Sin Salida (DC Jake Tanner 16) Capítulo 51
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Capítulo 51

—¿ Q ué hacemos ahora? —preguntó Tyler mientras Jake y él doblaban la esquina de una cafetería, ocultándose de la vista de County Hall Flats.

Las calles estaban concurridas. Se acercaba el final de la jornada laboral, la hora punta era inminente y una gran cantidad de turistas seguía abarrotando las aceras.

—No lo sé. —Jake lanzaba miradas intermitentes a los coches y ciclistas que pasaban por delante de ellos.

Se tocó el bolsillo del pecho.— Tenemos que evaluar la situación.

No hay tiempo para esperar a que una unidad de intervención armada registre la propiedad.

Solo estamos nosotros. Y no nos queda mucho tiempo.

¿Has visto si llevaba algún arma? ¿Algo que pueda usar para herir a Lucy o a nosotros?

—No, creo que no. Pero no me parece que debamos descartarlo. Un tipo así tendrá protección. Es lo bastante listo como para haberlo planeado.

Jake hizo una pausa para pensar. El teléfono de Tyler sonó. Lo sacó del bolsillo, miró la pantalla y se la enseñó a Jake.

El nombre de Jake aparecía en la pantalla de bloqueo como identificador de llamada. Lo que significaba que el teléfono de Jake estaba intentando llamar al de Tyler. Lucy intentaba ponerse en contacto con ellos.

Sigue viva.

—Gracias a Dios —dijo Jake en voz alta—. ¡Responde!

Tyler desbloqueó el teléfono y puso el manos libres, sosteniéndolo cerca de los oídos de ambos para que los dos pudieran oír por igual.

Silencio absoluto al principio. Salvo por unos ruidos amortiguados. Alguien hablaba de fondo. Música clásica sonaba a lo lejos.

—¡Lo que estás haciendo está mal! —gritó Lucy a través del teléfono—. Por favor, Adil, no lo hagas. Esto no es parte de tu plan. No les diré nada, lo juro.

—Mi hermano y yo nunca hablamos de que tú entraras en la ecuación. Los planes cambian.

¿Adil? Hermano. ¿Adil Hakim? ¿Era este un tercer hermano, o el mismo que había muerto en el incendio de la Torre?

Jake sintió que le invadía una oleada de alivio.

Había tenido razón sobre el parentesco de los dos terroristas.

Y ahora que tenía un nombre por el que guiarse, Jake iba a disfrutar haciendo esto aún más personal de lo que ya era.

Jake y Tyler escucharon. Unos pasos resonaron sobre el parqué y luego se produjo un cambio en la música.

La puta Cabalgata de las valquirias.

—Me encanta esta pieza. Siempre me relaja —dijo Adil Hakim—. Gracias por tu cooperación hoy, Lucy, has estado excelente.

—Te encontrarán, lo sabes, y entonces no tendrás dónde esconderte —gritó Lucy.

—Nadie me ha encontrado en años. Nadie sabe siquiera que existo. No van a empezar ahora.

—¿Ah, sí? ¿Y qué pasará si pido ayuda a gritos? —Lucy emitió un alarido agudísimo que retumbó por el altavoz.

Ambos se miraron. Jake tenía que tomar una decisión: cuánto tiempo dejar pasar antes de subir y enfrentarse cara a cara con Adil Hakim, el hombre que le había hecho pasar un calvario durante todo el día.

Jake dejó de respirar. Oyó el sonido inconfundible del percutor de una pistola amartillándose. Lucy soltó un ligero gemido y empezó a suplicar por su vida.

—Mierda. Vamos.

Tyler y Jake entraron corriendo en el edificio.

Tyler mantenía el teléfono en las manos mientras subían los escalones de dos en dos.

Años de entrenamiento y experiencia les habían enseñado a ambos que, en situaciones de emergencia, usar el ascensor era siempre el último recurso.

Las escaleras eran mucho más seguras y ofrecían mayores posibilidades de éxito.

Mientras subían a toda prisa, el corazón de Jake latía con fuerza y su adrenalina llegó al máximo.

La sangre de su cuerpo alimentaba la certeza que tenía en la cabeza de que acabaría con todo aquello allí mismo. Ahora.

Pero aún necesitaba respuestas. Muchas.

Jake y Tyler llegaron al último piso. Abrieron la puerta de la escalera y avanzaron con cautela por la moqueta verde oscuro que recorría el largo del pasillo.

Tyler terminó la llamada con Lucy cuando se acercaron al cartel de la pared que indicaba que el apartamento 605 estaba a su derecha.

Ambos hombres se aproximaron con sigilo al piso de Adil Hakim.

A esas alturas, los gritos habían cesado, pero la sed de venganza de Jake no mostraba signos de remitir.

El pasillo estaba sumido en un silencio ensordecedor.

Jake se detuvo frente al apartamento 605, conteniendo la respiración y agachándose.

Confiando en su instinto, Jake se deslizó por el suelo hacia el lado opuesto de la puerta.

Tyler se quedó en el lado más próximo. Tyler abrió la boca para hablar, pero Jake lo silenció rápidamente poniéndose el dedo sobre los labios.

Pasaron unos instantes de ansiedad. El sonido de unos pasos se acercó a ellos, se hizo más fuerte y luego se detuvo.

Al ruido le siguió un ligero golpe en la puerta desde el otro lado.

Jake levantó la vista y vio la diminuta mirilla.

Rezó para que ambos estuvieran fuera de la vista.

Jake contuvo el aliento mientras esperaba. Podía sentir el pulso moviendo la fina piel de su sien con cada latido. Tum, tum. Tum, tum. Tum, tum.

Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, el ruido de los pasos se alejó hacia el interior de la habitación, al otro lado. Jake exhaló. Su cuerpo liberó toda la tensión de sus hombros. Cerró los ojos, controló su respiración una vez más y apretó con más fuerza el arma.

Entonces, justo cuando Jake estaba a punto de levantarse, el teléfono de Tyler sonó. Seguía con el volumen alto y el tono de llamada resonó en los estrechos confines del pasillo.

—¿Qué coño es eso? —gritó Adil Hakim desde detrás de la puerta.

Tyler intentó apagarlo frenéticamente. Pero tardó demasiado.

Jake se estiró a lo ancho de la puerta y le arrebató el teléfono de las manos a Tyler.

Forcejearon por él un segundo antes de que el ruido de los pasos pesados se detuviera.

Adil estaba de nuevo detrás de la puerta. Haciendo qué, Jake no lo sabía.

Desde una posición semiagachada, Jake se puso frente a la puerta, se levantó y le propinó una patada. Se abrió con tanta fuerza que derribó a Adil al suelo.

Jake irrumpió en el interior con la pistola por delante y gritó:

—¡Policía, no se mueva!

Lo primero que Jake notó de la habitación fue lo oscura que estaba.

Había visto celdas de prisiones más luminosas.

Pero Jake estaba demasiado exaltado para que le importara.

Sus ojos se fijaron en Adil. Jake apartó de una patada la pistola de Adil y escuchó cómo se deslizaba hasta una cajonera cercana, en el lado derecho de la habitación.

Allí estaba él: Adil Hakim, el hombre que había sido el titiritero de toda esta operación. Durante todo el día Jake había sido hostigado, teniendo solo el sonido de la voz de aquel hombre como referencia. Ahora estaban cara a cara. Y no tenía adónde ir.

—Vaya, vaya, detective Tanner. Por fin nos conocemos.

Jake luchó contra cada pizca de ira y deseo en su cuerpo que le pedía apretar el gatillo.