Chapter 17 #2
Vamos dirección a la discoteca con los brazos entrelazados y riéndonos por cualquier tontería.
Tengo que admitir que nos hemos bebido varias copas de vino y eso nos hace estar más sueltas, más divertidas y menos pendientes de todo.
Cuando llegamos al punto de encuentro con los chicos, Sof me presenta a Marcos y David, a quienes conozco de vista, pero con los que apenas he hablado.
Con Luca sí he coincidido alguna vez, y no puedo evitar fijarme en cómo no aparta la vista de Sof ni un segundo y cómo la rodea por la cintura para darle un beso lleno de complicidad.
Se nota que están bien, y eso me arranca una pequeña sonrisa.
Mateo me saluda con un leve movimiento de cabeza y una sonrisita ladeada que hace que aparezca el hoyuelo en su mejilla.
Lleva un polo azul que combina a la perfección con sus ojos y un pantalón largo de color blanco que contrasta con su piel morena.
Está guapísimo, y me sorprendo a mí misma pensándolo sin ningún tipo de filtro.
Tras la ronda de saludos, nos colocamos en la cola a esperar para entrar. Mateo se sitúa justo detrás de mí y se acerca lo suficiente como para susurrarme al oído:
—Tengo que reconocer que me sorprende verte tan arreglada. Pero, sobre todo, que hayas llegado puntual —bromea.
—Oh, gracias —le respondo irónicamente mientras me giro hacia él, quedándonos cara a cara—. Soy consciente de que en el día a día voy hecha un desastre.
Últimamente somos capaces de sostenernos la mirada sin ponernos nerviosos, o al menos sin huir a la primera.
Se ha convertido en una especie de duelo silencioso por ver quién la aparta antes.
Esta vez, gano yo cuando sus pupilas se deslizan por mi cuerpo sin disimulo, lo que hace que me tense sin querer; me pone nerviosa cuando me mira así.
—Creo que me quedo con la Alejandra de las ocho de la mañana, sin maquillar y despeinada —rebate, guiñándome un ojo—. Aunque estás guapa de todas las maneras.
—Vaya, vaya... Si sabes hacer cumplidos —le pincho—. Qué sorpresa más agradable.
Pone los ojos en blanco y se ríe, y justo entonces Luca avisa de que ya podemos entrar.
En cuanto cruzamos la puerta, el calor del interior nos golpea de lleno.
La música está alta, la gente baila, ríe y bebe sin parar.
Vamos directos a la barra y, con las copas en la mano, nos dirigimos a la pista, justo al lado de una mesa alta.
Sof y yo bailamos; los chicos lo intentan, pero tampoco se les puede pedir mucho.
Nos pasamos gran parte de la noche riéndonos de ellos sin ningún tipo de remordimiento.
No recuerdo la última vez que me lo pasé tan bien en una fiesta. Me siento libre, ligera, sin miedo a que me miren o a lo que puedan pensar, y sé que gran parte de esa valentía improvisada se la debo al alcohol que corre por mis venas.
En un momento de la noche, suena una canción más suave que creo que es Coldplay. Observo a mi alrededor e intuyo que Marcos y David han salido fuera a fumar; Luca baila pegado a Sof, y yo me quedo quieta unos segundos al darme cuenta de que Mateo está acercándose a mí.
—¿Te apetece bailar? —propone, entornando los párpados—. O al menos, intentarlo.
Alzo una ceja de forma instintiva y él suelta una carcajada suave. Su risa me provoca una calidez en el pecho que empiezo a asociar directamente con su presencia, algo que no termino de entender.
—Venga, vale —acepto sin pensarlo más, dando un paso en su dirección .
Paso los brazos alrededor de su cuello y él me agarra de la cintura; estamos tan cerca que nuestras respiraciones se mezclan, y eso me pone nerviosa.
Nos movemos fatal, y entre eso y el alcohol, me entra la risa sin poder evitarlo.
Mateo me mira divertido mientras intentamos seguir el ritmo de la música sin mucho éxito.
Cuando la canción termina y nos separamos, Sof me coge de la muñeca para arrastrarme hasta la barra y pedir otra copa.
Estoy bastante segura de que, para mí, va a ser la última.
—Oye, qué bien te llevas ya con Mat —me dice, lanzándome una miradita cómplice.
—No pienses cosas que no son —advierto, alzando las cejas a modo de advertencia—. Hemos llegado a una especie de tregua.
Se ríe y le pide las bebidas al chico de la barra; cuando nos las da y pagamos, volvemos a la pista.
Luca y Mateo están apoyados en la mesa, hablando entre risas, ajenos al resto del mundo.
Me uno a Sof para bailar y me dejo llevar un rato por la música, el ambiente y el alcohol, hasta que noto que necesito parar un segundo y tomar aire.
Me acerco a la mesa alta donde he dejado la copa, apoyando la mano en ella para mantener el equilibrio. El ruido parece amortiguarse de repente y, por un instante, todo me da una pequeña vuelta; el mareo llega suave, pero es suficiente como para hacerme cerrar los ojos y respirar hondo.
—Creo que no deberías beber más, rubita —me dice Mateo mientras posa la mano en mi cintura para evitar que me tambalee.
—¿Me acabas de llamar como Flynn a Rapunzel ? —inquiero, divertida.
Él enarca una ceja sin dejar de mirarme, y no sé en qué momento hemos pasado a estar tan cerca. Siento cómo su respiración se altera al mismo ritmo que la mía, lenta y cargada.
—No me puedo creer que hayas hecho una referencia a Disney ahora mismo —murmura, y sé que está sonriendo por dentro, ya que el brillo de sus ojos lo delata.
—Es que es mi película favorita —aclaro, encogiéndome de hombros.
—Entonces... ¿Te gusta que te llame así? —pregunta en voz baja.
—Podría ser peor viniendo de ti, así que sí, me gusta —respondo con mi mejor sonrisa.
Suelta una carcajada y niega suavemente con la cabeza, como si no supiera muy bien qué hacer conmigo.
—Pues te decepcionará saber que no la he visto nunca —admite, y aprieta los labios mientras niega con la cabeza.
Abro los ojos como platos, incapaz de creer lo que acaba de decir.
—No te creo —digo, sorprendida—. ¡Tenemos que verla!
—¿Tenemos? —inquiere, regalándome una sonrisa ladeada—. ¿Tú y yo?
—Sí, claro. Ahora que nos llevamos bien, podemos hacer planes como los amigos normales —le explico, gesticulando más de la cuenta.
Noto cómo aprieta un poco más mi cintura y un cosquilleo me recorre el cuerpo de arriba abajo, dejándome sin palabras durante un segundo. Nos sostenemos la mirada hasta que finalmente responde:
—Me parece bien, siempre y cuando te acuerdes de esta conversación mañana.
Me guiña un ojo, me suelta despacio y se gira para decirle algo a Luca en voz baja. Yo permanezco en el mismo sitio, intentando recomponerme mientras la sensación de su mano aún permanece en mi piel.