.

Nada os diferencia a unos de otros. Nada os hace más dignos de éxito.

Nada. Es hora de que todos aceptemos nuestras diferencias y errores y reparemos el daño causado.

Lucy se detuvo ahí. No pudo seguir más. Las palabras de la página la horrorizaron, y miró la pantalla con incredulidad. Pero una cosa se le quedó grabada en la mente. Adil Hakim. Ese era su nombre.

James le dio la vuelta a la silla.

—Es hermoso, ¿verdad? —Lucy no respondió.

Tanteó el teléfono y lo desbloqueó, con la mirada perdida.

—Me imaginaba que reaccionarías así. Supongo que ya no importa.

James se dio la vuelta, caminó hacia un tocadiscos, colocó la aguja sobre una pista y se dirigió a la cocina. La música clásica inundó el piso.

Era ahora o nunca.

Lucy liberó sus manos de un tirón, buscó el nombre de Tyler en la agenda y pulsó llamar.

Ocultó las manos a su espalda mientras James regresaba.

En la mano sostenía una pistola. Era como la que había visto utilizar a Jake.

Pero una pistola era una pistola, y sabía que solo haría falta un disparo para matarla.

James se detuvo frente a ella, quitó el seguro y apuntó a la cabeza de Lucy.

—¡Por favor, Adil! Por favor, no hagas esto. Hablemos.